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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Hierocracia laicista

Roberto Esteban Duque
Redacción
miércoles, 14 de mayo de 2008, 05:25 h (CET)
Se aproxima, como un ciclón de muerte, una nueva organización política y moral en la sociedad española, se hace inminente un nuevo régimen de Estado, y la máxima divide et impera rige la nueva forma de gobierno, secciona los problemas y los va resolviendo por partes y estadios hasta alcanzar el objetivo final. ¿No lo notan? Sobreviene y emerge el hombre que quiere contener un pasado seleccionado, un parcial pretérito colectivo elevado a la categoría de porvenir universal necesario. Los socialistas ignoran la herencia que ellos desprecian para convertirla en una herencia yacente, para dejar al hombre solo, en el Infierno del propio enaltecimiento de una vida sin origen ni meta. La nueva hierocracia laicista, totalitaria y arrogante, avanza como huracán desbocado, irreverente y furibundo ¿No lo notan?

La España laicista se quiere construir contra la España católica y sin ella, contra la Religión católica y sin ella. No es tan difícil percibirlo, aunque no veamos, ni darse cuenta aun sin conocer. España se reordena al compás del laicismo, que saluda exultante el anuncio de la vicepresidenta De la Vega de derogar la Ley Orgánica de Libertad Religiosa de 1980. Lo celebra el moro y el alma melancólica judía; la progresía hispana que evoca el Cristo en el Vaticano de Víctor Hugo; la Iglesia Evangélica también muestran su júbilo, porque como diría Ortega no habrá cultura religiosa mientras no haya teología y exégesis protestante española. Veneran la endemoniada textura laicista los gays y las lesbianas, los comunistas y la disidencia eclesial, la Europa Laica y Mayoral, Peces Barba, ay, y Álvaro Cuesta también lo celebran. ¡Apañados estamos si la verdad de las cosas no consiste sino en el reconocimiento de su legalidad! ¡Cuánta perversión esconde la ley! ¿No lo notan?

Se están sentando las bases, poniendo ya las condiciones, para alcanzar el objetivo, la derogación de los Acuerdos entre el Estado español y el Vaticano. De un modo progresivo se asumirán las demandas y reivindicaciones de las asociaciones laicistas españolas, se articulará el modelo del Estado laicista para la sociedad, impulsando el laicismo escolar y un estatuto de laicidad donde el capellán sea sustituido por un asistente laicista moral. Claro que, como afirmara recientemente el socialista José Blanco, el de “ambiciones colmadas y vanidad satisfecha”, la población de España es hoy fundamentalmente mestiza. ¡Llévense a Colombia, por favor (es un decir), tanta indigencia!

El Ejecutivo español viene de frente, como un Hezbolá pacífico y nacional-laicista. Va delante de la sociedad, del sistema moral, cultural y religioso de la nación española. Propone el cuento chino de la “laicidad positiva”, cuando el Estado español es aconfesional, pero no laico. Otros más refinados, como Adela Cortina, prefieren hablar de una laicidad de articulación del pluralismo religioso. ¿Qué pluralismo? El Estado tiene en cuenta el crecimiento del pluralismo religioso en España y su conexión con la inmigración, pero olvida el peso institucional, la identidad católica cultural, religiosa y eclesial de la sociedad española. ¿Acaso no hay hostigamiento? ¿O lo llamaremos observatorio laicista de seguimiento ateo en la sociedad?

La Conferencia Episcopal Española no tardará en hablar. La Iglesia no puede callar, porque la fe siempre se anunciará, actuando bajo el lema “oportuna e inoportunamente”. La Iglesia se rebelará contra la altura a que nos llevan estos tiempos, dará incluso la espalda a una nueva antropología donde el hombre pierde la trascendencia y sólo está pendiente de su propia dignidad y holgura, una cultura donde el pensamiento y el alma viven para sí mismos, alejados de toda excelencia. La Iglesia no podrá callar, no deberá hacerlo, ante la pretensión de soledad y tristeza a que el gobierno de la nación quiere llevar y sumergir a la sociedad española. ¿O acaso no lo notan?

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