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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Violencia inconsistente

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 19 de mayo de 2008, 04:41 h (CET)
Aunque el garrotazo directo, o los disparos a quemarropa, constituyan la violencia más llamativa; podemos fijarnos en que su contundencia no es la actitud más perversa. A diario desarrollamos una serie de acciones, enrevesadas y sibilinas, alejadas de los mínimos exigibles a cualquier persona. Esa dejadez favorece las agresiones directas posteriores y nos convierten en cómplices. Las apariencias encubren esas colaboraciones nefastas. Su perversidad irá en relación directa a su ocultación detrás de las actitudes más HIPÓCRITAS. No bastará con negarlas, aunque lo hiciéramos, la realidad de esas perversiones nos caerá encima, como un bumerán activado con demasiada energía.

Los comienzos de lo violento llevarán aparejadas numerosas facetas, cada circunstancia ofrece factores distintivos; no hay violencias absolutamente idénticas. Sin embargo, miramos en demasía a las causas externas. A pesar de que no nos guste admitirlo, el núcleo personal e íntimo, constituye uno de los generadores de violencia más activo. No es raro que vayamos repitiendo las ideas o doctrinas venidas desde fuera y con poco fundamento. ¡Ay! Las propagandas, las masificaciones, los intereses subyacentes; nos imbuyen un seguidismo complaciente del que cuesta escapar. Cuando uno presta atención, percibirá con frecuencia, la ausencia de criterios propios, de elaboración personal; es como una suerte de actuación por encargo. Es un gérmen que anida con su DESASOSIEGO, y con un alcance insospechado. Allen Ginsberg comentaba, “No tenía pensamiento propio. Me sentí muy violento”. Efectivamente, que a uno le manoseen las ideas con gran contumacia, hace rebelarse al más sensato. ¿Hasta qué punto? ¿Optará por el estallido violento? ¿Recurrirá a las maniobras correctoras?

Con razón se suele afirmar que cada uno tiene su corazoncito, una pequeñez difuminada en el conjunto, pero es el de cada uno, insustituible y el más cercano para cada individuo. En ese talego íntimo se descubren emociones y surgen impulsos primigenios. No parece discutible esa fuerza tan “democrática”, con su aportación desde dentro de cada cual y para el acervo común; uno llega a pensar que ejercería con una auténtica participación aceptada por todos. También aquí, de manera poco consistente, los comportamientos apuntan hacia direcciones impensadas. ¿Con qué fuerza se intimidan y persiguen esas peculiaridades de las personas? ¡Echemos un vistazo a los textos impuestos en esa asignatura para la Ziudadanía! Cada uno juzgue por sí mismo. Si aquellos rasgos íntimos, se van reduciendo a un complejo utópico, a una elucubración que no se va a respetar; desvelemos los disfraces no democráticos. El DESPRECIO de esos sentimientos interiores, en este y otros asuntos, no podrá generar otra cosa que desaveniencias, en una progresión sin límites. ¿Se puede despreciar esa ligazón de lo más personal? ¿Deben primar las banderías de intelectualoides pegados al pesebre? Algunos de ellos, ahora ni chistan.

Como acabamos de observar, por complicidad irreflexiva o por que nos vemos asaltados en nuestras estructuras más íntimas, no será raro encontrarnos, primero violentados, después con reacciones intempestivas. ¿Qué mejor preparación para la violencia franca? ¿Cómo desbaratar esa encrucijada agresiva? Hoy se muestra, cruda y fiera, una postura que llamaríamos LIBERTARIA. No siendo nueva, su incremento es muy moderno, con altas tasas de participación. Consiste en esa pretensión de haberse liberado de cualquier atadura. Sobre todo, conseguida por el empleo de drogas, aunque pueda ser suficiente con la actitud mental. Se lleva a cabo mediante una supresión de los frenos a la hora de una actuación personal. Sin esas frenadas oportunas, da lo mismo una danza con el culo al aire antes del trabajo diario, que el tipo de correctivo adecuado o las opiniones contrarias. No importa gran cosa que estemos ante compañeros, pareja o conciudadanos. Estaríamos liberados hasta el extremo. Semejante fragilidad, no se alcanza otra cosa, nos aboca a encontronazos peligrosos. Así, como sin darle importancia, se van multiplicando los motivos para los enfrentamientos.

De forma involuntaria, tolerante, o por decisión propia, nos ganamos a pulso una disgregación preocupante, dominadora. Allá donde contemplemos el panorama, cuesta hilar dos pensamientos seguidos; ni siquiera planteamos trabazones más profundas. Si a nivel individual, el desasosiego libertario no acaba de aportarnos la serenidad suficiente; a nivel social, los apoyos desaparecen, se desdibujan las conexiones solidarias. Estamos ante las INSUFICIENCIAS de un individualismo presuntuoso; al que además se le llena la boca hablando de “colectivos”. Ocurre algo de esto cuando se detecta a un conductor sin carnet de conducir, con elevada tasa de alcohol u otras drogas. ¿Basta con sanción y cárcel? ¿No hay otros responsables? ¿Existen silencios cómplices a su alrededor? Pocas consecuencias serán más violentas que las provocadas por accidentes de tráfico. Quizá por esa inconsistencia de una ausencia; la correspondiente a unos criterios mínimos a daptados a la realidad social. ¡Insuficiencia fatal! Nadie de las familias, de los conocidos, “amigos”, se pronuncian. Por consiguiente, tampoco actuan.

En aquellos tiempos de Aldous Huxley, ¿Les suena?, este experto en ciertas violencias, venía a decir, “Nunca se ha practicado con menos vegüenza la mentira organizada, ni tan eficazmente, ni a escala tan amplia, como por los dictados políticos y económicos”, de aquel siglo se entiende. Lo que no se explica es la falta de respuestas violentas con las cuitas y engaños de plena actualidad. De nuevo pretendemos evadirnos de la realidad, sin el análisis concienzudo. Si no, como explicaríamos ciertos acontecimientos. ¿Maquinaciones de los PRECIOS? Tal como se pagan a los productores, arroz, frutas, leche, pescados, etc. , ¿Cómo denominaríamos al vendaval de subidas? Hay otras violencias, ¿Inmobiliarias? ¿Hipotecas? Con los beneficios usureros que se manejan no puede explicarse la soga en casa de los hipotecados, lo de casa es un decir.

No cabe ninguna duda razonable, las incongruencias son morrocotudas y están a la vista de cada ánima viviente. Por otra parte, sea bien recibida esta diversidad de enfoques. Se aprecia fuera de contexto a un terrible arreglador, poderoso e intolerante; no escasean los voluntarios a diferentes niveles. Ahora bien, habrá que invocar a una participación ciudadana reactiva y exigente. La exigencia firme no origina la violencia, pero requiere criterios y razonamientos, de eso no se puede prescindir. No vale escudarse en democratismos perversos. Soñemos con un inconformismo recio, de mayor implicación. Es la vía razonable para una navegación meritoria.

La solución no radica en una consistencia sólida y rocosa. Disponemos únicamente del ensamblaje humano como recurso. Es la gran tarea irrenunciable. Digamos, que la gran opción, porque la profundización en las incongruencias y dislates, queda como un necio esperpento.

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