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Etiquetas:   Perspectiva de Levante   -   Sección:   Opinión

El silencio de los corderos

Domingo Delgado
Domingo Delgado
martes, 20 de mayo de 2008, 03:52 h (CET)
Las detenciones del jefe de la policía local de Coslada y un grupo de agentes de la misma, por presunta corrupción, con las connotaciones que dicha noticia ha reflejado, de perdurabilidad en el tiempo, de concurrencia de concejales y alcaldes de diverso color político, en las irregulares actuaciones de parte del cuerpo de seguridad local, no deja de producir gran perplejidad.

“Los garbanzos negros” existen y se dan en todas las profesiones y localizaciones, porque forma parte de la condición humana, proclive a la corrupción, por una búsqueda desmesurada e injusta del interés propio en perjuicio del interés ajeno, e incluso común. Siendo especialmente reprobable en aquellas personas que ostentan un grado de autoridad pública, y que están precisamente para velar por la seguridad de la comunidad a su cargo. Por eso lo que ha de hacerse es apartarlos de esas responsabilidades públicas, y someterlos a un enjuiciamiento justo a la par que ejemplar.

Pero el problema aumenta de grado cuando los resortes de control del servidor público fallan, se relajan o incluso pueden entrar en una tolerancia pasiva, para evitar problemas. Ya que cuando esto pasa, ocurre que la ciudadanía queda indefensa, porque se pone al “lobo al cuidado de los corderos”, y de ahí a la trama, a la instalación de la corrupción de forma generalizada es un paso, porque se impone la extorsión sistemática, el abuso de poder, y demás consecuencias del ejercicio ilegal de la autoridad pública, que deviene en tiránico. De manera que en esa instalación de un sistema corrupto, puede que haya un responsable inmediato, directo, y unos colaboradores o cómplices del mismo que entran en la rueda que impone el cacique, pero también hay víctimas que se dan no sólo entre la ciudadanía sino entre aquellos otros agentes honrados que se niegan a entrar en la trama, y que son apartados de cualquier tipo de mejora o promoción, siendo relegados al ostracismo. Que es lo que parece que se ha dado en el caso de referencia, que con mucho ha saltado a la luz pública por su estridencia y particular desbordamiento en cantidad y tiempo. Aunque hechos como esos podrían repetirse en cualquier otro lugar, donde los resortes de la legalidad, el ejercicio de la autoridad superior, los mecanismos de control no se ejerzan.

En un Estado de Derecho, como el nuestro, se deben exigir además de las responsabilidades penales, que dictamine la Administración de Justicia, aquellas responsabilidades políticas propias del sistema democrático. Estas últimas consideramos que alcanzan a los regidores del municipio que han convivido con el problema, haciendo oídos sordos a las quejas de la ciudadanía, aunque ahora se justifican diciendo que no sabían nada, que la gente no ha denunciado nada, lo cual no parece ser del todo cierto, ya que algún grupo político manifestó públicamente que habían denunciado algunos hechos irregulares al Ayuntamiento. Ya que no es creíble que todo un pueblo de más de 80.000 habitantes haya estado tragando callado con el tipo de irregularidades que ahora se cuentan, no parece que el miedo conlleve tanto silencio en una democracia. Lo que da también un valor añadido de asombro a la cuestión.

Pero en todo caso, en una cuestión tan escandalosa como la que comentamos, con el jefe de la policía local detenido junto a unos veinte miembros de esta, sin que los respectivos alcaldes hayan hecho nada más que un tímido expediente disciplinario, por parte del más atrevido, debe de conllevarles responsabilidades políticas, y estas traducirse en un cese de sus respectivos cargos y un alejamiento de la vida pública, ya que si tuvieron conocimiento de algo y no lo investigaron bien, fueron negligentes en su responsabilidad, y si no se enteraron de nada, mayormente precisamente por ello, puesto que su responsabilidad se basa en una “culpa in vigilando”, ya que si hubieran intervenido y cortado de raíz cualquier irregularidad grave en funcionarios a su cargo, el problema se hubiera atajado, no se habría extendido, y los ciudadanos no hubieran padecido tal estado de indefensión como el denunciado.

La actitud tanto del alcalde actual, como del líder de la oposición municipal nos parece bastante inconsecuente, al aparecer como sorprendidos por el problema, y tratar de ponerse al frente de una Comisión de Investigación. ¡A buenas horas...! ¡Que dejen a la justicia actuar, y cedan su puesto a otros ciudadanos que merezcan mayor confianza pública!

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