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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

César a San Pedro

Pascual Mogica
Pascual Mogica
sábado, 26 de abril de 2008, 03:53 h (CET)
En la murciana población de Calasparra, se celebró el pasado día 19 una eucaristía organizada por el Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura como rogativa a la Virgen de la Esperanza para que llueva. El obispo de la Diócesis de Cartagena, Juan Antonio Reig Pla, ofició el acto religioso y exigió solidaridad y dijo que el agua es “el bien de subsistencia básico y no se puede negar a nadie” a la vez que pidió a la Virgen “que interceda por nosotros” y puso especial énfasis al decir que “ninguna región puede cerrar su corazón al resto y nadie puede blindar el agua en su territorio, como tampoco se puede blindar el aire. Antes de lo que puedan disponer las leyes están la dignidad de las personas y sus necesidades”.

Esto me ha hecho recordar aquellas palabras de un alto dignatario de la iglesia castellano-manchega, que defendía la negativa a trasvasar agua del Tajo al río Segura cuando comenzó el actual ciclo de sequía, palabras en las que nos recordaba aquello de que: “la caridad empieza por uno mismo”. Decía, así lo entendí yo, que el agua del Tajo era para los castellano-manchegos. Esto me ha traído a la memoria aquello de los religiosos católicos que defendían al “bando nacional” unos y al “bando republicano” otros.

En el acto religioso el obispo bendijo agua del río Segura traída en una vasija por los regantes. Es de esperar que esa agua fuera de la parte del río de Calasparra hacia arriba, por que la que viene hacia abajo, hacia la Vega Baja de Alicante, es portadora de un alto porcentaje de mierda, con perdón, que los murcianos nos mandan a los alicantinos vía río Segura en el cual depositan todas las inmundicias que les sobran. Por cierto, esto debería discutirlo Camps con su colega murciano Valcárcel, ya que se ven muy a menudo por todo esto del agua, pero claro, no van a ponerse a discutir por una mierda más o menos.

La rogativa celebrada a petición de los regantes, no se si el obispo les recordó aquello de que “el tiempo no está para llover”, que ofrecieron a la Virgen de la Esperanza un ramo de flores y una cesta repleta de productos de la huerta”. El periódico que dio la noticia no aclara quien se llevó al final la cesta.

Este acto debe haberle sentado muy mal a San Pedro, al que está claro que han “puenteado”, dado lo cual habrá que plantearse si hay que cesar a San Pedro, por no cumplir con su obligación de dejar caer un chaparrón de vez en cuando. Las verdad es que este santo varón debería estar ya jubilado. Los años no perdonan y provocan distracciones y olvidos.

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