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El Obispo y los chanchullos de Usaid

Luis Agüero Wagner
Redacción
sábado, 17 de mayo de 2008, 05:12 h (CET)
Un sobrino del desaparecido agente de la CIA Epifanio Méndez Fleitas, el Obispo Fernando Lugo Méndez, es el presidente electo de Paraguay que la prensa internacional saludó como "un nuevo izquierdista" en la constelación de gobernantes sudamericanos.

Mendez Fleitas, acusado de operativo de Langley por el mismo autor de "Inside The Company" Phillip Agee, es un político paraguayo que jugó un papel preponderante en la represión inmediatamente posterior a la guerra civil paraguaya del año 1947, y sobre todo en el apuntalamiento de la dictadura neo nazi de Alfredo Stroessner a mediados de la década de 1950. Algunos de sus descendientes hoy residen en Estados Unidos, habiendo desarrollado estrechos vínculos con USAID.

Según la misma filial paraguaya de USAID, la asistencia privada estadounidense para el desarrollo en el Paraguay se remonta por lo menos a Junio de 1923, cuando la Fundación Rockefeller firmó un acuerdo de cuatro años con el Departamento de Higiene y Asistencia Pública para realizar una campaña para el control de parásitos intestinales.

Omiten mencionar los historiosos en cuestión que la misma empresa petrolera que presta su apellido a la fundación mencionada inspiró y sufragó una matanza entre paraguayos y bolivianos que costó cien mil muertos sólo para decidir, como lo expresara el escritor estadounidense Teodoro Dreiser, si Deterding (de la Shell) o Rockefeller (de la Standard Oil) habrían de quedarse con el petróleo del Chaco Boreal.
Según la misma aséptica fuente de datos, en 1928 el acuerdo fue extendido, y en 1932 se inició una campaña contra la fiebre amarilla. Sobre esta última enfermedad podemos acotar al margen que el extraño brote en Paraguay que se registró en el país, aprovechado políticamente por los seguidores del obispo para desestabilizar, no inspiró mucha compasión a la embajada norteamericana. A regañadientes, mister James Cason desembolsó unos veinte mil dólares para un país sumido en una emergencia nacional, como contribución al combate de una enfermedad que es bien conocida por la Sección de Armas bacteriológicas del Pentágono.

Para comprender lo exiguo del monto, basta saber que para financiación de un partido que se presentó como de izquierdas y apoyó al obispo en su campaña, el PMas de Paraguay dirigido por Camilo Soares, había realizado tiempo antes sucesivas donaciones de montos no inferiores a los 130 mil dólares.
Es algo habitual en este país desde 1939, año en que el United States Deparment impulsó la candidatura de quien se convertiría en el Dictador José Félix Estigarribia como pago por su actitud claudicante ante la Standard Oil Company en las negociaciones para la paz del Chaco, que un gobierno aún antes de asumir adscriba al Paraguay a las políticas que lleva adelante Estados Unidos en su propio beneficio.

Se volvió a repetir la historia con el anticipado nombramiento como ministro de un conocido agente del Fondo Monetario Internacional, el economista Dionisio Borda, por presión de la embajada norteamericana.

No bastaba, según parece al imperio su avasalladora influencia en la agricultura, en las fuerzas armadas, en el presunto combate al narcotráfico, en la prensa local subsidiaria de la National Endowment for Democracy y en la Justicia Electoral, la imposición de plazos en su propio territorio a las empresas paraguayas para su apertura formal, la aceptación de más empresas negreras (conocidas eufemísticamente como "maquiladoras") y controlar los tribunales y el ministerio público con la excusa de la "anticorrupción".

Ya el cuestionado asesor económico de la presidencia de Nicanor Duarte Frutos, Carlos Walde (célebre por autoadjudicarse descaradamente licitaciones públicas), había declarado que la USAID administró la supuesta donación de 34 millones de dólares que deberían haberse usado en contra suya si realmente estaban destinados a combatir la corrupción.

Si refrescamos la memoria podemos traer a colación que agencias como la USAID participaron de los episodios más siniestros y vergonzosos en la historia de un país que alardea de ser garante de las libertades pero cuyo único legado a esta región del mundo han sido golpes de estado, dictadores sanguinarios, escuadrones de la muerte, detenidos-desaparecidos, asesinatos políticos, tortura y represión.

Lógicamente a los voceros del imperio les resulta fácil exculpar al imperio descalificando o silenciando evidencias sin explicar, por ejemplo, qué hacía una credencial de USAID a nombre de Dan Mitrione en poder de este célebre adiestrador de torturadores del Cono Sur, cuando fue secuestrado por los tupamaros en el Uruguay.

Amenazas, dolor, electrocución y drogas fue todo lo que agencias estadounidenses como USAID pudieron ofrecer a países que sólo buscaban pasar de la dependencia y estructura semicolonial de carácter feudal a la independencia económica y la modernidad. Países subdesarrollados con recursos ricos recibieron lecciones reales, objetivas y palpables sobre los altos costos a pagar cuando uno de ellos enloquecía de "fanatismo nacionalista" o "izquierdismo". Estados Unidos proporcionó en todos ellos, con ayuda directa o indirecta de USAID, formación, dinero y medios técnicos para la instauración de brutales aparatos de represión.

Por si fuera poco antecedente todo ello, la misma central de USAID hoy atraviesa un escándalo por corrupción en Estados Unidos, lo que obligó la renuncia de Adolfo Franco, un furioso anticomunista que desempeñaba altas funciones en el organismo. El reemplazante de Franco, José Cárdenas, hijo de padres colombianos oriundos de la ciudad de Medellín, es un conocido referente de la FNCA desde 1986, una asociación que nunca respondió por acusaciones de terrorismo contra los gobiernos de Cuba y Venezuela. Los Angeles Times cita que la auditoría del GAO (General Accountability Office ) sobre las actividades anticubanas de la USAID reportó varias compras pacotilleras que realizaron los "luchadores" miameros contratados: suéteres de cachemir, chocolates Godiva, juegos de Nintendo y PlayStations de Sony, supuestamente destinados a engrasar el "staff" de informantes de la Sección de Intereses Norteamericanos de La Habana.

En Paraguay USAID desvió dinero supuestamente destinado a obras filantrópicas cuando financió con donaciones a organizaciones no gubernamentales fantasmas, fondos que fueron a parar a las arcas del Movimiento Político Tekojoja, partido del obispo, que a pesar de la lluvia de dólares hizo un papelón al obtener apenas un escaño en el Senado en las recientes elecciones. El Congreso, a pesar del "triunfo de la izquierda" en Paraguay, quedó en manos de neoliberales, filofascistas y agentes de la embajada norteamericana con un largo historial de obsecuencia a las imposiciones del imperio.

La participación encubierta de IAF, NED, USAID y otros organismos al servicio del imperio en las elecciones paraguayas sólo es un indicador de que Estados Unidos no va a renunciar en absoluto a su papel preponderante por estas latitudes, algo que, por desgracia, es presumible que sólo traiga a los sudamericanos más dolor, miseria y sufrimiento.

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