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Qué percibimos como problema

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
viernes, 16 de mayo de 2008, 00:59 h (CET)
El CIS, en su último barómetro de febrero pasado, realizado sobre una muestra o universo representativo de la sociedad española, nos facilita algunos datos inquietantes, me referiré a algunos de ellos.

A la pregunta sobre el principal problema que existe en España, la droga sólo fue señalada por 23 personas de una muestra de 2470, es decir menos del uno por ciento. Pero España es el mayor consumidor de cocaína del mundo y cuadruplica el consumo de los países de la Unión Europea.

Los problemas relacionados con la juventud fueron estimados como problema por 6 personas (0,2%). Pero el alcohol y las drogas afectan a un porcentaje creciente de nuestra juventud que, además, se inicia en su consumo desde la adolescencia e incluso antes.

También afecta a toda la sociedad, especialmente a la juventud, la educación, y sólo fue vista como principal problema por 28 personas (1.1%). Pero la educación, de la que depende nuestro futuro, está en una profunda crisis, como ha puesto de manifiesto el informe PISA o los rankings de excelencia de nuestros colegios y universidades.

Comprendo que el paro o los problemas económicos ocupen los primeros puestos de esta encuesta, pero que la juventud, la educación y las drogas sean percibidas como problema por tan pocas personas exige reflexión.

Pienso que nos vamos acostumbrando a convivir con la droga, con el consumo inmoderado de alcohol o con un cuestionable sistema educativo sin reaccionar, sin buscar soluciones. Cuando comenzó el fenómeno de las drogas hubo una amplia toma de conciencia que se plasmó en un Plan Nacional de Lucha contra la drogadicción y muchos programas de recuperación de drogodependientes. Estos programas siguen luchando, ya que ha aumentado el número de personas afectadas por adicciones de todo tipo que destruyen sus vidas y la de sus familias, pero la sensibilidad social ha desaparecido.

Si la heroína era una droga que excluía de la sociedad, el consumo de la cocaína representa una forma de inclusión social. La cocaína la consumen ejecutivos importantes o personajes famosos que son estupidamente imitados. Esnifar una raya de coca es algo elegante que ayuda a superar cualquier situación de estrés o de borrachera, pero que a la larga produce secuelas irreversibles, aunque todos creen equivocadamente que podrán dejarlo en cualquier momento.

Siendo España el primer consumidor de cocaína del mundo, la sociedad no lo percibe como riesgo. Para los que resulten afectados, consumidores y familiares, será “su problema”, como si se tratara de cualquier otra enfermedad, pero no un problema social provocado por la delincuencia organizada que satisface una creciente demanda irresponsable.

El consumo de alcohol desde la más temprana edad, tampoco se considera socialmente un problema. De los botellones callejeros sólo se quejan los vecinos que sufren el ruido y la suciedad que dejan de bolsas, botellas y vomitonas. Pero los padres de tantos chicos y chicas adolescentes que se emborrachan cada fin de semana tampoco reaccionan. Quizás habría que hacer responsables a los padres de los desmanes de sus hijos menores.

El calamitoso estado de la educación no se percibe como un problema social a pesar de su gravedad. La calidad de la educación que imparten las familias y los centros escolares no se cuestiona, aunque el fracaso escolar, la violencia en las aulas o el bajo nivel de los estudios estén lastrando nuestro futuro.

La encuesta del CIS revela otros muchos problemas que nos afectan gravemente pero que son señalados por exiguas minorías. Incluso la violencia contra la mujer o la Administración de Justicia, presente de forma constante en los medios de comunicación, solo es percibido como problema por el 1,1% y 0,2% respectivamente.

La economía y sus secuelas es lo único que merece la atención de un mayor número de encuestados y a eso se aplica el gobierno con discutible dedicación. De lo demás, como la sociedad no despierte, desde luego los políticos no se van a ocupar en absoluto.

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