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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Los abuelos

Piedad Sánchez de la Fuente (Málaga)
Redacción
lunes, 28 de abril de 2008, 17:06 h (CET)
“Todo tiene su tiempo y todo cuánto se hace debajo del sol, tiene su hora”. Esta frase es de la Biblia y resulta aplicable a la vida de todos, creyentes y no creyentes, jóvenes y ancianos y en general a toda vida humana. Aporta serenidad, y da paz en la hora de las dificultades, y en el momento de aceptar las limitaciones que van llegando con el paso del tiempo.

Un día formamos una familia que con los hijos se hizo más grande. Volvamos con la imaginación a esos días de juventud y de ilusiones por ver a esas personillas que Dios, para otros la vida, iba depositando en nuestros brazos para que los convirtiéramos en hombres y mujeres de bien. Cuántos días vividos pendientes de ellos, cuanto amor y cuidado al lado de sus cunas, sin dormir, vigilantes si caían enfermos aunque la enfermedad fuera unas simples anginas.

De pronto, porque la vida pasa muy de prisa los hijos crecieron, formaron sus propias familias y nos hicieron abuelos, otra forma de vivir la ilusión y la alegría de la juventud. Pero ¿qué es ser abuelo? Para mí, ser abuelo es amar con la misma intensidad de cuando se és joven pero con la serenidad y la experiencia que dá la vida.

Cuando era pequeña tuve un libro de lectura en el colegio que contaba la historia de los Gracos (me parece que se llamaba así). Una patricia romana se presentó en una fiesta donde las demás patricias iban llenas de alhajas y como ella no llevaba ninguna le preguntaron: que dónde estaban sus joyas. Llamó a una esclava salió de la sala y al poco regresó llevando de la mano dos niños pequeños que entregó a su madre la noble romana. Ésta dirigiéndose a todos les dijo: “Estas son mis joyas”. A mí, aquello me marcó bastante, quizá por eso he pensado siempre que los hijos y por extensión los nietos y los bisnietos -yo tengo uno-, son nuestras joyas auténticas. Por eso, hay que ayudarles a vivir sin entrometerse en sus cosas, de manera desprendida y en la medida de nuestra capacidad y nuestras fuerzas, dando cariño, pero pidiendo cariño y respeto, sobre todo a los pequeños que a veces se “despistan” un poco. A los nietos, enseñarles los valores que no pasan, que no cambian, que sirven para todos, que son universales. Enseñarles a ser leales, sinceros, trabajadores, fieles, generosos, con ideas claras de lo que está bien o mal. Que sepan lo que es la buena educación, los buenos modales, el respeto a todos, hablarles de todas las virtudes humanas para que de mayores puedan hacer una sociedad más justa, más solidaria, menos egoísta y ambiciosa y, que vean con los ojos del alma que el ser humano vale por lo que és, y no por lo que tiene. También si creen en Dios habrá que enseñarles a vivir con fortaleza y valentía esa fe cristiana que le dieron sus padres en el Bautismo y, que a veces se olvida con el vaivén de la vida.

Ser abuelo, es todo esto y mucho más, pero hecho con buen humor, con cariño alegre, divertido, que comprende, que disculpa. Los abuelos estamos para contar historias de familia, cuentos y “batallitas”. Hacen falta abuelos que no hagan una tragedia del salón lleno de cáscaras de pipa y en desorden, pero abuelos que a la vez están pendientes de por donde van los tiros y dar un consejo oportuno y con buena cara.

Cuando los veamos ya mayores, iniciando el camino de la responsabilidad nos diremos: “Fue un trabajo difícil, me cansé, a veces creí que no servía de nada lo que hacía, pero aquí los tengo, luchando por ser ellos mismos sin olvidar lo que le enseñó la familia.

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