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¿Habrá cosoberanía en Ceuta y Melilla?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 6 de mayo de 2008, 02:30 h (CET)
No parece que la cuestión de nuestras ciudades de Ceuta y Melilla se haya clarificado. Son muchos los rumores que indican que, cuando se produjo la tirantez entre Marruecos y España, por la cuestión del viaje de SS.MM. los Reyes de España a dichas ciudades, el retorno del embajador de Rabad a Madrid fue debido a una famosa misiva que, el Gobierno de la Nación, le envió al sultán Mohamed VI. Se ha especulado mucho sobre su contenido, pero no es muy arriesgado pensar que una solución, tan rápida e imprevista, se debió producir por algo que en aquella carta se le debía trasmitir al monarca alauí que, sin duda, le motivó lo suficiente para que, de la noche a la mañana, todo su enfado se quedara en agua de borrajas.

Últimamente, se están produciendo hechos significativos que pueden indicar un cambio de posiciones del gobierno socialista de España con respecto a la política en las ciudades del norte de África. Si nos fijamos en los últimos viajes de Moratinos a Marruecos veremos el servilismo que siempre ha mostrado ante su majestad Mohamed VI, su declaración extemporánea respeto al apoyo a que el Sahara se convirtiera en una provincia más de reino marroquí, bajo la fórmula de una entidad autónoma. ¿A qué venía semejante postura, que constituía una flagrante traición a nuestros antiguos ciudadanos? Quizá pudiéramos pensar que, además de hablar de los saharauis, se comentaran otros temas que muy bien hubieran podido ser la situación de las dos ciudades españolas. Otra visita poco justificada, fue la del señor Montilla bajo la excusa de promocionar Cataluña en Marruecos. ¿Fue el señor Montilla un emisario de Zapatero para entregarle algún documento al rey Mohamed o simplemente, se limitó a hacer el ridículo como representante de una nueva nación, Catalunya?

Son muchos los puntos negros relacionados con Ceuta y Melilla y, no es de extrañar que, en las dos ciudades, se comiencen a notar ramalazos de inquietud y desconfianza entre sus ciudadanos que comienzan a sentirse perplejos ante el comportamiento del Gobierno en relación al estatus de ambas ciudades y su relación con el vecino Marruecos. Es evidente que no contribuye a mejorar el clima de desasosiego de la población española –que no acaba de comprender esta actitud contemporizadora del gobierno de Madrid ante un, cada vez más obstinado, vecino que no se cansa de repetir una y mil veces que sus ansias expansionistas están cifradas en hacerse con nuestras dos perlas africanas para incorporarlas a su reino – y, el hecho de que el gobierno central haya decidido retirar tropas de Melilla, sin que se sepa a ciencia cierta cual es el motivo para este debilitamiento de la defensa de la plaza; sin duda, no contribuye a tranquilizar a sus habitantes. A nadie se le escapa que la defensa de ambas villas, separadas de España por el estrecho, precisa de una dotación de efectivos suficiente y perfectamente pertrechados de material, ya que, en caso contrario, puede resultar muy dificultosa la labor de contención ante el empuje de un ejército perfectamente armado, como es el marroquí.

La experiencia de nuestras guerras coloniales debería haber aconsejado a nuestro Ejecutivo para que dotara, a cada una de dichas ciudades, de los medios suficientes para poder aguantar una primera embestida de los invasores, hasta tanto que, desde la península, y con el apoyo de la escuadra y aviación, se pudiera acudir en su auxilio. Nada de eso se desprende de las recientes medidas, de orden militar, que el Estado Mayor del Ejército ha decidido tomar respecto a la defensa de Melilla que, al parecer, va a quedar diezmada de efectivos ante la estupefacción .de sus moradores y del resto de los españoles, que no encontramos una explicación convincente a una medida de tal cariz y envergadura.

A no ser… aquí la especulación es libre de intentar adivinar lo que se está escondiendo detrás de las bambalinas de la política secreta entre los dos gobiernos. Del señor Zapatero y su gobierno se puede esperar cualquier cosa y, cuando decimos cualquier cosa, nos referimos a cualquier postura que a él (no olvidemos que es un autócrata en potencia) le parezca que le puede beneficiar en lo que el considera que es provechoso para sus fines partidistas y sus ideas republicanas; lo que no significa, en modo alguno, que lo sea para los españoles y para España. Recordemos su comportamiento con ETA con la que intentó llegar a acuerdos favorables a la entrega de Navarra a los abertzales como un primer paso hacia la autodeterminación de Euskadi; falló, pero lo intentó. Ahora, quien nos dice que no tenga proyectada una jugada semejante, esta vez protagonizada por nuestras dos plazas africanas.

Hay gente que comenta que pueden existir acuerdos secretos entre Zapatero y Mohamed VI, por los que se podría llegar a un entendimiento por el que se estableciese una co-soberanía de los dos países sobre dichas ciudades. Si estos rumores llegaran a confirmarse, no cabe duda de que sería una pésima noticia para Ceuta y Melilla y, de paso, para el resto de españoles. Todos sabemos como suele funcionar esto de las co-soberanías y más, en este caso especial, en que las ciudades sobre la que se establecería esta forma de gobierno son meros lunares en el mapa del reino de Marruecos. Sería sólo una cuestión de tiempo que ambas villas se acabaran de “marroquinizar” y nadie se podría llamar a engaño sobre el futuro de los españoles que se aventuraran a quedarse en ellas. ¿Por qué los ingleses se niegan a aplicar esta fórmula en el caso de Gibraltar? Pues, porque saben positivamente que, con ello, se acabaría el dominio que han ejercido durante siglos sobre este peñón español. Se trata, en definitiva, de una entrega, una forma, al estilo de ZP, de destruir España, troceándola, cediéndola a los extranjeros o destruyendo, desde el interior, mediante doctrinas comunistoides, cesiones a los nacionalismos, modelos de enseñanza doctrinarios y rechazo a todo lo que representara patriotismo, unidad y solidaridad entre todos los españoles. Esta es la patria que estamos a punto de perder; la España unida, que ha sobrevivido a cinco siglos de acechanzas, a punto de sucumbir ante las maquinaciones de un sujeto, iluminado, que no tiene otro objetivo que dar suelta a su rencores e implantar un modelo de estado totalitario, donde toda libertad sea eliminada y, toda democracia sometida al Estado, siguiendo el modelo de lo que fue la antigua Rusia soviética y ¡todo esto en la Europa del siglo XXI!

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