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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

O todos moros o todos cristianos

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 12 de mayo de 2008, 05:53 h (CET)
Durante la primer legislatura con José Luís Rodriguez Zapatero al frente del Ejecutivo los monseñores se dedicaron a pastorear a su grey por calles y alamedas, cualquier excusa era buena para llevar a la calle la protesta y los purpurados, gorra beisbolera a la cabeza, se mezclaban con la plebe y rodeados de banderas, naturalmente rojigualdas, y pancartas contra el Gobierno procesionaron un sábado sí y otro también rogando a su Dios que apartará del gobierno de la nación a ese Zapatero de cejas satánicas. Pero o no gritaron los suficientemente alto o su Dios no les tuvo demasiado en cuenta. Llegaron las elecciones y de nuevo volvió a sentarse en la cabecera del Consejo de Ministros Zapatero, “el maligno” seguía rigiendo los destinos de una España que los monseñores no querían ver ni “roja ni rota”.

Ahora, nada más iniciada esta segunda legislatura de Rodriguez Zapatero, es una mujer la que lanza su envite a la Iglesia Católica. La Vicepresidenta Maria Teresa Fernández de la Vega insinuó hace unos días la posibilidad de que durante esta legislatura se revisase la Ley Orgánica de Libertad Religiosa que entró en vigor en 1.980. Desde la aprobación de la Constitución vivimos en un Estado aconfesional pero sigue siendo la religión católica la que sigue estando presente en la mayoría de las circunstancias de nuestra vida. Su simbología aparece tanto en los actos institucionales (ese crucifijo siempre presente en la toma de posesión de los nuevos ministros) como en nuestra vida diaria (esos colegios religiosos, concertados o no, que seguimos manteniendo vía impuestos), y es que los casi cuarenta años de nacional catolicismo franquista han dejado una amplia huella entre nosotros.

Las palabras de la Vicepresidenta no han sido bien recibidas por la jerarquía de la Iglesia Católica aunque de momento no harán declaraciones hasta que vuelvan de visitar al Papa y, seguramente, reciban órdenes, pero tampoco han cosechado un entusiasmo especial entre algunos dirigentes socialistas, unos las repudian por convencimiento religioso ya que compaginan su militancia socialista con una firme fe en los mandamientos católicos mientras que otros, solamente prácticos, no quieren tener nuevos enfrentamientos con los monseñores. Y aunque María Teresa Fernández de la Vega ha dicho que “protegeremos las ideas de quienes no creen”, difícil lo va a tener para llevarlo a la práctica si ello supone recortar un solo milímetro las prebendas y canonjías que viene ostentando la Iglesia Católica. El Concordato vigente, un pacto entre Estados, se firmó en el año 1979 justo cuando nuestra democracia todavía andaba apoyándose en el tacatá de la transición, hoy casi treinta años más tarde ningún gobierno se ha atrevido a ponerle el cascabel de su revisión al gato del Estado Vaticano y la Conferencia Episcopal española con Rouco al frente de las mesnadas purpuradas.

Y mientras todo esto pasa la jerarquía católica sigue desafiando al Gobierno democráticamente elegido mandando sobre los profesores de religión que pagamos todos con nuestros impuestos, recaudando fondos del Estado gracias a lo establecido en el concordato y llevando el agua a su molino, naturalmente el de la derecha más extrema. Pero los seminarios y las iglesias cada día están más vacíos y alguna parte de ello le debe corresponder a la jerarquía eclesiástica que sigue siendo incapaz de hacer autocrítica y siempre culpa al de enfrente de sus males.

Recomiendo tranquilidad a los monseñores, su monopolio no está en peligro, ningún político se va a atrever en España a recortar sus privilegios y a seguir dándoles el tratamiento especial que reclaman. Aquí seguiremos con los de “o todos moros o todos cristianos” pero, naturalmente, con la balanza decantada hacía el lado de todos cristianos. Musulmanes, judíos y protestantes pueden seguir reclamando un mismo trato que sus hermanos católicos pero ya pueden dar gracias a que estos no pidan para ellos la purificación en la hoguera de la Santa Inquisición. Al fin y al cabo lo hicieron durante siglos y ya dice el refrán que “la cabra siempre tira al monte”.

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