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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Un ejemplo de la moral doctrinaria socialista

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 4 de mayo de 2008, 09:11 h (CET)
Uno tiene una capacidad de asombro, incluso, en ocasiones, consigue que, este recipiente imaginario en el que almacenamos las sorpresas que nos va dando la vida, tenga una cierta elasticidad, sea maleable y se las agencie para que, cuando parece que ya está saturado, vaya embaulando nuevos hechos extravagantes e insólitos; como si en su afán tragantón de noticias, tuviera la elasticidad de una boa cuando se engulle, sin despedazarla, toda una presa varias veces mayor que ella. Mis amigos saben que, en muchas ocasiones, ante los hechos inéditos que nos brindan las nuevas generaciones – que nos van arrinconando, poco a poco, hacia la rivera del río Aqueronte donde ya nos espera el hijo de la Noche, el viejo Caronte, para conducirnos al reino de los muertos, nuestra última y definitiva vivienda – me declaro un simple invitado, un comensal de tercera, en esta nueva etapa de la humanidad que se ha iniciado con el principio del siglo XXI.

Así que, no se extrañen que ante ciertas opiniones, ante conceptos morales antitéticos con aquellos que se me fueron inculcados en mi niñez y ante esta filosofía impuesta por el relativismo materialista que invade todos los ámbitos de esta nueva sociedad en la que estamos inmersos; me sienta un poco don Quijote, un loco sin duda que todavía cree en princesas encerradas en torres de castillos maravillosos y en magos Merlín benefactores de la humanidad. Por ello, e impulsado por mi desvarío caballeresco me dispongo a romper una lanza en favor de esta señorita, a la que, por supuesto, no tengo el gusto de conocer; que abandonó un concurso en el que, seguramente, habría puesto todas sus ilusiones, porque un acontecimiento luctuoso, la muerta de su abuela, la llevó a su casa a llorarla en compañía de los suyos; aunque ello le supusiera tener que renunciar a las posibilidades de obtener aquello que deseaba por encima de las demás cosas.

Este hecho, insólito en los tiempos que corremos, esta demostración de apego a la familia y de renuncia al legítimo egoísmo de promocionarse en la vida; sin embargo, vean ustedes por donde, ha sido objeto de una severísima crítica, una catilinaria despiadada, por parte de uno de los miembros del Jurado de dicho concurso ( Operación Triunfo) que, creyéndose por encima del bien y el mal y juzgando por lo que él hubiera decido hacer en caso de hallarse en un caso similar al de la chica en cuestión, ha dado una lección magistral sobre lo que, este relativismo ideológico, consigue hacer de estos seres que han convertido el egocentrismo en la doctrina predominante de nuestros días.

Este tal Risto Mejide, en su blog personal, ha dicho cosas tan “sabrosas” respecto a la muchacha, como: “me preguntaba si alguien quiere abandonar la academia (este es el nombre rimbombante con el que se califican a si mismos una serie de, autodenominados, profesores, enchufados todos ellos, que son los que manejan el cotarro)… si alguien tiene que hacer una gestión, ha dejado mal aparcado el coche, se le ha muerto el canario, un perro, el abuelo o lo que sea”. Ya no se trata de sentimientos ni de emociones más o menos humanas, ¡señores!, esto es simple y llanamente una cuestión de sensibilidad y buen gusto, cualidades de las que, por lo visto, carece en mentado individuo. Comparar la muerte de un abuelo, un ser entrañable para cualquier nieto, con un mal aparcamiento, la muerte de un perro o de un canario es, simplemente una demostración de la más absurda amoralidad y de la más cerril carencia, no sólo de educación, caridad, buenas maneras y sentido de la oportunidad, sino, lo que todavía es más sangrante, de la más elementad solidaridad que se le puede exigir a cualquier persona ante la desgracia sufrida por un semejante.

A esta muchacha, la dirección del programa, si hubiera tenido un ápice de cordura, un mínimo de honestidad y la dosis de sentido común que se les puede exigir a los responsables de cualquier programa cara a la galería, lo que hubieran debido hacer, lo que la decencia les debiera haber inspirado y lo que la razón, e incluso, el beneficio del buen nombre del programa les hubiera exigido; hubiera sido darle unos días de permiso para que pudiera llorar a su familiar y reponerse del disgusto, y después readmitirla con cariño y comprensión. Allá ellos con sus ideas.

Pero, señores, estas actuaciones, estas demostraciones de insensibilidad ante la desgracia ajena, este comportamiento materialista consistente en criticar a la chica por anteponer la muerte del familiar a seguir en el concurso como si tal cosa, como si no tuviera la más mínima importancia o como si se le hubiera muerto el perro o el canario; es, señores, el ejemplo más palpable de adonde nos está llevando esta moral socialista de erradicar a la familia de la vida de los ciudadanos, de considerar a los mayores como un estorbo no como una ayuda, un apoyo y un refugio. El sustituir por el Estado la función de los padres es, precisamente, la clase de moral que quiere imponer este Gobierno a todos los estudiantes por medio de esta asignatura doctrinaria, amoral y destructiva, a la que se la ha designado, impropiamente, como “Educación para la Ciudadanía”. El relativismo moral, el que cada uno se fabrique su propio concepto de lo que está bien y lo que está mal, siempre, eso sí, que se siga las orientaciones políticas que fija el Gobierno; es la clase de ponzoñoso veneno que se le quiere inocular a nuestra juventud. Alguien ya se ha dado cuenta de ello y objeta. En Andalucía, dando pruebas de su independencia, el TSJA ha dictado ya dos sentencias limitando y corrigiendo determinados artículos de la ley, calificándolos de doctrinarios, función que no le corresponde al Estado. Esta es la batalla que se ha de sostener para librar a nuestra nación de este “chapapote” socialista que nos está cubriendo de inmundicia. Aborto, enseñanza, unidad de España, castellano como idioma oficial y solidaridad entre todas las autonomías, juntamente con la libertad e igualdad entre todos los ciudadanos; han de ser las nuevas metas que, todos juntos, debemos fijarnos como meta. Con partidos políticos o sin ellos. El filósofo y escritor suizo, H.F.Amiel, dejó para la posteridad esta cita: “No niego los derechos de la democracia; pero no me hago ilusiones respecto al uso que se hará de esos derechos mientras escasee la sabiduría y abunde el orgullo” Algunos deberían tomar buena nota de ello.

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