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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Sociedad civil y representantes políticos

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
jueves, 1 de mayo de 2008, 01:14 h (CET)
Las elecciones por las que suspiramos en el anterior régimen, están resultado ser un mero trámite cada cuatro años para legitimar la investidura de los que dicen ser nuestros representantes en el gobierno o en la oposición.

Tanto unos como otros resultan bien pagados por los contribuyentes, que sufragan además la estructura burocrática y de poder de los partidos en los ámbitos nacional, autonómico, municipal y europeo.

Entre los representantes y los representados apenas si existe relación más allá del acto de introducir el sobre en la urna electoral. Los programas, ya dijo Tierno Galván, que se hacen para no cumplirlos y nadie pide cuentas a los políticos que salieron elegidos de su gestión de gobierno o de oposición.

Los votantes podrían castigar a los malos representantes en las siguientes elecciones, pero realmente siguen votando al mismo partido una vez y otra con fidelidad de socios de un club de fútbol. Digo al mismo partido, porque muchas veces ni siquiera saben el nombre de las personas a quienes votaron en unas listas cerradas y bloqueadas que cocinaron las cúpulas partidarias.

Todo el juego se desarrolla entre una izquierda que mantiene su identidad nominal, aunque de su histórico izquierdismo obrerista, sindical y de clase, solo quede su anticlericalismo decimonónico y su afán de crear un estado omnipotente e intervencionista, con unos ciudadanos debidamente homogeneizados por una igualdad a la baja a través de una educación monopolizada por sus ideólogos, y una derecha acomplejada que quiere disfrazarse de centro, pensando que con ello puede arrancarle algunos votos a los socialistas en las próximas elecciones, pero sin gallardía ni firmeza para defender los valores que teóricamente tendría que encarnar, pero en los que al parecer no cree lo suficiente, preocupada por parecer moderna y progresista ante sus adversarios.

Por todo ello pienso que la sociedad tiene que organizarse en base a sus propios valores, sin dependencia de los partidos, para poder exigirles cada día una gestión y defensa eficaz de los mismos. Quienes crean más en la libertad del individuo que en el intervencionismo estatal deben aunar sus esfuerzos y luchar por ello, los que piensen que es necesaria una política social más activa, tendrán que organizarse y exigirla, los que estén seguros de la importancia de la familia, como institución indispensable y anterior al Estado, actúen en su defensa todos los días.

No podemos aceptar, como hicieron unos artistas cuando la fallida constitución europea, que los de arriba son los que saben. Aun admitiendo que haya políticos de gran preparación, -¡que ya es admitir!- todos tenemos el derecho a juzgar las medidas que afecten a nuestra vida, a nuestra actividad y a nuestra libertad, y a organizarnos para exigir que se respeten todos los días.

Estoy haciendo un llamamiento a la actuación política permanente de los ciudadanos a través de la sociedad civil, antes de que continúe creciendo la apatía y el conformismo.

Hay quienes creen que esta labor de seguimiento del gobierno y la oposición ya la hacen los medios de comunicación, pero estos medios son empresas económicas que tienen sus propios objetivos y preferencias que no tienen por que coincidir con los de cada cual, aunque traten de influirnos descaradamente.

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