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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Modelos y dogmas

Mario López (Madrid)
Mario López
sábado, 26 de abril de 2008, 04:05 h (CET)
El humano es un experto convulsivo creador de modelos. Los modelos se han acreditado como inmejorables objetos para la construcción de una teoría de la realidad; teoría necesaria para el desarrollo del conocimiento científico y del progreso tecnológico. Nos pasamos la vida creando modelos. En el ámbito social el proceso de implantación y segregación de modelos es frenético. Se puede decir, por tanto, que la especie humana es básicamente un conjunto de individuos interactivos, cualificados para la construcción de modelos. Pero no nos debemos conformar con ser constructores de modelos. También vivimos en la necesidad de disfrutar de una vida emocional, vegetativa y contemplativa plena.

Los padres, en su condición de tales, son los modelos que sirven para que los hijos construyan la teoría de la realidad que les va a permitir tomar las decisiones necesarias para completar satisfactoriamente el desarrollo de sus propias existencias. Pero los padres no deberían ser sólo eso. No creo que nadie discuta que los padres también son los primeros y fundamentales proveedores afectivos durante los primeros años de vida de los niños.

Además, existe un problema con los modelos. Si un modelo se convierte en dogma, la sociedad que lo sustenta cae inexorablemente en el fanatismo y se acaba convirtiendo en un peligro tanto para ella misma como para las sociedades de su entorno. Hay que tener mucho cuidado, por tanto, cuando defendemos o atacamos un modelo político, ético o nacional. Por muy benigno que nos parezca, cualquier modelo puede convertirse en dogma. Y la única defensa que tenemos contra este peligro cierto es el ejercicio permanente de la crítica y, fundamentalmente, de la autocrítica. Vivir en un estado mental acrítico es el primer paso para caer en el fanatismo. Debemos ser muy cuidadosos a la hora de valorar los modelos de democracia, nacionalidad o de convivencia y los afectos que llevan aparejados para no incurrir en actitudes dogmáticas.

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