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El alma de la sociedad

José María Moncasi de Alvear
Redacción
jueves, 8 de mayo de 2008, 03:06 h (CET)
El alma del hogar. Tiene cuerpo. Muy concreto y es precioso. Su silueta es femenina. Mi hija, sensata, intuitiva, lectora empedernida, responsable, amiga de sus amigas y muy tierna, me decía que soy un despistado. “Mi hermano y yo le hemos preparado un detalle, tonto, pero una sorpresa. Y tú ¿Qué le vas a regalar?” Mi rostro, un poema. Se lo pueden imaginar.

Comienzo a explicarle que eso del día del padre y la madre me parece un artificio y que es un invento marketiniano de las grandes superficies y los comercios para aumentar caja. La registradora me refiero. Nada más lejos de la realidad, aunque sí que es cierto que John Wanamaker financió la campaña de lanzamiento de una campaña para la difusión de la importancia de tan señalado día.

El asunto es que luego pensé en mi equivocación. A unos hijos no se les puede llenar de argumentos racionales cuando lo que está en juego es la alegría del hogar. Me estoy refiriendo a la figura de la madre que anda necesitada de cortejo y piropos. Me mira con ojos cómplices de amor, paciencia y amistad. Nuestros hijos asoman su rostro cuando ella anda cerca. Saben que es la garantía de felicidad, de la estabilidad familiar y que es su entrega la que le convierte en un ser muy especial. El Altísimo le confirió algo divino. Por eso y por mucho más, como cantaba Julio Iglesias, nunca encontraré un amor igual.

Ya saben que el día de la madre fue sugerido originalmente en 1872 por Julia Ward Howe, autora de “The Battle Hymn of the Republic”. Aunque la idea original era que ese día las mujeres protestasen contra la guerra. Deben de saber que Virginia occidental se convirtió en el año 1910 en el primer estado norteamericano en proclamar un ‘Día de la Madre’. Un año después casi todos los estados de ese país adoptaron esa celebración. En 1913 y a raíz de una resolución de la Cámara de Representantes que exigía a los funcionarios lucir claveles blancos el Día de la Madre, el presidente Wilson declaró “el segundo domingo de mayo como una expresión pública de nuestro amor y reverencia por las madres de nuestro país”.

La madre de familia busca la ayuda que alivie la tensión de su tarea tan abnegada. Ya lo decía Wilson el siglo pasado. “Una familia que no cuida como debe de su alma – esposa y madre – está condenada al hastío, al desamor o la ruptura y una familia sin alma deja de ser familia”. Y una sociedad sin familias está abocada al fracaso, a un sin vivir, a un delirio constante. Su sola presencia en nuestros hogares es una carta permanente para los demás, para el mundo que nos rodea. Su mensaje es alivio para los demás.

Ahora, pienso en el padre. La figura paterna es importantísima en la educación de los hijos. Lo tengo demostrado. Día a día mi mujer me lo recuerda. Es verdad, lo palpo y siento. En Estados Unidos se creó el ‘Día del padre’ para “establecer relaciones más intimas entre los padres y sus hijos y para inculcar a los padres la medida total de sus obligaciones”.

El presidente Calvin Coolidge suscribió, en 1924, una resolución pero sin ser elevado a rango de fiesta nacional. Simplemente recomendaba la ‘celebración generalizada’. Luego Richard Nixon, en 1972, estableció el Día del Padre como fiesta nacional permanente a ser celebrado el tercer domingo de junio cada año. Y así lo celebran.

Aquí, en nuestros hogares, todos los días deberíamos de celebrar el día del padre y el día de la madre, que es el alma de la sociedad.

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José María Moncasi de Alvear es consultor de comunicación.

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