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Etiquetas:   Lencería fina   -   Sección:   Opinión

Pepis, por amor

Teresa Berengueras
Teresa Berengueras
@berealsina
lunes, 28 de abril de 2008, 03:09 h (CET)
Nadie nos prepara en la vida para lo más seguro que tenemos desde el momento de nacer: la muerte. Ni tu madre lo hace , ante esta situación reaccionamos de muchas maneras, a mi madre, a la que todos llamamos, hemos llamado siempre Pepis, aunque en el documento oficialísimo figura como Josefa, le ha tocado el turno hoy sábado, hace poco que se ha ido. A lo largo de mi carrera he escrito de tantas personas, grandes y chicas y me ha tocado ejercitar el tema de la necrológica, hoy, con el permiso de todos le voy a dedicar esta columna. Aunque estoy triste y siento dolor, el más profundo, el viaje de Pepis va a ser hermoso, estoy convencida. Tenía personalidad y nos habíamos enfadado mucho a lo largo de tantos años. En mi infancia siempre estuvo en la cabecera de mi cama en momentos duros y decidió que leyera libros para niños y aunque en casa no se podían comprar buscó a un amigo de la familia para que los prestara y dejó que saltara por las calles a todas horas aunque esto no fuera bien visto en un pueblo. En la primera decisión importante de mi vida, la de dedicarme a ejercer de periodista, se opuso, decía que quería para mi una vida mejor de la que ella había tenido y que eso de ser periodista era malísimo ya que era una carrera bohemia y a una mujer eso no se lo podía permitir, además, ¿cómo iba yo a viajar de un lado a otro? ¿y mi marido? ¿y mis hijos?. Pepis había dispuesto que me casara con un buen chico, muy trabajador y con el que tuviera una familia con niños hermosos y bien criados, por supuesto yo trabajaría pero en algo más estable para poder regir una casa. Ante la evidencia de un no rotundo por mi parte aceptó de mala manera una realidad, luego se convirtió en mi mejor embajadora, relaciones públicas, defensora y crítica.

Vivían en el pueblo, mi padre y ella, mi padre cuidaba el bosque, después trabajó en el textil y en los tiempos de asueto se distraía en el huerto. Ella se encargaba de la casa y cosía, leía mucho y cuando se escaqueaba y viajaba a Barcelona para estar a mi lado se lo pasaba en grande, muchas veces iba a actos en mi nombre. Lo hacia de maravilla, tenía un gran don para moverse en sociedad, gozaba de una extremada y pulcra diplomacia, cosa que por desgracia yo no he heredado. Le gustaba la pintura, el teatro, el cine, la poesía, el circo, viajar. Cuando a Julio Iglesias le otorgaron la Góndola de oro viajé con ella a Venecia para hacerle un par de reportajes al cantante y Pepis actuó con presencia y estilo, Julio, todo un galán, la llamaba “mamá” y se reía mucho con Ramón Arcusa quién acompañaba el cantante en aquellos momentos, eran los tiempos de “Soy un truhán , soy un señor”. Julio, en la cena de honor la sentó a su derecha y estuvieron riendo toda la noche. Pepis era alegre, de haber nacido en el siglo XVIII hubiese destacado por su “saber hacer” tan personal.

