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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

María San Gil, referente moral

Mario López (Madrid)
Mario López
sábado, 17 de mayo de 2008, 05:41 h (CET)
En las últimas elecciones al parlamento vasco del 2005 el PNV recibió 463.873 apoyos electorales; el PCTV, 150.188 y ARALAR, 28.001. Es decir, y sin contar con los apoyos que podrían tener otros grupos políticos a los que se les prohibió presentarse a los comicios, podemos asegurar sin miedo a equivocarnos que en 2005, 642.062 ciudadanos vascos estaban, al menos, a favor de plantear al Gobierno de la nación la convocatoria de un referéndum sobre la voluntad soberanista del pueblo vasco.

La reflexión que de estos datos hizo María San Gil fue, sin embargo, muy distinta; aseguró que los resultados electorales suponían un rotundo revés a los planes del lehendakari. María San Gil representaba entonces a un grupo político que obtuvo en esas mismas elecciones 208.795 apoyos, es decir, tres veces menos votos que los cosechados por los grupos que podrían apoyar al lehendakari ¿Cómo se come esto? Una persona que niega la evidencia, que quiere imponer su opinión minoritaria a la por tres veces mayoritaria de un pueblo no puede considerarse, por muy valiente y amenazada que esté, referente moral de nadie. Claro que los miembros del PP son de la opinión que ellos son la reserva espiritual de occidente. Sin ir más lejos, anteayer escuché por boca de Sáenz de Buruaga una curiosa manera de distinguir los valores defendidos por la derecha frente a los que defiende la izquierda. Según el periodista de Telemadrid, la derecha es la defensora de la libertad. Así que he tenido que cumplir cincuenta y un años para enterarme de que la derecha es la que ha velado toda mi vida por mi libertad. Claro, supongo que el señor Sáenz de Buruaga no se referiría a mi libertad sino al despido libre; a la libertad de precios; a la libertad de especular con las necesidades básicas de los ciudadanos; a la libertad de la Iglesia católica para imponer su moral a todos los ciudadanos, sean o no de su cuerda; a la libertad de los padres de imponer su santa voluntad sobre el presente y futuro de sus hijos; a la libertad de los ricos para recomendar a quien mejor le convenga para el puestazo que le venga en gana; a la libertad de los terratenientes para hacer con sus fincas lo que mejor les convenga, pasándose por el forro de su órgano reproductor la legislación sobre el medio ambiente o las necesidades productivas del conjunto de los ciudadanos; a la libertad de los patriotas españoles para imponernos una España castellana, única, grande y libre. Con referentes morales como el de María San Gil seguimos como estábamos con Franco. Y con los resultados de las próximas elecciones al Parlamento vasco se seguirá haciendo idénticas valoraciones. Todo menos dejar que los vascos libremente nos digan lo que nos tengan que decir por medio de la única manera democrática conocida: el referéndum.

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