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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Unidad, sí, pero ¿cómo se erradica el terrorismo?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 18 de mayo de 2008, 06:43 h (CET)
La prensa ha dado saltos de júbilo, los progres han cantado victoria y el PSOE ha escenificado una de sus grandes representaciones “arropando” entre sus acogedores y magnánimos brazos a los disidentes, a los antiguos “crispadores” que han vuelto al redil de los “demócratas” del que, durante cuatro años, estuvieron, “por su mala cabeza” separados. El PP, el nuevo PP, el antiguo partido popular convertido, por mor de la derrota, en un “partido de perdedores”, he rendido pleitesía al vencedor y sólo le ha faltado, para completar la rendición, coronar con corona de laurel la testa del señor Rodríguez Zapatero. Pelillos a la mar por el incumplimiento del Pacto por las Libertades o de la Ley de Partidos por parte de ZP y los suyos; olvido y paliativo por la traición de la negociación con los etarras y por la manipulación de la justicia, los fiscales y el TC; armonía y besuqueo con los nacionalistas de Carod y Durán por ser unos buenos chicos que sólo han pedido el Estatut y la autodeterminación de Catalunya y no han preferido quedarse con España entera, para incluirla en “Els Paisos Catalans”. El PP aplaudiendo a los socialistas y los socialistas aguantando la risa, pero sin responder al aplauso. Señores, hemos entrado en la fase nueva en la que, España, va a ser gobernada por el PSOE, pero sin oposición, ahora convertida, por decisión de la cúpula descafeinada del partido, en un nuevo satélite en loor del todopoderoso PSOE.

¿Cuántas veces hemos presenciado este espectáculo de hipocresía del minuto de silencio, de las declaraciones rimbombantes, de las caras adustas y de las proclamas de unidad? Y ¿cuántas veces detrás de estos actos estúpidos en los que se amparan los políticos para reconocer su incompetencia, se han escondido pactos secretos, reuniones clandestinas, ofrecimientos traidores y concesiones vergonzosas? Creo recordar que el señor Zapatero describía como “accidentes” los asesinatos de ETA y como hombre de paz al señor Otegui. Pero, para el señor Rajoy esto es agua pasada y ahora se debe hacer tábula rasa del pasado para enfrentarnos al porvenir con nuevas ideas, nuevos valores, nuevas cesiones a los nacionalistas, nueva concepción de España, tolerancias con el aborto y comprensión por los matrimonios de los homosexuales. Y yo digo ¿y para acabar así diez millones trescientos mil votantes acudimos a las urnas para apoyar al PP?

La unidad ha de manifestarse en el Parlamento, pero no en un acto simbólico que no deja tras de sí más que palabras insustanciales y brindis al sol. ¿O es que hasta ahora no se han entregado las fuerzas policíacas, con todos sus esfuerzos a cazar a los etarras? Porque, si no fuera así, deberíamos pensar en prevaricaciones, negligencias, si no en traición a la patria. Lo que es preciso, antes de darle la mínima prueba de confianza al gobierno del señor ZP es que, él, en persona, pida formalmente al Parlamento que deje automáticamente sin efecto la autorización para negociar con los etarras; consensúen una nueva ley que prive por completo a los terroristas de cualquier beneficio penitenciario; se alarguen las condenas máximas, modificando los límites máximos actuales y se excluya de cualquier amnistía e indultos a todos los que cometieran actos de esta especie. Y nada de holgazanear por los presidios drogándose, comiendo y comunicándose con los familiares. Trabajos para la comunidad, currando en la construcción de infraestructuras y siendo sometidos a una vida austera como corresponde a unos sujetos que han privado de su derecho a la vida a personas inocentes, simples ciudadanos de a pie, a los que han truncado sus ilusiones, esperanzas y afectos; sin que existiera la menor justificación para cometer tales crímenes, si no la insania, vesania y el fanatismo descerebrado de unos que, basándose en una excusa banal como el nacionalismo, han hecho del asesinato su modus vivendi.

Porque la unidad es efectivamente una baza importante para que los terroristas se den cuenta de que sus posibilidades de conseguir sus objetivos son nulas, pero si atisban que esta unidad pueda entrañar un viraje a las posiciones que los socialistas han mantenido durante el ejercicio anterior, de negociar con los etarras, de prometerles autodeterminación y, de paso, entregarles Navarra; entonces esta unidad del PP y el PSOE puede ser interpretada como que ya han cesado los grandes obstáculos que impedían negociar, que el PP ha entrado en una fase de debilidad y que, en tal circunstancia, ha dejado de ser el enemigo terrible que amenazaba al PSOE cada vez que intentaba ponerse la Constitución por montera. O sea, para entendernos, pueden estimar que el camino de violencia emprendido les está saliendo rentable y que sólo es cuestión de ir poniendo muertos sobre la mesa para que, más bien antes que después, el Gobierno de Zapatero, que ya fue partidario de la negociación, acabe cediendo.

Si nos atenemos a la situación actual creo que los españoles, los verdaderos españoles, naturalmente, tenemos motivos para estar alarmados. Una crisis económica que nos han pretendido ocultar durante meses, pero que ha aparecido incontrolable con todas sus consecuencias, para los ciudadanos y pensionistas, especialmente; unos partidos nacionalistas crecidos que nos amenazan constantemente con referendos para conseguir la independencia y que, paradójicamente, no cesan de pedir más dinero al Estado central; un partido, el PP, que debería ejercer una oposición implacable contra los desmanes que viene cometiendo el Gobierno en temas de gran trascendencia y que amenazan al futuro de los españoles, convertido en un ente amorfo, sin ruta determinada, metido en una lucha absurda de personalismos y abocado a un Congreso que, si Dios no lo remedia, puede ser la puntilla para una organización que hace unos meses parecía inconmovible. Un panorama sombrío, si señor, y sin que se vislumbre ningún nuevo Don Pelayo que sea capaz de enfrentarse a la caida de la España cuya reconquista emprendió desde Covadonga.

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