Tenía “charme” y un carácter decidido. Era una especie de “vidente”, cuando alguien me contrataba ella siempre sabía cómo iba a ser el trato: “te van a engañar, no son de fiar….o ni te imaginas lo bien que va a pasar todo esto”. Tenía la intuición de la inteligencia de la calle como muy trabajada. Había vivido una guerra, la posguerra y todas las calamidades de haber nacido en una familia sin recursos. Supo siempre lo que era el ahorro, compró sábanas a plazos, y me enseñó desde muy pequeña cómo invertir el poco dinero que entraba en casa, desde mi corta edad íbamos todos los sábados a hacer la compra en el mercado, en el puesto de pescado adquiría el congelado más barato y carne, poca o la llamada “torna”, sin haber comprado chuletas, patatas, alguna fruta y eso sí, me enseñó a desplegar una gran simpatía pues el capazo muchas veces se llenaba a base de nuestras buenas relaciones. Nadie, de no conocer a la familia, le hubiera atribuido el apelativo de mujer trabajadora, media metro setenta, pesaba cincuenta kilos y parecía una mujer de salón más que una humilde ama de casa. Siempre supo vivir con lo que tuvo y un sencillo camisero de ropa de algodón cosido por ella misma le sentaba como un Pertegaz. Tenía una sonrisa amplía y una sorna medio británica con unos toques sicilianos, la vi llorar pocas veces, enfadarse muchas. Cuando dejé la casa para emanciparme y recorrer los vericuetos de la vida se atrevió a darme un solo consejo: “Escucha a tu corazón en tus decisiones”. Ella deseaba que, a pesar de todo, encontrara a ese maravilloso marido que tenía impregnado en su cabeza y que algún día llegaran los nietos. Lo lamento, le he fallado en ambas situaciones. Ambas somos muy cabezotas y realistas. En eso sí soy como ella. Me llamaba por teléfono para preguntarme cómo había conseguido hacer tal o cual reportaje, o entrevista y se lo explicaba a veces muy por encima y le sentó fatal cuando le dije que iba a salir por tv ya que o lo hacia así o no encontraba trabajo en otra parte: “!Que horror¡ tú tienes que seguir escribiendo, es lo tuyo, además sabes idiomas…..¿Por qué has dicho que sí?....Entiendo, hay que comer, sí claro, claro,,pero cuando puedas , escribes de nuevo, la tv es un medio muy esclavo”.

Sus halagos no eran cotidianos, eran suaves, las broncas eran más claras y contundentes. Era feliz cuando los sábados íbamos a merendar a Francesco, le gustaba beber una naranjada doble con un sándwich y luego un suizo o bien café con leche y una pasta de coco. Ángel, mi padre, murió hace diez años, estuvo tres semanas en coma, la noche que no nos quedamos en la Clínica nos llamaron a las dos de la madrugada para darnos el pésame, Pepis con contundencia me espetó:”Menuda me ha hecho ahora tu padre, esta si que no me la esperaba”. Era el mes de marzo y en agosto del mismo año me llamó por teléfono: “Yo en este pueblo ya lo he visto todo y lo he hecho todo, voy a irme a vivir contigo en Barcelona”. Ella lo decidió y nunca pensé que mi libertad iba a quedar coartada, ¡nunca lo fue¡ y comenzamos a convivir de nuevo.

Se vino para ayudar y se quedó con todo el trabajo de la casa, quería ser útil yo iba de una parte a otra como un ventilador, mi trabajo como periodista autónoma había permitido que con mucho esfuerzo siguiera malviviendo de mi profesión, ella llegaba a casa con una muy humilde pensión y tal y como estaban las cosas íbamos a compartir penas y alegrías, cuando había trabajo estaba contenta y cuando por falta del mismo pasé verdaderos apuros aguantaba el chaparrón y en nuestras conversaciones aseguraba:”No entiendo qué es lo que está pasando, no entiendo porqué la situación no te es más generosa, eres muy trabajadora”. Tenía la piel fina y muy pálida y era muy presumida, era muy solidaria y lo que más le gustaba era salir de compras por el barrio, la conocía el carnicero, la charcutera, el repartidor de Caprabo y cuando llegaban las fiestas de Navidad le encantaba colaborar en la decoración de la casa. Resumir los diez últimos años me resulta complejo han pasado tantas historias que yo no quería que le pasaran, ha sido duro para las dos, especialmente los últimos, pero se ha ido muy tranquila porque no todo es negro en casa, un día, de golpe, después de un viaje de trabajo le dije: “Tengo novio y se viene a vivir con nosotras, ¿qué te parece?” su respuesta fue corta: “Es una buena noticia”. Antes me había sorprendido en conversaciones, sin más, con verdaderas deseos: “Es lógico que yo muera antes que tú, si eso es así quiero que me incineren, esparces las cenizas por el bosque donde trabajaba tu padre y unas pocas te las quedas tú, así te seguiré haciendo compañía”.

Cuando Rafa llegó a casa enseguida congeniaron hablaban de gastronomía, de arroz y de paella y también de política y mucho, pero mucho, últimamente, del cambio climático y los dos, en las votaciones de cosas cotidianas se hacían fuertes en mi contra. Para Pepis la llegada de Rafa supuso un soplo de aire fresco, estaba más contenta y las tareas de la casa la pesaban menos, como no salía de casa “`porque en la calle no me encuentro equilibrada” Rafa y yo hacíamos la compra pero con Pepis no podíamos irnos de rositas: “Oye, este suavizante no lo compréis más, no es nada bueno…” o bien “estas sopas son horrorosas…” Iba de una parte a otra del piso con el bastón que heredó de Ángel pero no se apoyaba en él, se cogía de las puertas. Llegaron las elecciones y dijo que tenía derecho a votar, claro, es cierto, pero para votar por correo tenía que tener yo su autorización al no poder salir de casa y para eso había que hacer un papeleo burocrático tremendo: “!Esto es una barbaridad…pero yo quiero votar a Zp” Hace 13 días celebramos la fiesta anual de los Berengueras, en Castellar del Vallés, nuestro pueblo natal, antes le preguntamos si le apetecía ir: “Este año sí quiero, estoy muy bien y el próximo ya no sé cómo me encontraré”. El día 13 se vistió con una falda malva y una camisera de topos, antes nos había hecho un pase de modelos a Rafa y a mí para que la asesorásemos en su forma de ir mejor vestida. Se recogió el moño, se maquilló suavemente y tuvimos una jornada familiar entrañable, ella había ido con la idea de que era la mayor de todos, tenía 87 años y les comentó a todos que eran 89, por si acaso, quería presidir la mesa y 87 le parecían pocos.

El jueves de la semana siguiente tuvo dolor de barriga, el viernes fue ingresada de urgencia, antes de salir de casa se lamentó: “Yo no sé porque a esta edad hay que estar enfermos y tener achaques con lo poco que podemos hacer lo lógico seria que estuviésemos sanos para poder ir tirando”.Ya en la Clínica se ganó a todo el mundo, no se quejaba, llevaba con entereza los pinchazos y le gustaba que la pusieran crema en la cara y le peinaran su larga melena en un moño tipo kiki, se reía con todos y hablaba con su joven amiga de habitación, Sandra, llegó el día de Sant Jordi y se lamentó por estar en la cama pues quería ver el ambiente como lo había hecho tantos años, le llegaron las rosas preceptivas, el marido de Sandra le entregó una y ella estaba muy emocionada: “Me ha dicho de una flor para otra flor”. No mejoraba y sin saber ni ella ni Rafa ni yo se anticipó a los acontecimientos: “Estoy así tantos días que al final acabarán operándome” Al día siguiente el médico que la llevaba había decidido intervenirla al ver que no mejoraba. La intervención duró poco, un éxito, según el cirujano, estaba plenamente consciente y en una de las suyas al llevar yo el pelo recogido sentenció “Tienes que ir a la peluquería, no me gustas con este peinado” con Rafa hicieron un repaso de películas preferidas “Chocolat”, todas las de Sara Montiel, “Tootsie” “Vacaciones en Roma” “Cabaret” “Las chicas de la cruz roja”, los musicales que han marcado un hito en el mundo del cine y por encima de todas una: “Pretty Woman” y quedaron ambos en irse a pegar unos bailes cuando saliera de esa habitación a “La Paloma”. Ni Pepis ni Rafa sabían que “La Paloma” está cerrada, yo me callé era lo mejor. Dejó de respirar unos minutos después de decirnos a los dos que estaba bien y que no le dolía nada. Un amor.

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