Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El dominante laicismo invasor

Roberto Esteban Duque
Redacción
jueves, 8 de mayo de 2008, 03:17 h (CET)
Adela Cortina, nuevo miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, ha calificado de “poco afortunadas las actuaciones de la Conferencia Episcopal Española (CEE)” en lo relativo a Educación para la Ciudadanía (EpC). ¿No será más bien que la posible ausencia de prudencia y discreción de la CEE es el resultado de una política vertiginosamente laicista practicada por el gobierno de la nación española desde el año 2004? ¿No habría que admitir, como afirma Lola Velarde, también miembro reciente del Pontificio Consejo de Laicos, que la nación española asumió, desde la entrada en el gobierno de Zapatero, un claro proyecto laicista “que es la punta de lanza de un proyecto que se replica en otros países de Europa y de Hispanoamérica”, una corriente “laicista, relativista y de ideología de género” en la que España se ha convertido en piedra angular?

Adela Cortina no ve, o no quiere ver (algo todavía peor), que no se puede imponer EpC cuando los ciudadanos seculares (opuestos a la Religión) no están dispuestos a recorrer procesos de aprendizaje complementarios. ¿O es que somos los católicos quienes tenemos que modernizarnos y aceptar la pluralidad, mientras que el irreligioso ciudadano está exento de una concepción reduccionista y secularista de la vida que no admite nada fuera de un laicismo de indiferencia, desprecio o neutralidad ante lo religioso? En la medida en que no se respeta ni reconoce la cultura religiosa se adolece de cualquier virtud laica. ¡No nos trate de ingenuos, señora Cortina, no nos confunda con la perversa identificación y reducción de vincular la tolerancia y respetuosidad dentro de la Iglesia con la comunión de EpC!

El objetivo del laicismo instalado en el gobierno socialista de España, hijo del marxismo y de la Ilustración, anticlerical y antirreligioso (aunque ni Zerolo ni Cuesta sepan justificar intelectualmente el motivo) sólo consiste en debilitar a la Iglesia católica. ¿O existe el bobo ilustrado y biempensante capaz de creer que las políticas de laicidad se dirigen a la lucha contra la marginación social o la integración de los inmigrantes? Albergar alguna duda sobre el laicismo de Zapatero molesta profundamente al sentido común, tanto como pensar que Zerolo es la quintaesencia del columnismo hispano, o como que estamos atravesando un proceso natural de secularización que exige la privatización de la Religión de la esfera pública. Las políticas laicistas, gays y progres, forzadas e innecesarias, en absoluto demandadas por la sociedad española, sólo pueden crear conflictos y despropósitos, no por torpeza de la Conferencia Episcopal, sino por la maldita asebeia de Zapatero, así como por una concepción secularista de la Democracia que sobredimensiona la cultura neoburguesa y herética, progenie de una infundada “mala educación”, visible en el pensamiento anticlerical invasor dominante de la new age de la modernidad.

El gobierno de la nación española pretende un “Estado ético” encargado de impulsar una determinada moral colectiva, un Estado funcional para la inmoralidad, un individualismo ajeno a cualquier moral. Zapatero constituye una oportunidad histórica excepcional para las asociaciones laicistas españolas en su idea de impulsar su proyecto, al margen de que el ciudadano medio no considere una prioridad nacional establecer un marco jurídico-político laicista para la modernización de España. Nadie duda que ha sido la llegada de Zapatero al Gobierno lo que ha provocado la reactivación y expansión del laicismo, aunque sus impulsores se remonten a la década de los ochenta y noventa.
El gobierno de España ha convertido el laicismo en dogma, es decir, en una decisión ideológica y política que sólo espera el aggiornamento, la puesta al día, la cristalización en el ordenamiento jurídico de un diseño de constitucionalización laicista del parlamento, un programa coincidente con la separación absoluta del Estado y la Iglesia (algo que sólo existe en cinco países del mundo, y que se está replanteando en cuatro de ellos), así como con la privatización de la Religión. En el gobierno de España está perfectamente organizado un frente laicista que propugna un proyecto de nacional-laicismo para privatizar la Religión y minar la influencia de la Iglesia católica en la esfera pública.

Las demandas, sin embargo, de semejante frente laicista se ven ya superadas desde hace decenios en Europa. ¿O alguien puede creer, excepto un Estado totalitario y un laicismo excluyente parecido al practicado por Peces Barba, en la estricta separación entre el mundo de lo privado y el mundo de lo público? ¿Quién, excepto radicales laicistas, puede solicitar la ruptura o derogación unilateral de los Acuerdos con el Vaticano? ¿Quién no advierte, sino el ideólogo excluyente, o el desprecio de Savater hacia los individuos creyentes, que la Religión es un hecho social público y un bien para la sociedad? ¿Qué hombre realista puede oponerse a la presencia pública de lo religioso o reducir su ámbito a la conciencia de la persona? Quizá todavía haya demasiados españoles obstinados en hacernos creer que, como pensaba Diderot, es más útil para la humanidad saber la diferencia entre el perejil y la cicuta que tener una opinión definitiva sobre Dios.

Noticias relacionadas

El Satélite Mohammed 6 B levanta vuelo

La nación marroquí sigue su firme camino hacia la modernidad asimilando los avances tecnológicos del mundo

Sánchez a tumba abierta intentando darle el vuelco a España

La influencia de Pablo Iglesias y la necesidad de dar apoyo a los soberanistas, le impulsan a entrar a saco con el modelo de Estado de España

Celestina o “el Tinder” prerrenacentista

Una remozada “Celestina” resucita en la magnífica adaptación de la productora Un Pingüino

Donde se habla de encuestas sorpresivas y de otros temas

“Todo el estudio de los políticos se emplea en cubrirle el rostro a la mentira para que parezca verdad, disimulando el engaño y disfrazando los designios.” Diego de Saavedra Fajardo

Wittgenstein

​Una de las afirmaciones hechas por las personas que apoyaron la "I Carrera contra el suicidio" se refería a que quieren que este tipo de muerte deje de ser un tabú y que pase a ser estudiado con detalle para poder evitar fallecimientos por esta causa.
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris