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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Eduardo, tome el dinero y corre

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 2 de mayo de 2008, 03:31 h (CET)
Por fin después de tantos años en la política el que fuera vocero del Partido Popular en la anterior legislatura, Eduardo Zaplana Hernández-Soro, acaba, como un mortal más, en la nómina de una empresa. Aunque, la verdad sea dicha, no ha tenido que ojear para ello las páginas de ofertas de empleo de la prensa. A él, al que todo lo tuvo, le ha bastado con una simple y sencilla comida en algún lujoso restaurante con Cesar Alierta, Presidente de Telefónica, para que le hagan un hueco en esta empresa que más que una empresa hay momentos en los que llega a parecer una oficina de empleo para políticos y prohombres en paro. No olvidemos que en los sillones de sus Consejos de Administración se han sentado ilustres posaderas, tanto socialistas como populares, e incluso personajes relacionados con la casa real como Fernando Almansa o el Duque de Palma. Unos nacen con estrella mientras el resto se estrella. Al antiguo portavoz de la bancada popular le han creado un puesto a su medida en el organigrama de la empresa, va a ser delegado para Europa, y aunque el inglés no es su fuerte no le hace mucha falta ya que con quien más se espera se relacione en con Berlusconi con el que tendrá que entenderse, cosa nada difícil entre ambos caballeros, en la defensa de los intereses de Telefónica en el país de la pasta.

Ahora, este cartagenero que llegó a la cima de la política a través de caminos no demasiado limpios, ya no tendrá problemas para llegar a fin de mes como su hasta ahora conmilitona Esperanza Aguirre. En su anuncio de despedida dijo que su marcha a la empresa privada era “lo mejor para el partido y para él”. En la cúpula del Partido Popular ya no tenía ningún sillón garantizado, él mismo se definió hace unas semanas como “soldado raso”, por tanto en el momento en que ha comprobado que todas sus aspiraciones a poder cambiar su residencia de La Castellana a Moncloa quedaban en agua de borrajas ha liado el petate y se ha ido con la música a otra parte. Eso si, asegurándose una retribución de un millón de euros anuales. Un buen pellizco imposible de obtener en política con honradez.

Pero recordemos que la honradez y el juego limpio nunca fueron las bazas con las que jugó Eduardo Zaplana, siempre tuvo un as oculto en la manga y siempre fueron sus peones los que fueron cayendo mientras él aguantaba a pie firme todas las tarascadas de sus opositores. Era un simple concejal en el Ayuntamiento de Benidorm cuando le contaba a su amigo Salvador Palop, concejal en el Ayuntamiento de Valencia, que todas sus ansias en política pasaban por “hacerse rico y tener un Opel Vectra de 16 válvulas”. Salvador Palop salió esposado entre dos policías del Ayuntamiento de Valencia mientras a los pocos meses Zaplana era aupado a la alcaldía de Benidorm gracias al voto de la tránsfuga y bailarina Maruja Sánchez a la que tuvo oculta hasta el mismo día de la votación de la moción de censura. Pero la alcaldía benidormí era poco para un joven tan ambicioso, siguió intrigando y desbancó a Pedro Agramunt, desde entonces eterno senador, de la Secretaría del PP valenciano para ponerse él y llegar en 1995 a la Presidencia de la Generalitat Valenciana desde donde, años más tarde, daría el salto a Madrid y al Consejo de Ministros.

Pero toda la carrera de Zaplana ha estado llena de más sombras que luces. Desde su atípica llegada a la alcaldía de Benidorm- todavía los valencianos están pagando sueldos públicos a la antigua concejal y a su marido- el nombre de Zaplana ha saltado a las páginas impresas en más de una ocasión con motivo de diversos escándalos. Tuvo que pagar a Julio Iglesias los favores que éste hizo a Aznar apoyándole en la campaña electoral y aquellos contratos todavía andan por las mesas de los juzgados mientras algún directivo del organismo que, dependiente de la Generalitat, contrató a Julio Iglesias cumple condena de cárcel. Su megalomanía le llevó a levantar Terra Mítica cuyas cuentas también andan de juzgado en juzgado por anomalías contables y tributarias. Fueron famosos sus viajes en avión privado de una empresa a la que se le otorgaron concesiones públicas, incluso para ver una final futbolística en la que intervenía el Valencia C.F. cuando todo el mundo sabe que es forofo del Real Madrid.

Y la culminación de esta utilización de un puesto público para medrar en lo privado ha llegado ahora de la mano de Telefónica una empresa que fue privatizada por Aznar y a la que Eduardo Zaplana, durante su etapa de President de la Generalitat valenciana, otorgó diversas concesiones entre ellas la gestión después de privatizarlo del servicio de emergencias y con lo cual la empresa que dirige Cesar Alierta ganó más de 3.800 millones de pesetas. Así que, como amor con amor se paga, ahora Telefónica crea un puesto en su organigrama para que este paladín del buen hacer político pueda al final de su carrera hacerse con algunos ahorrillos. Dicen que los caminos del Señor son inescrutables pero los de algunos políticos siempre llevan al mismo sitio: al provecho propio .Así que Eduardo, toma el dinero y corre. Los marinos, a Eduardo le chiflan los yates, dicen que las ratas son las primeras que abandonan el buque cuando huelen a naufragio.

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