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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

El candidato de Esperanza Aguirre

Mario López (Madrid)
Mario López
viernes, 9 de mayo de 2008, 17:04 h (CET)
Esperanza Aguirre sueña con elevar a su bello ideal, Juan José Güemes, a la más alta dignidad política del Estado, como María Luisa de Parma hizo con el Príncipe de la Paz en tiempos por estos días bien recordados.

Ya la vimos y vemos traerlo y llevarlo con más pena que gloria, pero con inquebrantable ahínco, apretado a su regazo, de una Consejería a otra, y hemos asistido sobradamente al espectáculo baladí que el pobre baranda es capaz de ofrecer. A los ojos de cualquier neutral, el joven es bisoño, muy bisoño y zoquete; majadero, en suma. Pero ella tiene hurtada la razón a sus encantos incontinentes y no entiende más que de su pelo, de sus labios, de su seráfica mirada… En la Consejería de la Mujer, Güemes fue menos que cero y ahora, en Sanidad, sólo ha abierto la boca para darnos breve testimonio de que, mal que bien, sabe hablar; pero ni la más remota esperanza –valga la redundancia- de maña alguna para el gobierno de la cosa pública. Pero Esperanza está hecha de puro fuego y hasta que no vea al amor de sus amores coronado príncipe no parará. Ya ha despejado el camino de Génova, alejando a molestos merodeadores del cetro neoliberal. Primero cayó el alcalde Gallardón –que tiene mucha ilustración-, después Zaplana y, por fin, el último Argos del PP, Acebes. Ya está maduro el siglo para caer sobre Rajoy y culminar triunfalmente la empresa más cara a la arpía de Malasaña. Esto lleva todas las trazas de repetir la tragedia de Macbeth. Esperanza tiene su ascendente lírico y su natural épico, así que no ha de llamarnos a engaño. Atended bien, incautos compromisarios del PP, para las anunciadas primarias no va ser ella la candidata que ella presente sino el peripatético pífano que le da arrobo, Juan José Güemes. Me juego un cordero en el Senador.

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