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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Barroco educativo

Manuel Villena
Redacción
jueves, 15 de mayo de 2008, 06:44 h (CET)
El sistema educativo español en general, a lo largo de los últimos tiempos, contempla como se ha venido acumulando ornato tras ornato, en ocasiones llegando a hacer desaparecer, y en el mejor de los casos a ocultar los pilares fundamentales de un sistema educativo sólido y eficaz: trabajo, respeto, esfuerzo, confianza, disciplina, etc.

Los adornos no solo cumplen a la perfección su función ornamental, también estorban y diluyen la insustituible, primordial y sagrada labor del maestro. Citaré algunos de estos elementos decorativos: Progresa según sus cualidades y aptitudes, ecoescuelas, papeleo infinito, celebraciones, conmemoraciones, muchos pedagogos de salón, comisiones de servicio (siempre a los mismos), cursillos inútiles, más celebraciones y más conmemoraciones, promocionar sin aprobar, impunidad a los agresores, comprar a los alumnos para que calienten pupitre sin aprovechamiento alguno, calificar obligatoriamente con un “uno” por decreto , cambios de planes educativos según el partido político en el poder, … Mucha de esta decoración queda camuflada bajo siglas, sirvan algunos ejemplos: PEAC, NEAE, ACIS, EOE, ERPA, ROF, PA, PEV, ARPA y un larguísimo etc.

Ante tal cúmulo decorativo se podría definir esta época como el Barroco de la enseñanza. Si seguimos sumando adornos, que es la tendencia de nuestros próceres, no tardaremos en alcanzar, sin esfuerzo alguno, el Rococó educativo; no siendo descabellado augurar que será inaguantable y ya no sólo nos conformaremos con exclamar sino que habrá que hacer literalmente: ¡Paga y vámonos!

PD. Paga la enseñanza pública y vámonos a la privada.

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