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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

En torno a la dicha o felicidad

Ángel Sáez
Ángel Sáez
domingo, 11 de mayo de 2008, 09:33 h (CET)
Esta mañana, como otras muchas, encima de la mesa de mi escritorio he hallado, dividida en dos partes (la primera lleva la firma de Florentina Baldamero; la segunda, de Félix Unamuno), escrita con su habitual letra menuda, una nueva revelación de Ezequiel, mi ángel profético, que dice de esta guisa:

“Querido Félix:

“Como acabamos de hablar por teléfono, ya nos hemos dicho casi todo. No obstante, ahora deseo insistir en que te quiero. Menos mal que hay poca gente en el cíber-café y que estoy al fondo del local, en el ordenador más alejado. Si los presentes vieran la expresión que tengo en este preciso momento, se darían cuenta de que soy una mujer embelesada, enamorada, una abuela divorciada, pero encandilada.

“Te amo (como te gusta decir a ti) un montón (o dos; y aun más). Ahora lo que más me preocupa es que los dos nos encontremos bien y sigamos estupendamente de salud; y que nos cuidemos mucho, hasta que llegue el día, primero de agosto, en el que podamos mirarnos a los ojos. Yo, sobre todo, sueño con eso y con darte mi primer abrazo, porque el resto de las acciones que planteas vendrán como corolario, por añadidura.

“Tengo la sensación refractaria, Félix, de que te conozco desde siempre; y me pregunto cómo puede ser esto cierto o suceder así la cosa, porque lo apodíctico e incontrovertible es que resulta y ocurre de esta guisa. Pienso que, cuando mis pupilas vean las tuyas, se reencontrarán. Tendrán la impresión de haberse mirado otras muchas veces, de haberse reconocido recíprocamente. Otro tanto cabrá decir de nuestras almas y epidermis, que, asimismo, tendrán sensaciones de haber estado conectadas por algún cordón o hilo invisible, de haber convivido juntas, de haber dormido juntas; y es que, cuando me voy a dormir, si no es pensando que te abrazo, no consigo conciliar el sueño. Es tan fuerte esta sensación, que la interpreto como real. A veces, al despertar, mi piel recuerda las caricias, cosquillas o mimos que le proporcionó estar en contacto con la tuya durante la noche anterior.

“Ayer te abracé más fuerte de lo habitual y te susurré al oído todo lo que significas para mí. No sé, querido, si logro explicarme; espero que tú sí me entiendas. Todo lo que llevo escrito se resume en estas dos palabras: Te amo. Desde que ingresaste en mi vida, hace miles y miles de años, estás a mi vera, porque eres mi sombra, y vas conmigo a todas las partes. Es tal la felicidad que obtengo al notarte cerca, que sólo me falta mirarte a los ojos y abrazarte para ser lo que deseo, la mujer más leda del orbe.

“Te mando un vagón repleto de besos.

“Tengo la impresión de que mi corazón no me cabe en el pecho, de lo dichosa que soy y estoy por ti, Félix, razón de mi felicidad.

“Te admira, adora y ama tu Tina”.

“Mi vida:

“¿Ves por qué te amo como un chiquillo a su primer y definitivo amor? Porque un día te comiste a la madre Teresa de Calcuta y otro a Rosalía de Castro, Juana de Ibarbourou o Teresa de Cepeda y Ahumada, Santa Teresa de Jesús (y hasta puede que, de un solo bocado, a las tres juntas), o sea, porque eres una mujer buena, excelente, y una poeta aún mejor, y aun en grado elativo, óptima; y porque sé (al menos, tengo esta certeza) que somos almas gemelas, medias naranjas (de ahí, la idea del reencuentro). Quiero que sepas que, hace un rato, tras dejar de hablar contigo, mientras paseaba (rememorando tus palabras) por las calles del barrio de Fátima, en Algaso, he vuelto a hacer mentalmente el Amor contigo, quiero decir, a fantasear que estábamos echando un “eroskiki” sobre la fina arena de una playa desierta.

“Me encanta que seas una mujer enamorada y me arroba que lo estés del menda, quien te ama con toda su alma. Me ha embelesado tu estupenda declaración de Amor. Nadie me había escrito nunca unas líneas tan lindas.

“Yo también sueño con mirarte a los ojos y darte el primer abrazo (y mil cosas más). Pero ya te he adelantado y comentado lo que verás y sentirás en ellos, el Amor en grado su(pre)mo.

“Tú, Tina, eres la razón de mi vida actual y el corazón de mi futura. Eres omnímoda, pues todo lo ocupas. En el espacio-tiempo que sea (donde me encuentre), siempre apareces tú, iluminándolo todo. Mi madre, Iluminada, me alumbró, pero tú inspiras e inspirarás toda mi literatura (llena de tu aroma o esencia, de nuestra existencia).

“Te abrazaré siempre. Piensa que viviremos juntos donde decidamos. Aunque nuestros deudos y vecinos nos aspen.

“Me peta un montón que tengas más de dos dedos de frente, quiero decir, sentido común (el menos común de los sentidos), y todos tus atributos y encantos en su sitio. Que sepas que voy a explorar despacio, como hace un paleontólogo prototípico, hasta los rincones más recónditos de tu anatomía.

“Te agradece que seas tan buena con él, quien te da mil besos a lo largo y ancho de tu esqueleto, tu Félix”.

Florentina Baldamero y Félix Unamuno.

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