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Oda a Leopoldo Calvo Sotelo

José María Moncasi de Alvear
Redacción
miércoles, 7 de mayo de 2008, 03:10 h (CET)
Esta oda es mi particular homenaje a Leopoldo Calvo - Sotelo. Su familia. Estos días nos viene demostrando una entereza sólidamente cimentada en la Fe y cuyo dolor - sereno y esperanzado - nos debe de servir de ejemplo.

El presidente Calvo Sotelo, un demócrata, un gran español y un hombre de Estado. Es el tributo del Rey a esta personalidad que fue parte del edificio constitucional de aquel 1978. Sus cimientos, los de D Leopoldo, y sus valores son los que ahora disfrutamos: La Monarquía, el espíritu de reconciliación nacional, el propósito de no volver a los errores del pasado y la voluntad de mantener un consenso en cuestiones de Estado. Ahora, en la era de R. Zapatero, están cuestionándose día sí y día no. Intenta ocupar la marca “Transición” con ideas o proyectos a los que da el nombre de segunda transición.

Leopoldo Calvo – Sotelo, miembro de una estirpe de políticos y de intelectuales, es un hombre que incluso muerto crea polémica. Y sino, fíjense en los pensamientos de dos periodistas tan opuestos en lo anecdótico y en lo personal. Mientras Federico Jiménez Losantos, en su blog, le reprocha no hacer bien nada más que la transición, Juan Luis Cebrián en El País, le define como “un hombre de talante moderado y buenas maneras, educado desde la infancia para el ejercicio del poder, una persona culta y un conversador ameno, con un sentido del humor muy a la gallega.

Alguien a quién Mariano Rajoy quizá le hubiera gustado parecerse como líder de la derecha española. No fue un hombre de Estado, en el cabal sentido de la palabra, pero sí un político capaz que decidió la entrada de España en la OTAN y trabajó tenazmente por la incorporación de nuestro país a las Comunidades Europeas”. Hasta aquí, buen análisis y juicio certero.

Cebrián me recuerda que el Presidente Calvo Sotelo anheló sentarse en sillón de la RAE (Real Academía de la Lengua) y que obtuvo, para tal fin, cartas de recomendación tanto de Felipe González como José María Aznar. Lástima: No pudo ser. “Virtuoso del piano, experto en economía, persona de erudición considerable y gran lector, Calvo – Sotelo no fue sin embargo hombre de escritura”. Aquí me quedo perplejo.

Un académico y periodista que le recuerda al fallecido su presunta superioridad literaria. Bien lo dice Arcadi Espada. A mí entender, me crea una duda. Si Juan Luis Cebrián contribuyó a que no se sentara en tan insigne sillón o se limitó, más bien, a disfrutar de esa decisión.

La reacción de la España oficial, y su funeral de Estado a la altura de los méritos acumulados a lo largo de una trayectoria ejemplar, es la mejor muestra de voluntad de los españoles que quieren mantener vivo y activo el espíritu de la Transición que tan bien encarnó Leopoldo Calvo Sotelo. Un tiempo que muchos ciudadanos españoles recuerdan con inmenso orgullo.

Descanse en paz.

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