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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La Justicia huye de España ¡llegó la dictadura!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 7 de mayo de 2008, 03:10 h (CET)
Estaba cantado. No hacía falta ser un adivino ni tener una mente privilegiada para darse cuenta de la forma basta, partidista, retorcida y contraria al sentido común, con la que el Tribunal Constitucional, el máximo órgano representativo de la Justicia del país, el supuesto garante de que los preceptos establecidos en la Constitución –que nos dimos los españoles y que fue aprobada por un referendo entre todos los ciudadanos –, sean cumplidos tal y como en ella se especificaron; ha tratado el recurso que presentó el PP planteando la inconstitucionalidad del Estatut catalán.

Si ya es grave que el Ejecutivo interfiera en las competencias judiciales, que haya invadido el ámbito de la fiscalía con señores como Conde Pumpido, –a los que les importa un bledo las leyes y que sostienen que los preceptos legales han de ser interpretados de acuerdo con los vientos políticos que soplen en cada momento– o un energúmeno como el ministro de Justicia, el señor Fernández Bermejo, que presume de estar por encima del bien y el mal, que actúa más que como un defensor de las libertades y los derechos de los ciudadanos como un “comisario” de la Lubianka moscovita; mucho más lo es que, el propio TC, el más alto estamento de la cúpula judicial, no sólo se haya mostrado como un circo romano en el que gladiadores de uno y otro color se han batido en defensa, no de la Ley, sino de sus ideas políticas y sus ligámenes partidistas, si no que también, en connivencia con el poder político, ha puesto los medios para inclinar la balanza que esta dama, la de la venda delante de los ojos, sostiene con pulso tembloroso, inclinada hacia el lado de la desvergüenza, el separatismo y la antiespañolidad.

Si ya es preocupante que, un rotativo catalán, antes de que el tribunal haya tomado decisión alguna sobre el recurso del que está tratando, se adelante y, en primera página –no se sí para presionar o para apoyar a los que intentan convertir a Catalunya en la autonomía más privilegiada de toda la península o para darnos una muestra de sus resortes políticos­ –, anuncie que ya está decidido que Catalunya pueda ser considerada una nación y que, al parecer, la Constitución es tan flexible que, en nuestro Estado, pueden coexistir varias naciones (supongo que con sus propias lenguas y sus propias leyes); todavía resulta más incomprensible que, un ente de la importancia del TC, por el efecto de sus resoluciones, por la categoría de sus interpretaciones y por el peso de quienes lo integran, pueda permitir que se filtren informaciones de un calado semejante.

Pero ¿de qué nos extrañamos? Si hace tiempo que hemos certificado el fallecimiento del Estado de Derecho. Las sentencias de los tribunales que se han producido durante los últimos años, desde que el PSOE se hizo con las riendas del poder, no dejan de causarnos consternación. Las interpretaciones que se hacen de las normas legales llegan, en algunos casos, a vaciarlas de contenido y a convertirlas en inoperantes. Pongamos por ejemplo la ilegalización de ANV o mejor dicho, su legalización de una parte de ella para poder presentarse a las elecciones y su ilegalización de otra para el mismo fin. El Tribunal Supremo reconoció su estupefacción ante la arbitrariedad de la fiscalía de impugnar sólo unas determinadas candidaturas y, sin embargo, no lo hizo con las otras que, fíjense ustedes, coincidían con aquellas que estaban presentadas en poblaciones donde la banda tenía más posibilidades de ser elegida. Ahora, no obstante, el propio Ejecutivo ha reconocido que son lo mismos perros que Batasuna y ETA, sólo que con diferentes colores. Tarde, como siempre, mal y a destiempo.

Si se trata de los derechos de los ciudadanos, y concretamente de los que concede la Constitución a los padres para escoger la clase de formación moral y religiosa de sus hijos; vemos que están siendo coartados, suplantados y suprimidos en beneficio del poder político que es quien, en definitiva, establece las reglas y pone los medios para que las enseñanzas que reciban nuestros hijos se amolden al ideario moral y laico que ha decidido que se implante en lo que queda de nuestra España. No parece que haya ningún tribunal, con la honrosa excepción del TSJA, que parezca que se haya escandalizado ante tal atropello. Si hemos de ser veraces, tampoco parece que algunos sectores de la iglesia se hayan alborotado por la aplicación de esa bazofia a los que algunos han designado como “Educación para la Ciudadanía”. Lo que ocurre es que, para algunos clérigos, y me refiero a la FERE, las palabras de Jesucristo declarando que: “Mi reino no es de este mundo” no les apetece que se les recuerden, porque han preferido ceder ante el Gobierno antes que dejar de percibir las subvenciones que reciben de él.¡Vaya un ejemplo para los fieles!

Y veamos, como puntilla final, la forma en que se está permitiendo que el precepto constitucional que dice que todos los españoles tienen el deber de conocer la lengua española y el derecho de usarla, está siendo violado impunemente en comunidades como la catalana, la gallega, la vasca y la balear; en las que, no solamente se ponen impedimentos para su estudio, sino que incluso se prohíbe rotular en ella o utilizarla en los colegios públicos o, incluso, que sea usada por las fuerzas del orden en sus contactos con la ciudadanía. El hecho es que, normas estatutarias, normas de menor rango que la Constitución, tienen más fuerza ejecutiva que los preceptos emanados de nuestra Carta Magna. Pero no se tiren de los cabellos, no eleven sus gritos al cielo, porque es inútil. El pueblo español, mayoritariamente, ha apoyado a quienes se han saltado las leyes a la torera durante toda la pasada legislatura, aquellos que se propusieron desintegrar España, favoreciendo los separatismos, y los que han traicionado, con sus doctrinas relativistas, con su concepto maniqueo de la moral y las buenas costumbres y con sus trampas saduceas los principios básicos de la democracia. ¡Ya tenemos lo que algunos querían: la democracia dictatorial y el pensamiento único! España y muchos patriotas se lo demandaremos.

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