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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Latigazo al Laborismo

Isaac Bigio
Isaac Bigio
miércoles, 7 de mayo de 2008, 03:11 h (CET)
El premier Gordon Brown tuvo sus primeras elecciones y en éstas su partido ha sufrido su peor derrota electoral en cuatro décadas. Tras ello su gobierno entra en agonía y los conservadores se sienten que llegarán al poder en menos de dos años.

Los laboristas han quedado terceros con apenas un 24% de los votos, mientras que los liberal-demócratas le han superado por un punto y los conservadores casi les han duplicado al llegar al 44% de los votos.

Ciertamente, estos no han sido comicios a nivel general o alrededor de cuestiones de gobierno, pues han sido elecciones para 159 consejos en Gales y en varias urbes de Inglaterra y para la alcaldía y asamblea de Londres. La mayoría de los británicos no han acudido a votar y en las decisiones se toman en cuenta muchos aspectos locales.

La victoria conservadora se ha dado exactamente once años después que los laboristas sacaran a este partido del poder en el que estuvieron 17 años (de 1979 a 1997). Los ‘tories’ se jactan de haber logrado su mayor victoria desde 1992 cuando John Major logró quedarse como primer ministro y que ya están cerca de volver al gobierno pues las siguientes elecciones generales deben realizarse en menos de 24 meses.

A lo largo de esta actual administración los laboristas usualmente han salido mal parados en elecciones municipales en Inglaterra para luego ‘vengarse’ y ganar en las generales. Ellos aseveran que una cosa son comicios donde participa menos gente, sobre temas distritales o donde el electorado busca protestar contra el gobierno a medio camino de su mandato y otra es cuando se debaten políticas económicas y sociales y hay que tomar decisiones más serias.

Si bien Blair supo tramontar derrotas electorales municipales a ‘mitad del término’, esta es la primera elección que ha confrontado Gordon Brown y a tan solo menos de un año de haber llegado al premierato.

La escala de la derrota de Brown se compara a la que en 1968 obtuvo el entonces primer ministro laborista Harold Wilson en las municipales de 1968. Sin embargo, Wilson previamente (en 1964) hizo que su partido gane las elecciones generales. En cambio, Brown ha llevado a su partido a su peor catástrofe electoral en una generación y en los únicos comicios en los que ha liderado a su partido.

De allí que la paliza que ha recibido el laborismo hoy sea peor que la que se produjo hace 40 años. En cierta manera, el laborismo ha pagado caro el haber designado a Brown como su jefe y como su primer ministro sin que haya habido alguna votación ya sea a nivel de su propia militancia o a escala nacional.

La derrota municipal del laborista Wilson en 1968 condujo a que dos años después su partido perdiera el poder, aunque él luego retornara al premierato en 1974-76. La debacle de Brown este primero de mayo más se asemeja a la derrota electoral que tuvo el primer ministro ‘tory’ John Major antes de cavar su mandato y que pavimentó el arribo de Tony Blair al poder en 1997.

Ken cayó por recibir del gobierno un abrazo de oso gordo

La pugna por la alcaldía ha sido muy estrecha y esto implicaría que Ken Livingstone, aunque ha perdido por poco, he ofrecido un mejor resultado que el promedio del laborismo a nivel nacional. Es más, es muy probable que el ‘rojo Ken’ haya duplicado el porcentaje del 24% que su partido ha sacado a nivel nacional.

Poco antes de los comicios Ken decía que si perdía eso se debería a que la política se ha des-ideologizado y que la gente ahora opta por personalidades. Empero, lo que más ha mermado a Livingstone es su propia asociación con el gobierno.

En el 2000 él llegó a la alcaldía compitiendo contra su partido quien le expulsó cuando él se negó a aceptar el veto que Blair y Brown le impusieron contra él para candidatear (pese a haber sido electo por las bases londinenses del laborismo). Entonces él venció con una amplia votación, la misma que se achicó un poco en el 2004.

Si en el 2000 su victoria creó problemas al ‘nuevo laborismo’ de Blair y Brown, hoy su derrota puede implicar el inicio de la caída de éste. Livingstone ha mostrado un fuerte apoyo en capas asalariadas, en las minorías étnicas y en las zonas centrales (y menos ricas) de Londres. No obstante, lo que le ha minado fuerza es el desgaste del gobierno de Brown quien ha enajenado a las minorías con sus políticas cada vez más duras ante los inmigrantes y a los sectores tradicionales del laborismo (como los sectores menos favorecidos) con sus constantes recortes a los beneficios sociales y al haber ensanchado 9en vez de haber achicado) las diferencias sociales entre los que tienen mucho y los que tienen poco.

