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Opinión
Etiquetas:   Con el telar a cuestas  

El éxito, Tina, es el fracaso que cambia de repente de rumbo

Ángel Sáez
Ángel Sáez
lunes, 28 de abril de 2008, 03:09 h (CET)
Mi vida:

No obstante tengo para mí que me sobra sensibilidad, como todavía no manejo los recursos ni piso las tablas (en el supuesto de que disponga de los unos y de las otras) con la maestría que lo hiciera don Luis Cernuda Bidón, le pido prestados al reputado poeta sevillano los tres versos más epatantes de cuantos me llamaron la atención, una vez me adentré y (dis)puse a leer su producción poética, para que me sirvan de los besos extraordinarios (pues tienen la virtud de surcar los cielos y llegar raudos a sus destinos, tus labios y demás partes de tu cuerpo) que no puedo darte físicamente, por el momento: “Tú justificas mi existencia: / si no te conozco, no he vivido; / si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido”.

Celebro que, aunque ayer acabaras la jornada cansada, tu estado de ánimo haya experimentado hoy una evidente mejoría. Puedes estar segura de que me cuido y cuidaré, porque es el mayor sueño que tengo, poder disfrutar de tu compañía (primero, acaso, una jornada, a secas; luego, tal vez, una quincena corta; y ojalá, definitivamente, el resto de nuestros días). Una frase de Cora Weiss, que muchos atribuyen erróneamente al obispo brasileño Hélder Câmara, da casi cuenta exacta de lo que pienso al respecto: “Cuando soñamos solos, sólo es un sueño. Pero, cuando soñamos juntos, el sueño se puede convertir en realidad”.

No comeré alimentos con sal. Ayer, verbigracia, las ensaladas (llevándole la contraria al mentado término) fueron aliñadas e ingeridas por el menda sin sal.

Dentro de una hora escasa, te llamaré a casa (la recurrencia –hay otra, más abajo, del mismo jaez- ha sido buscada, o sea, causal, y no casual, por supuesto), Tina, para felicitarte por tus sucesivas ausencias de fracaso.

Ah, olvidábaseme decir o comentarte que la pastillita oblonga del medicamento, Eneas, que me prescribió ayer Paco, mi médico de familia, ya me ha hecho sus efectos. Ahora mismo estoy más tranquilo, porque la dichosa (es un decir) susodicha me ha revolucionado este cuerpo serrano que luzco y porto (sí; ya sé por dónde me vas a salir, que carezco de abuela; convendría que tomaras las tijeras, quiero decir, que te desdijeras, porque tengo una, estupenda; la conoces, sí, y, además, vive en tu mismo bloque de pisos).

Te da muchísimas felicidades, por tus recientes y diversos éxitos conseguidos, quien te admira y adora, ama y mima, tu

Félix Unamuno.

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