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Etiquetas:   Al aire libre   -   Sección:   Opinión

Cuestión de coeficiente

Pascual Falces
Pascual Falces
martes, 6 de mayo de 2008, 02:30 h (CET)
La situación de gobierno establecida en España después de las pasadas elecciones, entre personas bien educadas, está siendo asimilada con discreción y, hasta cierto punto, con respeto. No es para menos el hecho de no encresparse ante la voluntad manifiesta de once millones y medio de españoles. Esta misma columna interrumpió todo comentario sobre el inefable Presidente a favor de que debiera esperarse a ver qué había aprendido de los cuatro años anteriores y del resultado electoral, para la mejor suerte del pueblo español, y en unos tiempos que se auguran internacionalmente inciertos.

Por el momento, un nuevo “humanismo” parece haber alumbrado el Gobierno para esta nueva legislatura. Con motivo del incidente del barco secuestrado, la vicepresidenta ha establecido claramente que se hizo “todo lo que debía hacer, y nada que no debiera hacerse”. Con lo que la ciudadanía ya tiene una norma de ética “en democracia”. Siempre y cuando no haya víctimas, todo puede ser considerado, dialogado, pactado y “pagado”. Resulta evidente que cuantos sacrificados ha habido en la Historia de España, que los hubo “a mogollón”, sobran, están de más. ¡Lástima no haber tenido ese democrático principio moral desde el comienzo de los tiempos!... cuanta viuda y cuanto huérfano no lo habrían sido.

De ese modo, hasta el “Dos de mayo” es cuestionable. La memoria histórica, bajo tal punto de vista, resulta implacable. Y, en principio, no resulta desencaminada; ninguna circunstancia merece el sacrificio de algo sagrado por esencia, una vida humana. Caín era un hombre equivocado, no tuvo la suerte de ser instruido en esos fundamentos, y ha pasado a la Historia como un desalmado, un asesino, un fratricida. Desde otro punto de vista más consistente, en cambio, le faltó bondad, justicia, y fraternidad.

Hay otro error que se está clarificando merced a las retorcidas maneras que las autoridades y ministros hacen gala cuando “explican” la verdad de los hechos que les incumben. Los comentaristas se ofenden al escucharles, se desgarran las vestiduras, y los hacen responsables de “insultar a la inteligencia de los españoles”. Cabe preguntarse, ¿a qué inteligencia se refieren? ¿A la facultad espiritual con la que se captan, se relacionan y se forman las ideas? Facultad bien definida por otra parte, y que es cuantificable con precisión a través del conocido “coeficiente intelectual”. Cuanto más pequeño resulta, menor es la posibilidad de “insultarle”, y más fácil “darle gato por liebre”, algo que la sabiduría popular tiene bien definido cautelosamente desde hace siglos: ¡Tú, a mi, no me la das!… ¿Quién se siente insultado ante la tergiversación de los términos?

También es conocida la sentencia de que por mucho que alguien se empeñe en deformar a su conveniencia la realidad, luego, siempre viene “el tío Paco con la rebaja”, y se ponen las cosas en claro. La realidad es terca, y termina por imponerse. A veces, hasta por “la tremenda”. Mientras tanto, también asegura Epifanio del Cristo Martínez que, en su pueblo, hasta el más tonto hace relojes de madera, y ¡andan!... El columnista pide disculpas por este “lapsus” o equivocación cometida por descuido. Se refería a que en el pueblo de Epifanio, “los” de coeficiente intelectual más bajo, hacen relojes de madera. Haciendo lo que “debe hacerse”, no haciendo nada de lo que “no deba hacerse”, y teniendo un bajo coeficiente mental, la “verdad” se impone, aunque esté desfigurada en forma de disparate como el de que “ahora es de noche cuando es de día”. Arreglado está el ciudadano para desentrañar los intríngulis de la legislatura si tan sólo dispone de un coeficiente mental “normal”.

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