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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Tres crías de lince ibérico

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
jueves, 8 de mayo de 2008, 03:06 h (CET)
Hace pocos días una hembra de lince ibérico parió felizmente tres crías. Me uno a la alegría de los ecologistas y defensores de la fauna por el acontecimiento. Si alguien hubiera interrumpido voluntariamente el embarazo de este animal seguramente se habría armado la marimorena, por matar tres preciosas crías de lince ibérico.

En cambio matar más de cien mil crías de hombre cada año, no produce ninguna conmoción entre los defensores de la naturaleza. Como la especie humana no está en peligro de extinción no hay que preocuparse por la desaparición de millones de ejemplares. Es más, he leído a insignes defensores de la naturaleza que quieren imponer una drástica reducción de la natalidad para ¡salvar el planeta! Algunos hasta dicen que evitar el nacimiento de un niño es el mejor regalo que se puede hacer al planeta para su sostenibilidad. Para estos predicadores del control de la natalidad, todos los medios son aceptables, desde los anticonceptivos al aborto.

Hay que reconocer que van consiguiendo inexorablemente sus objetivos a través de inventos como la Carta de la Tierra, una especie de nueva diosa pagana a quien adorar y ofrecer sacrificios, proclamación de nuevos “derechos”, como el aborto, tratando de universalizar su despenalización desde los organismos de la ONU, aceptación, equivalencia y promoción de todo tipo de conductas sexuales, manipulación del lenguaje: interrupción voluntaria del embarazo por aborto, libertad sexual por promiscuidad e incluso perversión de menores, salud reproductiva por práctica del sexo sin responsabilidad y eugenesia, derecho a una muerte digna por eutanasia inducida, educación para la ciudadanía por adoctrinamiento o moral de consenso por burdo relativismo y rampante laicismo.

Padecemos la terrible dictadura de lo “políticamente correcto” en la que cualquier manifestación que no vaya en la dirección del progresismo imperante resulta de inmediato descalificada con falsas, pero disuasorias etiquetas: machista, fascista, fundamentalista, xenófobo y otras más finas pero igual de potentes: neoliberal, es decir, culpable de la “perversa globalización” y neocons o partidarios del imperialismo norteamericano.

Los que no creemos en falsos progresismos y pensamos que lo mejor de la naturaleza es el hombre, lo tenemos difícil. Defender la vida desde la concepción a la muerte natural no es lo que se lleva. Se pide una moratoria mundial sobre la pena de muerte, pero no sabemos si tendrá éxito la moratoria sobre el aborto que impulsa Ferrara. Lo que impulsa la Comunidad Europea es la despenalización del aborto, como puerta abierta a considerarlo un derecho ilimitado de la mujer sobre su cuerpo.

Los que creemos que la práctica de la sexualidad como mero intercambio de placeres ocasionales es aberrante e incapacita a las personas para un amor auténtico, de entrega, donación y complementariedad tenemos enfrente la potente industria del sexo trivializado, hecho espectáculo o pornografía y la no menos potente industria de los anticonceptivos y las clínicas abortistas.
Los anticonceptivos no evitan abortos sino que los multiplican. Los anticonceptivos incitan al sexo sin responsabilidad y abandonados a los instintos animales no hay freno alguno.

Sólo cuando las personas someten sus instintos a la razón y se entrenan en esa virtud tan vilipendiada como la castidad, están en condiciones de encontrar el amor en el matrimonio. La fragilidad de las parejas actuales tiene su causa, en la mayor parte de ls casos, en las relaciones sexuales entendidas desde que se iniciaron en ellas, como mero intercambio de placeres y no como donación y entrega gratuita.

Invito a todos los que comparten estos valores a luchar contracorriente, por grandes que sean las dificultades. Merece la pena.

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