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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Ayer, con total seguridad, sin pretenderlo, me hiciste mucho daño, Tina

Ángel Sáez
Ángel Sáez
viernes, 16 de mayo de 2008, 00:59 h (CET)
Hoy, martes, trece de mayo de 2008, como lo prometido es deuda, pretendiendo o procurando eliminar hasta las estelas de las supersticiones que hubieran quedado por ahí sin disipar, dedico la presente urdidura (o “urdiblanda”) y doy las gracias a quienes, de un tiempo a esta parte, vienen tomándome gentilmente la presión arterial en la farmacia regentada por Mercedes Pascual: “Charo”, Sonia, Raquel, Jesús Miguel y la dueña susodicha, “Merche”.

Mi vida:

Ayer, aunque ésa no fuera tu pretensión, me sentí utilizado por ti, Tina. Tú, seguramente, no buscaste ni quisiste jugar con mis sentimientos, pero, a la postre, eso fue lo que resultó. Te lo dice quien así lo vivió. ¿Recuerdas lo que trencé hace apenas unos días? Sólo la víctima tiene conciencia y constancia de serlo; sólo ella es depositaria del recuerdo de las sensaciones que le depararon el daño soportado, del que fue objeto (ergo, que tus palabras me infligieron). La razón de mis preguntas y repreguntas en torno a si te tenías de verdad por aguafiestas, cenizo o gafe, parecer en el que insistías una y otra vez, o sea, seguías, erre que erre, perseverando, hasta soltar por tu mui que incluso los demás te veían de esa guisa y, por eso, huían de ti, me pareció de mal, peor aún, de pésimo y reprensible gusto.

Ayer, mi Amor por ti, que creía inmutable, se resquebrajó. Hoy veo en él más de una grieta. Y me duele un montón tejer esto, pero es lo que advierto y siento, la verdad. Los cimientos, sin embargo, eran sólidos, porque el edificio no se vino abajo, sino que aguantó perfectamente el duro y rudo embate; mas nadie puede negar la certidumbre, que el terremoto ocurrió.

No creo que el motivo de nuestra trifulca de ayer esté, estribe o radique en el argumento que aduces, tu humor ácido o negro, del que dices hacer gala muy de cuando en cuando, por la sencilla razón de que es la primera ocasión en que tengo conocimiento o noticia del mismo y hace más de seis meses que nos conocemos. No obstante, acepto que puedo equivocarme.

El canal por el que cursa el Amor lleva otro, paralelo, secundario, por el que discurre el Perdón. Así que, perdonada estás.

Ignoro si la discusión de marras obedeció, en mucho, en poco o en nada (de nada), a los escolios que hizo y puso a varias urdiduras mías una tal Rita (creo que hay otros presuntos asuntos de más calado que crecen en el sótano del caso –si te escrutas y estudias, acaso des con alguno de ellos; ¿tu inseguridad tal vez?; pero, ¿qué crees que me puede molestar de tu anatomía o personalidad?-). Aunque conoces mi criterio al dedillo, lo iteraré una vez más. Deseo viajar a la vejez contigo (habiéndome casado o sin que sean requisitos necesarios, condiciones sine qua non, ni la bendición ni los papeles). A nadie amé como te amo a ti. Ah; olvidábaseme decir que me importa un bledo o comino cómo seas físicamente (que ya te he visto por webcam –y lo que visionaron mis pupilas no me desagradó-).

Insisto, asimismo, en que no soporto la mentira. La detesto. Me supera. Me subleva. Me pone de los nervios.

Quizás vendría bien que, durante algún tiempo, el que necesites, reflexiones sobre tus sentimientos hacia mi persona. Para mí esto, nuestra relación, es definitiva. No un experimento. En mis ojos, en Venecia y en Roma, te lo adelanto, verás Amor (puedes llamarlo también, porque así se manifestará, deseo o pasión). Aceptaré lo que resuelvas.

Te ama e itera sus deseos de envejecer a tu vera tu

Félix Unamuno.

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