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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Se puede ser Rey y, a la vez, republicano?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 16 de mayo de 2008, 00:59 h (CET)
Cuando una familia tiene por estirpe la responsabilidad de asumir la Jefatura de Estado de una nación tiene la obligación de saber y, si no, se le debe recordar, que su vida, sus actos, sus comentarios, sus opiniones y todo lo que emane de su persona y de sus familiares, nunca puede ser considerado equivalente, ni parecido ni, por supuesto, de la misma trascendencia de lo que pudiera hacer o pensar cualquier ciudadano de a pie. Por lo tanto, es conveniente que reflexionemos sobre algunas de las particularidades que están convirtiendo a la familia real en algo muy parecido a una familia cualquiera española.

Un Rey y su familia no pueden permitirse determinadas actitudes u opiniones, o mantener amistades o contraer matrimonio o vivir como un mortal cualquiera. Lo que se consideraría normal en cualquier español, incluso gracioso u oportuno, es evidente que en una persona de la realeza puede resultar inoportuno o criticable; a cambio tienen otras ventajas que muchos quisieran para si mismos. Un patrimonio muy saneado; unos emolumentos muy sustanciosos; que se pagan a cargo de los Presupuestos Generales del Estado; unas asignaciones por gastos de representación; unas vacaciones prolongadas; viajes, aunque, en su caso, hay que reconocer que pueden resultar pesados y aburridos porque, como es natural, deben observarse determinadas etiquetas y comportamientos que le impiden disfrutarlos como lo haría cualquier particular.

Así pues, recientemente, han aparecido determinadas informaciones relativas a algunos de los miembros de la familia de la princesa Leticia, que vienen a corroborar que los matrimonios entre personas de la realeza y miembros del pueblo llano son, generalmente, contraproducentes para evitar que puedan producirse situaciones que puedan llegar a comprometer a la familia real. Así nos encontramos que una de las hermanas de la familia de la princesa (por otra parte con una reacción muy natural) está armando un revuelo porque considera que la prensa se entromete en su vida particular. Cualquier otra persona estaría en su derecho y merecería todo el apoyo; pero… vean ustedes a lo que me refería en mis palabras anteriores: esta señora, lo quiera o no, forma parte de la familia de la princesa de España y sus actos, le guste o no, deben estar siempre de acuerdo con este parentesco. De ahí las dificultades ­ –que no dudo que los consejeros del príncipe Felipe le debieron exponer, ante su matrimonio con una “plebeya”– que, lo que se le dio en llamar “un matrimonio morganático”, puedan acabar por acarrear a la familia real.

Es por ello que, en tiempos pasados era impensable que un heredero del trono se casara con alguien que no fuera de sangre real. Hoy en día parece que esta costumbre, que no carecía de justificación, ya no esté bien vista por los jóvenes herederos que pretenden, puede que con una cierta razón, gozar de las ventajas de ser rey y, a la vez, organizarse su vida privada a su gusto. Es lógico, es humano, es natural pero, hay un inconveniente difícil de obviar y es que, el futuro rey se debe a España, al pueblo español y a los destinos de la nación lo que, en ocasiones, puede estar en contradicción con sus deseos y sentimientos personales. Es muy difícil de entender que el príncipe heredero frecuente ciertas amistades con miembros de la farándula, no específicamente porque lo sean, sino a causa de ciertos vicios y ciertas costumbres que los hacen incompatibles con lo que los españoles esperan de las amistades de su príncipe.

Y si debemos reconocer que S.M. el Rey ha sabido representar a España con la dignidad y el decoro que entraña una responsabilidad semejante, tampoco ha sabido contenerse, en alguna ocasión, en lo que debe ser la exquisita imparcialidad que un monarca debe observar respecto a los líderes de los distintos partidos del arco parlamentario. Es evidente que, en su fuero interno, tendrá más simpatías por unos que por los otros, pero esto no obsta para que, de labios para fuera, no deba respetar, escrupulosamente, la debida discreción al referirse a cualquiera de ellos. No valen las excusas de la Casa Real al decir que, las alabanzas que SM el Rey hizo del señor Rodríguez Zapatero fueron “comentarios informales y no oficiales “, porque ya debieran saber estos señores, que han pergeñado esta excusa absurda, que para un rey, no existen comentarios de tal índole porque todas las palabras que dice en público son “formales y oficiales”. Sin duda alguna, en este caso, SM ha demostrado una preferencia que a muchos nos puede resultar molesta si se tiene en cuenta la forma en la que, en la pasada legislatura, el señor ZP se saltó a la torera El Pacto para las Libertades y la Ley de Partidos para negociar, a escondidas del partido de la Oposición, con los criminales de ETA. Debemos suponer que a su Majestad no le debió agradar que se implantaran los supuestos de despenalización del aborto, ni que estuviera satisfecho con los ataques del PSOE a la Iglesia católica o la invasión de las atribuciones de los padres de familia respecto a la orientación política, ética y moral que les quieren dar a sus hijos, ¿o no?

Sería muy conveniente que nos aclarara el Rey, si es verdad que conoce tan bien hacia dónde quiere llevar, el señor Zapatero, a nuestro país. Porque los demás no lo sabemos y algunos nos tememos que donde tiene puesto su punto de mira ZP está, precisamente, en transformar a España una República laica y frentepopulista que gobernará a una federación de pequeños estados que no sabemos si seguirá llamándose España. Si es así, sería muy curioso que nos dijese, alguien que lo supiera: ¿Qué puesto le correspondería a un monarca en tal tipo de institución? Me temo que ninguno.

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