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Etiquetas:   Perspectiva de Levante   -   Sección:   Opinión

"El ladrillo" y la lacrimógena actitud de sus actores

Domingo Delgado
Domingo Delgado
martes, 13 de mayo de 2008, 06:42 h (CET)
La “crisis del ladrillo” está agitando la economía nacional e internacional, cosa lógica en el sistema de economía globalizada a que nos ha impulsado el neoliberalismo capitalista. Si bien en cada país la crisis tiene peculiaridades propias.

Tal resulta el caso español, en que el sector de la construcción ha crecido de forma, quizá desproporcionada, y anárquica en relación con las necesidades del mercado, y con lo realizable desde el punto de vista de la ordenación urbana. De forma que todo eso se tornó pronto, en virtud de la acción de importantes empresas y empresarios del sector, en una implantación, más o menos generalizada de criterios propios en función de sus intereses, que determinaron una concreta ordenación urbana y su corrección, en connivencia con no pocos políticos locales, por un lado; y por otro, en la reconducción de las necesidades del mercado, hacia el tipo de vivienda y precio que se ofertaba, en base a la práctica exclusión de las viviendas VPO, y en la incorporación del socio bancario al negocio que, de esa manera, multiplicaba sus beneficios. Puesto que se vendía todo, y al precio que se iba pidiendo, ya que la mayoría de los compradores acababan comprando por las facilidades hipotecarias que se les ofrecían, que eran una trampa por cuanto solucionaban su problema de vivienda, pero se esclavizaban al pago de una hipoteca vitalicia.

Así las cosas, era cantado que el sistema artificialmente creado se rompería, porque era un sistema que se estaba agotando. Todo vino de la mano del socio bancario, cuando se percató que se estaban hipotecando viviendas a precios irreales –con lo que su garantía de recobro peligraba- y a unos plazos excesivos, de gran riesgo. Ante lo cual, la banca “echó el freno” y se retiró de la rueda de un negocio que le ha dado muchos beneficios. Naturalmente, de esta manera, al no darse las facilidades bancarias de antes, la maquinaria se ha parado, ¡ya no se vende como antes..!. Siendo el problema actual, que la inmensa industria que se había creado de la construcción, absolutamente sobredimensionada, habrá de reconvertirse y adaptarse a la escala razonable de dicho negocio en nuestro país.

Ante esto, esta semana hemos asistido al “llanto y gemido” de la patronal de la construcción apelando a que el Gobierno invierta dinero para dinamizar el sector, y algún osado ha hablado del “fondo de pensiones” como dinero operativo para tal fin. Lo cual, no es sino un disparate, al tiempo que un poca vegüenza para quien lo haya sugerido. Máxime en un sector que se ha mostrado insolidario con el resto de la sociedad, al “cegar” la oferta de VPO –porque no les interesaba-, y crear un engranaje artificial de mercado que les ha reportado grandísimos beneficios, a costa de muchas familias modestas y trabajadoras, que se encuentran entrampados vitaliciamente para que la banca y ellos hayan conseguido sus enormes ingresos. Y justo ahora, cuando el mercado –que ellos defienden cuando les interesa- les pone los límites de lo posible, y el negocio se desacelera, se nos presentan de víctimas y de pedigüeños ante la misma sociedad a la que han estado esquilmando.

Espero que haya sensatez en nuestros responsables políticos, y no se acceda a inyectar dinero público en el sector, salvo en el caso de la VPO –que es muy necesaria- y con los necesarios controles para evitar la picardía y el dinero negro que en otros momentos corrió por el sector, incluso en este tipo de construcción social.

Y si a alguien hay que inyectarle dinero, que sea a los miles de ciudadanos que compraron vivienda en un momento de alteración del mercado artificialmente al alza, subvencionándoles, al menos los tipos de interés. Por cierto, subvenciones que podrían estar acometiendo ya las Cajas de Ahorro –ya que según su estatuto jurídico son Obras Sociales-, y que mejor obra social que ayudar a los asfixiados deudores hipotecarios, antes que especular en el mercado del arte, o subvencionar actividades culturales.

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