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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Cetecolaminas totales

Marino Iglesias Pidal
Redacción
martes, 13 de mayo de 2008, 06:58 h (CET)
Curiosear sólo es empezar, y el que por su gusto corre jamás de la vida cansa. La segunda afirmación corresponde a un refrán que, imagino, muy pocos no habrán oído; lo primero, a lo mejor también lo es, pero, para mí, que no tengo conciencia de haberlo recepcionado jamás, acabo de inventarlo, y eso, desde luego, no le resta validez alguna, además expresa una realidad tan definitiva como literal. No así el segundo, que de literal nada, pues por mucho que te guste correr, tarde o temprano, vas a cansar… Jaja… me acuerdo de niño, cuando uno de nosotros se hacía el sabiondo refraneando siempre se le ponía freno con el mismo: “Hombre refranero maricón o pilonero”. ¡Lo que han cambiado las cosas! Hoy ese refrán más bien sería un estímulo.

En fin. A lo que iba… puf, ¿a qué iba yo? Hay algo que quería decir, pero es inútil que trate de recordarlo, me vendrá cuando deje de buscarlo y después de pasada la oportunidad de contarlo.

Este… Que sí. El que es curioso… ¡AAAAAAAAAh! ¡Me acordé! Iba a decir, porque se me había venido así de repente, después de lo de “literal”, ¡la edad! La edad sí quita curiosidad. ¡Tantas cosas que me habrían hecho “morir de curiosidad” tiempo atrás! Y ahora nada. Coño, otro refrán que me invento ya: “En acojonamiento convierte la curiosidad el tiempo”. Qué realidad tan acojonante acabo de manifestar. Y, además, liga con el motivo que me sentó a escribir, que no es otro que el de reflexionar sobre ciertas cuestiones que nos acercan, que nos ponen, más cerca de la muerte… Pero no quiero dar la tabarra y creo que ya el asunto se me fue de las manos, de manera que en dos palabras diré lo que pensaba decir con las que, más o menos, caben en una página.

Si el aleteo de las alas de una mariposa en la Amazonia puede haber sido el causante del desastre en Birmania, ¿te imaginas lo que en el mundo pueden causar – están causando – los aspavientos científicos, y no cientificos, del ser humano?

Mejor que no te pique la curiosidad, porque, si te pones a rascar, podrías sufrir un violento subidón de catecolaminas que convertirían tu sangre en una pasta de tomate imposible de transitar por tu sistema circulatorio y que traería como consecuencia, no ya un tomate enlatado, sino un fiambre, tú, encajonado.

No siempre es mala la ignorancia.

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