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De narcotraficante a presidente

Luís Agüero Wagner
Redacción
domingo, 4 de mayo de 2008, 09:12 h (CET)
Después de liberar a Sicilia de los nazis en 1943, los estadounidenses se vieron en la encrucijada de optar por cederle el poder al partido comunista italiano, cabeza de la resistencia anti-nazi, o a la mafia pro-fascista. Fieles a su tradición, optaron entonces por la mafia.

En 1946 el mafioso Lucky Luciano, que cumplía una condena de 30 años en Estados Unidos fue liberado y deportado a Italia por la CIA con la misión de organizar a la mafia contra el poderoso movimiento comunista de la península. Luciano cumplió con su parte a cambio del apoyo tácito o explícito de la CIA a su negocio del narcotráfico que seguía la ruta de Medio Oriente a Marsella, Francia, antes de dirigirse por diferentes rutas a New York.

Luego de la revolución comunista en China, generales del ejército nacionalista apoyados por Estados Unidos se apoderaron de parte de la Sierra de Birmania, donde se abocaron a la producción de heroína en lo que se conocería como “el triángulo dorado”. Pronto la producción birmana fue reemplazada por la laosiana, donde las tropas de Vang Pao combatían a los comunistas de Vietnam del Norte gracias a sus inmensas ganancias con el tráfico de heroína.

Como es una constante histórica del imperio norteamericano, su propia creación se convirtió enseguida en obsesivo fantasma, y debió considerar a las drogas como una amenaza. En junio de 1971, el presidente Richard Nixon afirmó que si Washington no destruía la amenaza de las drogas, sería destruída por ella y no estaba dispuesto a tolerar esa segunda alternativa.

El mismo año fueron arrestados con drogas o identificados como narcotraficantes una buena cantidad de referentes de organizaciones anticomunistas de todo el mundo, en su totalidad financiados por Nixon. Entre estos no faltaban, lógicamente, representantes del negocio en Paraguay.

Desde 1965 pasaba por este país Sudamericano un vital tráfico de heroína que cobró notoriedad cuando en Washington se supo quién lo dirigía. Era el antiguo agente de la GESTAPO Lucien Darguelles, alias Auguste Ricord, capo de la Conexión Latina que inspiró el personaje compuesto por el actor Fernando Rey en la celebrada película “Contacto en Francia”.

Uno de sus principales protectores era el general Andrés Rodríguez, emparentado con el dictador Stroessner y bautizado por la prensa internacional como “el general de los grifos de oro”. Se cuenta en Paraguay la anécdota de que cuando en una oportunidad el rey Juan Carlos de España visitó su residencia, se sintió impresionado por la fastuosidad y no resistió preguntarle si todas las riquezas a la vista las había adquirido con su sueldo de general.

Su protegido Auguste Ricord tenía su residencia y un motel en las afueras de Asunción, camino a Itá Enramada. Al frente lucía una pequeña réplica de la torre Eiffel con el cartel Paris-Nizza en luces de neón, y se conectaba con un pequeño puerto donde atracaban lanchas y una balsa con servicio regular a la costa argentina, a escasos cinco minutos de travesía por una ruta asfaltada. Parte del cargamento llegaba por ese cruce, a veces disimulado en automóviles Citroen usados importados desde Francia a Paraguay, para embarcarse rumbo a Estados Unidos en cargueros aéreos que partían de pistas controladas por jerarcas del régimen militar paraguayo como Rodríguez.

El negocio prosperaba sin sobresaltos hasta que el 18 de octubre de 1970 un Cessna monomotor fue detenido con casi cincuenta kilos de heroína pura en el aeropuerto internacional de Miami. El cargamento estaba evaluado en unos diez millones de dólares y los tripulantes eran Roberto Gallucci, alias César Bianchi, y el copiloto Balestra, ambos operadores de la red que dirigía Ricord bajo protección de Rodríguez.

El juicio a estos traficantes no había ni siquiera comenzado cuando el 24 de enero de 1971 huyeron de su encierro en Manhattan. Un emisario del general Andrés Rodríguez y empleado de su casa de Cambios, Cecilio Fleitas, los había visitado poco antes y les llevó el dinero para la fuga. El juez John Canella, a cargo del caso, solicitó la extradición de Ricord, quien a pesar de sus influencias fue a parar a la cárcel como privilegiado huésped a la espera que se aquieten las aguas.

La situación iría a complicarse cuando el 24 de mayo de 1972 el influyente columnista del Washington Post Jack Anderson denunció la complicidad del régimen paraguayo con el narcotráfico dirigido por Ricord, en una columna reproducida en 600 periódicos de todo el mundo. Anderson acusaba a varios jerarcas paraguayos con nombre y apellido, entre ellos Pastor Coronel, Andrés Rodríguez, Patricio Colmán, Sabino Augusto Montanaro, Francisco Alcibíades Brítez Borges, Leodegar Cabello, Hugo González y Vicente Quiñónez, la mayoría generales y altos funcionarios en servicio activo.

Una versión documentada de la nota fue publicada por la famosa revista Selecciones de Readers Digest, pero la edición fue prohibida y confiscada cuando llegó a Paraguay.

Puesto entre la espada y la pared, el embajador de Estados Unidos en Paraguay Raymond Ylitalo hizo comentarios que le costarían el puesto. “El ataque sobre los funcionarios del gobierno paraguayo es irresponsable y de brocha gorda” afirmó. Tres meses después fue retirado de misión sin tiempo siquiera para las cortesías protocolares.

Como el régimen de Stroessner seguía a pesar del escándalo protegiendo a Ricord y dilatando su extradición, Nixon envió como delegado al funcionario Nelson Gross quien se entrevistó con el dictador para solicitar en nombre de Washington por instrucción directa del presidente la extradición de Ricord. Dejó en claro que de no producirse de inmediato la resolución, el Paraguay dejaría de recibir asistencia económica y militar del imperio norteamericano.

Era suficiente argumento para convencer a Stroessner. Inmediatamente se dio instrucciones al presidente de la corte Suprema Juan Félix Morales para que disponga lo que requería el funcionario de Nixon. Pocos días después el Tribunal de Apelaciones revocó el auto interlocutorio de primera instancia y dio vía libre a la extradición.

Ricord fue literalmente fletado a Nueva York en un vuelo especial contratado por el gobierno de Estados Unidos. El juez Canella lo estaba esperando con todas las pruebas en la mano para condenarlo a veinte años de cárcel, lo cual considerando la edad del procesado equivalía a cadena perpetua. Por razones humanitarias se lo liberó a los diez años, gravemente enfermo, paralítico y sin habla.

Ricord volvió al Paraguay el 10 de marzo de 1983 y fue a recluirse en una vivienda no muy alejada del local donde funcionó su motel Paris Niza. Dos años después falleció. Su hija, Pupi Ricord, sigue viviendo en Asunción en una mansión de un barrio exclusivo y frecuenta la farándula y la alta sociedad.

Andrés Rodríguez, el socio principal de Ricord, en 1989 llegó a la presidencia del Paraguay con el respaldo de la embajada norteamericana, y tras recibir honores de jefe de estado por todo el mundo, falleció a mediados de los noventa. En el entierro de sus restos, muchos de los políticos que hoy constituyen el entorno del obispo Fernando Lugo, como el actual presidente del congreso Miguel Abdón Saguier, pronunciaron elogiosos discursos y lo tildaron de patriota y ciudadano ejemplar.

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