El abrazo que Ken recibió de Gordon fue el de un oso gordo que le estranguló.

La crisis laborista
La debacle de Brown va a acentuar una pugna interna en el laborismo. Los sectores ligados a Blair dirán que la culpa de la debacle es el estilo manipulador e intrigante de Brown y que se debe seguir acrecentando el giro hacia el mercado que su líder inició. En cambio, Tony Benn, el líder histórico de la izquierda laborista, ha declarado que esta debacle es un castigo al blairismo quien ha significado la continuación del thatcherismo, y que el laborismo debe volver a sus raíces y dejar de hacer tantas concesiones al mercado para volver a conseguir el apoyo de los más necesitados. Para él el estallido de la crisis económica empuja a la gente a la desesperación y en el caso de Italia hace crecer al fascismo. Por eso es que para él la salida consiste en que la izquierda adopte un curso más radical que atraiga a los más desprotegidos socialmente.

El sector de Brown no quiso permitir que su partido tenga internas y que la izquierda de éste presente a John McDonnell como un candidato contra él. Su argumento ha sido el que ello ayuda a evitar que el partido aparezca dividido pues esto último ayuda a sus rivales conservadores.

No obstante, esta preposición ha sido un talón de Aquiles para el laborismo pues ha mostrado un falso monolitismo que le ha ido corroyendo por dentro.

La estrategia de Brown ha sido la de buscar evitar que los ‘tories’ le remuevan acercándose a sus posiciones y evitando que su partido se desuna por seguir tal curso. Más, ha logrado el efecto contrario. Al copiarse recetas conservadoras son sus adversarios quienes aparecen como los originadores de dichas políticas y los más consistentes en aplicarlas. Por otra parte, por querer penetrar en las capas medias conservadoras, el laborismo se ha ido distanciando de sus bastiones y tampoco ha logrado ganar a la ‘Inglaterra media’. Encima la apariencia de unanimidad ha ido carcomiendo al laborismo.

Sin haber sido nunca electo (en su partido o en su nación) y habiendo llevado a su partido a una gran debacle electoral Brown se convierte en un premier en agonía apenas ha llegado al poder.

Mientras tanto su partido se irá adentrando en una crisis entre quienes quieran mantener la estrategia del ‘nuevo laborismo’ (de girar al partido hacia el centro o la derecha) y la izquierda que querrá aprovecharse de la catástrofe y mostrar que el mejor resultado obtenido fue en Londres donde Ken se distanció del gobierno por apoyar la guerra iraquí.

La nueva estrategia de Cameron
Los resultados del primer de mayo han confirmado el liderazgo de David Cameron. Mientras los cuatro jefes ‘tories’ que le precedieron no pudieron superar en popularidad a Blair, Cameron ha logrado 20 puntos de ventaja en las elecciones locales y en los sondeos.

El se siente a un paso de hacer que su partido retorne al poder en menos de dos años.

Su estrategia consistió en hacer que los conservadores salgan del “gueto” de haber sido confinado a la derecha dura y nacionalista, para girar hacia el centro. Con él los ‘tories’ se quisieron volver ‘verdes’, adoptaron a un árbol ecologista como su nuevo símbolo y empezaron a quererse convertir en el partido ‘amigo de las familias’ y ya no tanto el enemigo de los inmigrantes y de la UE.

Mientras la derecha ha ganado en Italia y Roma con un discurso anti-minorías, los ‘tories’ se han cuidado de seguir esa senda temiendo generar rechazos como los que sus pares derechistas acaban de obtener en España o Francia, y porque creen que la salida a su ostracismo consiste en seguir la senda de la derecha ‘moderada’ en Suecia quien concibe que la mejor manera de derrotar a una social-democracia ‘neo-liberal’ consiste en que los ‘neo-liberales’ se ‘social-democraticen’.

Tras estos comicios el actual gobierno se torna uno en agonía mientras que los conservadores pasarán a tener la iniciativa y a someter a los laboristas a su látigo.

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