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El último que apague la luz
Rafa Esteve-Casanova
No hay día en el que alguno de los figurones de las altas instancias del Partido Popular no diga la suya haciendo caso omiso de la orden de silencio que emitió Mariano Rajoy hace unos días. El gallego ordenó cautela, recogimiento y silencio a sus huestes pero pocos le hicieron caso y siguieron “largando” en su contra, no se fían para nada de él y de sus proyectos políticos y cada día cuestionan su papel como líder de unas metafóricas gaviotas que últimamente andan desorientadas y sin rumbo. El principal sillón de los despachos de la calle Génova está en almoneda y son varios los aspirantes a asentar sus posaderas en tan noble receptáculo.
Esta vez el Partido Popular se volvió a quedar con las mieles del triunfo en la boca pero sin llegar a catarlas, Mariano Rajoy volvió a perder las elecciones, esta vez sin excusas que llevarse a la boca ni terroristas ferroviarios y pese a contar con la ayuda “divina” de los monseñores y su emisora radiofónica, y comenzó de inmediato el abandono de una nave que en estos momentos parece andar a la deriva con la tripulación amotinada y sin un capitán que sea capaz de poner orden y conducirla a buen puerto. Algunos fueron conscientes que los cuatro años de travesía del desierto que les esperan volviendo a calentar los escaños de la oposición debían hacerse con otras premisas que las utilizadas durante la última legislatura. Para salir del pozo en el que está hundido en estos momentos Mariano Rajoy necesita en los cuatros años venideros hacer otra clase de oposición, ha quedado demostrado que ya no le valen la agitación y propaganda de culpar a José Luís Rodriguez Zapatero de vender a España, de pactar con los terroristas y hasta de haber afilado las astas del burel que mató a Manolote. Nueva oposición y nuevas caras debió pensar el Registrador de la Propiedad con plaza en Santa Pola y comenzó a desalojar lastre mandando a Zaplana al exilio dorado de la Telefónica y haciendo que Acebes pidiera el finiquito antes de que le dieran una patada en el culo.
Pero el gallinero “popular” anda revuelto y ante la posibilidad de coger “cacho”, es decir tocar poder, han aparecido más gallos de los que se esperaba. Unos dando la batalla abiertamente como Esperanza Aguirre, otros como Gallardón acercándose al actual y nominal líder de la oposición y otros, como Francisco Camps, colocando a sus peones en posición de hacer un jaque mate definitivo a Rajoy para abatirlo con “fuego amigo”. Pero por el norte también cuecen habas y cómo el Parlamento Europeo es un destino cómodo, dorado y con mucho tiempo libre desde allí Mayor Oreja ha lanzado a María San Gil a la palestra enfrentándola a Mariano Rajoy. “Creo que estás cambiando los principios del partido. Y creo que te falta liderazgo” han sido las duras palabras de una San Gil que estima que Mariano Rajoy es demasiado blando con el nacionalismo democrático. Otra que cree que la bronca y el enfrentamiento continuo son la mejor manera de hacer oposición.
Durante largos años, desde la conversión de Alianza Popular en Partido Popular, la derecha, desde la más liberal a la más extrema, han vivido una eterna luna de miel en el nido de la gaviota pero hoy pintan bastos y mientras unos se dedican a abuchear a Gallardon, por cierto defendido por Fraga, otros vitorean a Esperanza Aguirre, a quien el antiguo ministro franquista trata de problemática, y la revuelta en las distintas agrupaciones se va extendiendo como una mancha de aceite hasta llegar al Sur donde la ex suegra de Álvarez Cascos y la hermana de Ana Botella también van moviendo ficha y no precisamente a favor de Mariano Rajoy.
Tal vez este gallego, fumador de puros y fiel lector diario del deportivo Marca, llegue, vea y venza en el congreso del próximo mes en Valencia, que ha pasado de tener fama de republicana y roja a feudo popular en un abrir y cerrar de ojos, pero es seguro que de aquí a tres años en el otro preceptivo congreso alguien le habrá movido la silla de aspirante a la presidencia del Gobierno. A no ser que antes se produzca una fracción en el Partido Popular y algunos de sus miembros pasen a militar en las filas del partido de Rosa Diez quien, seguro, les acogerá con los brazos abiertos. Y ya saben lo que se suele decir en estos casos: el último que apague la luz.
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