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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

De maitines

Mario López (Madrid)
Mario López
martes, 13 de mayo de 2008, 06:58 h (CET)
Me encanta tumbarme en la chaslonge y mirar a la pantalla multicolor para ver cómo los hermosos poetas del carcamal hablan en su florido pensil del hambre en el mundo, mientras me masturbo. O mejor, prefiero ver cómo se masturban ellos. Soy voyeur. Pero no lo puedo hacer siempre porque tengo que trabajar.

No es que tenga nada que hacer. Pero he de ir ahí a echar el día y esperar a que pase un mes para que me den un dinero que cambio a diario por cosas varias y diversas. Salir de esta rutina es más difícil que encontrar El Capital de Carlos Marx en las librerías. Han borrado de la historia a ese economista judío que montó una gorda por octubre. Decía Apollinarire que antes de una gran guerra se baila mucho. Pero eso era antes, cuando había bailes con su nombre y sus pasos y sus lugares de encuentro –hoy el comercio sexual se realiza en cualquier lugar-. No hace mucho hubo un resurgir de los bailes de salón, pero fue cosa pasajera y casposa. En cualquier caso, es probable que se baile mucho. Yo no lo puedo acreditar porque no frecuento los lugares de encuentro de bailarines. Sé, por una carta, que los danzarines profesionales están que trinan por ciertas dimisiones. Y luego se quejan de que en España no dimite ni dios. Pero de ahí a que vaya haber una nueva gran guerra, hay un trecho. Todo lo más, Beirut, Bagdad, Kabul, Darfur, la franja de Gaza –siempre me ha llamado la atención lo de franja, me los imagino de perfil a los pobres palestinos-. Si me interrumpen pierdo la concentración y entonces se produce un caos absoluto en mi mente y me pregunto para qué coño la quiero –la mente, se entiende-. Qué difícil debe ser calcular las instalaciones de un edificio inteligente. Pues en Dubai no paran. Están todo el día dale que te pego a ver quién construye el edificio más alto y tecnológico, a la par de lujoso y caro. Se conoce que hay mucho dinero que blanquear por los Emiratos Árabes que, por cierto, no están tan lejos de la franja de Gaza. Igualito Gaza que Dubai. Este es el mundo que estamos dejando a nuestros hijos –si los tenemos, se entiende-.

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