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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Pensiones

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
martes, 29 de abril de 2008, 02:59 h (CET)
José María Fidalgo, mandamás del sindicato Comisiones Obreras lo expresó claramente la semana pasada: “O nos ponemos de acuerdo o en 10 años no se pueden pagar las pensiones”. Tengo para mí que lo fió demasiado largo.

La noticia, por supuesto, ha pasado prácticamente desapercibida en unos medios de comunicación empeñados en hablar de la crisis –histórica- que atraviesa el Partido Popular para no tener que contarles a los españoles cómo está la situación económica real del país cuando el gobierno acaba de rebajar, reconociendo así que los Presupuestos Generales del Estado no valen más que el papel que los sostiene, la previsión de crecimiento al 2,3%. Optimistas antropológicos que son. El crecimiento quedará, según la mayoría de expertos, por debajo del 2%, lo que supone la destrucción de miles de empleos. De momento ya casi un cuarto de millón de personas se acaban de sumar a las listas del INEM, el mayor crecimiento del paro en los últimos 15 años. Aunque según ZP la culpa sea del desaparecido en combate Partido Popular.

Acaso el silencio ante el más que seguro lío con las pensiones en los medios se deba a que muchos de ellos fueron cómplices y se sumaron al silencio culposo de los que tildaban como antipatriotas a los que avisaban tibiamente de la que se nos venía encima. Catastrofistas. Antipatriotas. ¿Recuerdan?

Con esto de las pensiones y, en general, con el inevitable fracaso del llamado Estado del Bienestar, consecuencia lógica de la caída del socialismo que lo sustenta, sucede algo muy curioso. Si usted le cuenta a un ciudadano medio que la subsistencia de los sistemas piramidales depende de la llegada continuada de nuevos clientes (léase Fórum Filatélico) nadie lo pone en duda y todo el mundo afirma que es de cajón y que tenía que pasar. Pero si usted afirma que la Seguridad Social, exactamente igual de piramidal aunque de contribución obligada, se encuentra en el mismo caso su interlocutor se mostrará escéptico. Oigan, que la demografía europea y española es negativa. Oigan, que aquí cada vez hay menos niños y más jubilados. Parece ser, además, que la inmigración no es más que un parche momentáneo por cuanto la mano de obra que suele aportar, mucha de ella nada o poco cualificada, suele ser la más perjudicada en épocas de crisis. De los cientos de miles de contribuyentes que se han ido al paro muchos de ellos son inmigrantes que trabajan en la construcción –por cierto, habrá que felicitar, llegados a este punto, a todos esos que no han parado hasta liquidar el modelo del ladrillo ¿verdad?-.

¿Cómo puede pues pensar nadie que se podrá mantener en el tiempo esta gran mentira? Es en ese momento cuando el españolito medio, el mismo que en su día opuso contra el dictador Francisco Franco feroz resistencia contra la implantación del sistema público de Seguridad Social, se revuelve cual gato panza arriba.

Normal. Porque ese español llevará contribuyendo de forma obligada desde hace años o décadas con su trabajo a la llamada “caja común”. Vamos, que de lo que el ciudadano gana con su esfuerzo el Estado le expropia coactivamente una parte sustancial bajo la promesa de obtener a cambio la promesa de una mísera jubilación. Y es que, aportando el capital que el Estado nos sustrae mes a mes de nuestro sueldo a una entidad privada la pensión sería, en muchos casos, muy superior a la de la Seguridad Social, donde las pensiones, además, están “topadas”. Y, encima, los ciudadanos seríamos más libres para decidir sobre nuestro futuro. Libres y responsables. Intolerable.

Tal y como está el patio los políticos, si fueran personas decentes que se preocupasen realmente por los ciudadanos, devolverían al contribuyente que lleve menos de 10 años cotizados todo lo aportado para que lo invierta en seguros privados de pensiones. No lo harán. Seguirán extorsionando a los ciudadanos esperanzados en que para cuando la cosa entre en quiebra irremediable ellos ya no estén en el poder. Así son.

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