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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Un gafe ante la crisis

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
lunes, 28 de abril de 2008, 03:09 h (CET)
Lo de Rodríguez empieza a oler a podrido. Tiene la suerte de que varios millones de españoles admiten bien la mentira y no les importa sentirse engañados por ciertos políticos sin valores, como quienes ocupan actualmente el banco azul y la jerarquización de ellos dependiente. Además de gafe, Rodríguez es un evidente mediocre y un ‘perico berbenero de medio mandil’.

Al igual que hicieron respecto a todo lo relativo con ETA, esa mentira la han vuelto a poner sobre el tapete con la crisis económica. Justamente la misma crisis que negaron en época electoral y que hoy se les ha vuelto en contra, a pesar de que acaba de empezar. Incluso las mejores previsiones apuntan a que el ejercicio 2008 acabará con un volumen superior a los tres millones de parados. Lo nunca visto.

El socialismo, y así lo dice la historia, cuenta con que llegada la crisis al fondo, siempre hay algún partido de corte liberal que la resuelve: véase la situación en que estaba el país cuando Aznar llegó al poder; no cumplíamos ningún objetivo respecto a Europa; la Seguridad Social estaba en quiebra técnica; los jubilados empezaban a temer por sus retribuciones y los funcionarios habrían dejado de cobrar si las elecciones de 1996 se hubieran celebrado seis meses después.

A Felipe González le llegaba el agua al cuello en aquel momento y le salvó la llegada del PP al Gobierno. Nunca un cambio se celebró tanto por el perdedor. Pero el actual presidente Rodríguez no ha aprendido y, lo que es peor, su torpeza no le permite aprender. No hay que extrañarse de cómo se ríen de él en Europa presidente, cancilleres y hasta ‘secretarios de compañía’; aunque más nos reímos de él los españoles, cada vez que le vemos aturdido y ‘culeando’ por Europa

El tiempo y la historia han demostrado que al socialismo ‘le trae al fresco’ la situación del ciudadano. Éste es importante en cuanto resorte para permitir que el socialismo toque poder, pero a partir de ahí al ciudadano le consideran y le tratan como un despojo inapreciable.

Ahora parece que la culpa de la crisis la tenemos todos, menos Rodríguez. Con un presidente de Gobierno así, España no necesita enemigos. Y lo peor de todo es que doce millones de ciudadanos han dado el visto bueno a la crisis, al acercamiento y amamantamiento de ETA, a la mentira, la patraña y a la permanente desigualdad. Esta última teñida bajo el esperpento y la vergüenza de lo que llaman discriminación positiva: concepto utilizado para mal lavar, mal utilizar y peor interpretar la realidad y el lenguaje.

Para Rodríguez la culpa sigue siendo del PP y de los ciudadanos. Con cuatro años por delante para ‘holgar en clave sociata’ empiezan a reconocer la fuerte crisis que se avecina, porque no se han puesto los medios para atajarla. El Gobierno no ha hecho nada por la economía en estos cuatro años. Ha vivido de las rentas del Gobierno de Aznar y ha malgastado los ahorros gubernamentales.

En estos últimos cuatro años, Rodríguez y sus palmeros no han sabido ver la realidad de lo que se avecinaba por su torpeza y su miseria de pensamiento económico. Han sido como el perro del hortelano. La palabrería y la mentira siguen siendo su principal activo.

A pesar de que la realidad aturde al Gobierno, éste se ha ampliado en un Ministerio hortera, en varias Secretarías de Estado ‘chusqueras’ y en muchas más Direcciones Generales, con sus correspondientes abanicos administrativos. Con ese descuadre, la torpeza de Rodríguez sigue en la misma línea; hasta tal punto es así que continúa con la misma cantinela de “luchar contra el desempleo y movilizar los potenciales de diversos sectores de la actividad económica para compensar el ‘ajuste serio’ en la construcción”. De pena y de vergüenza.

Hay que ser muy miserable, además de torpe y mala persona, para volver a mentir a los ciudadanos, como de costumbre. Pero, claro, la mentira, el engaño y el retorcimiento torticero del lenguaje – estilo LOGSE ‘retroprogre’ – son bien vistos por doce millones de ciudadanos, buena parte de ellos ‘bebedores’ de la citada ley educativa que más daño ha hecho a una generación de españoles.

Me dirán que es una falta de respeto y que hay que dar noventa días de margen al Gobierno. Pues no, señores, ni lo uno ni lo otro. Después de la actitud ‘zapateril’ con ETA y toda la parafernalia de alrededor, no hay tregua que valga. En cuanto al respeto, pues tampoco. Sepan, apreciados lectores, que “cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”. Y muchos ciudadanos no estamos dispuestos a obedecer a ‘chiquilicuatres de corte zapateril’.

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