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El mini-yo de Maradona
Daniel Sanabria
Sólo es su yerno pero podría ser el original. Coinciden en tamaño, país, gusto y familia, cuatro de las cosas más importantes en la vida, y en el fútbol. El tamaño importa, y para ser tan grande como Maradona hacer falta ser tan pequeño como él. Un argentino de raza, con ese habla que tanto gusta a las chicas españolas, con un gusto por la facilidad en el trato del balón, y compartiendo sábanas y almohada con la hija de Maradona. Sólo un crack podría definirse así. Agüero lo es.
El domingo contra el Deportivo no marcó, pero es lo de menos. Muchas de las grandes jugadas de la historia terminan con un disparo a la grada, y por eso no se recuerdan. Eso mismo le pasa al Kun. Aunque lleve casi 20 goles, donde más brilla no es en la definición, sino en la creación, que en su caso se puede llamar construcción de magia. En vez de una varita dorada utiliza una pelota de cuero, con la diferencia de que aquí no hay truco. Todo lo que hace es real, no hay lugar para ilusionismos, sino para ilusiones.
Recibe la pelota y hace lo que quiere. Tiene al balón completamente dominado, a sus órdenes los noventa minutos. Hay veces que le rodean tres adversarios, pero Agüero da un giro de 180 grados y sale por la única rendija que existe. Cuando le veo jugar empiezo a comprender lo que pensó el inventor de la banda sonora de Oliver y Benji: “Allá va con el balón en los pies y ninguno lo podrá detener…”. Hasta que él no me lo niegue, seguiré convencido de que pensaba en Agüero mientras componía la letra.
Sólo la persona que se haya sentado a ver todos los partidos del Atlético de Madrid podrá entender esta columna. O también el que viera la segunda parte del Atlético-Deportivo del domingo pasado, donde hizo jugadas puntuales que harían valer lo de más vale una imagen que mil palabras. Y una entrada. Agüero es pura magia, fantasía. No sabemos de qué lámpara se escapó, pero nadie duda de que es un genio.
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