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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Estamos hartos de ustedes, señores políticos!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 25 de abril de 2008, 12:53 h (CET)
Saturación. Si, señores, esta e la palabra que define claramente el estado de ánimo de los ciudadanos con respecto a la situación política en España. Si ya, incluso antes de las pasadas elecciones legislativas, era patente un sentimiento de desinterés y cansancio ante los rifirrafes entre el Gobierno y el partido de la oposición; si la ciudadanía demostraba su desconfianza hacia los políticos cuando prometían el oro y el moro en sus respectivas campañas y si mostraban su pesimismo ante la falta de rigor con el que trataban los problemas de cada día, los que de verdad interesan a las personas, de los que dependen el bienestar de las familias y la prosperidad de la nación; por si fuera poco, continuamos, en la actualidad, en una situación de renovada efervescencia política.

Unos meses después de que salieran elegidos los que deberán formar el nuevo gobierno; cuando comenzamos a notar los primeros ramalazos de la –tantas vece negada por el señor Solbes y el resto de los miembros del pasado gobierno – recesión y empiezan a caer como moscas las empresas inmobiliarias, en una sucesión de concursos de acreedores y quiebras más que preocupante y, por si fuera poco, se comienzan a advertir en las economías de muchos ciudadanos las consecuencias del encarecimiento de los artículos de primera necesidad; los efectos de las subidas de los combustibles y las secuelas de la crisis en cuanto al aumento del desempleo y la destrucción de puestos de trabajo; en lugar de entrar en una época de reposo anímico; de que los que nos gobiernan se hagan cargo de la dirección de la nación, poniendo las medidas eficaces para solucionar, en lo posible, los efectos de la crisis y de que se olviden de veleidades partidistas, centrándose en los verdaderos problemas que nos afectan, los unos, y los otros, los de la oposición, se centren en su labor de fiscalizar las acciones del Gobierno en lugar de entrar en reyertas estériles, en caciquismos improcedentes y en posturas monolíticas.

La ciudadanía no puede estar expuesta continuamente al bombardeo incesante de una prensa dividida entre tirios y troyanos, porque la capacidad de aguante tiene unos límites y lo que queremos son soluciones a nuestros problemas cotidianos, como pudieran ser: que nuestros hijos reciban una educación adecuada, que salgan bien formados de las escuelas y universidades; que haya trabajo para todos; que se pueda llegar a final de mes sin pasar apuros o debiendo dinero porque nuestros sueldos no nos alcancen; que tengamos una asistencia sanitaria eficiente, dotada de médicos suficientes y bien pagados; que los pensionistas tengan garantizadas sus pensiones y dispongan de lo necesario para vivir; que se restablezca la seguridad en las calles, se acabe con la criminalidad importada de otros países y que la justicia sea independiente y libre de influencias partidarias. En fin, lo que todo español tiene derecho a esperar de un gobierno que tenga por prioritario el bienestar y la prosperidad de la nación.

Durante la pasada legislatura ya tuvimos que aguantar que el Ejecutivo del señor Zapatero, en lugar de gobernar para todos los españoles, se dedicara a preparar, desde el primer día, su futura reelección, para lo cual no tuvo empacho alguno en pasarse todo el tiempo de su mandato, hostigando al partido de la oposición, ignorándolo en los asuntos de Estado y desacreditándolo. En esta labor, en conseguir sus fines partidistas, se olvidaron de que España necesitaba ser dirigida para que se mantuviera unida, que hubiera paz entre los españoles y que mantuviéramos unas buenas relaciones con las naciones occidentales. Con evidente desconocimiento de lo que nos convenía para alcanzar la prosperidad, se dedicaron a vivir de rentas en lo económico y a esparcir la cizaña de la discordia entre los españoles, fomentando los nacionalismos, atacando a la Iglesia y fomentando el relativismo moral y ético y convirtiendo la educación en algo parecido a un gallinero donde la indisciplina, el gamberrismo, el politiqueo y la incapacidad de los profesores para poner orden han dado lugar a que nuestros estudiantes esté valorados como merecedores de ocupar el furgón de cola de la UE.

Tampoco la oposición ha dado muestras de saber defender sus posturas de derechas con la eficacia debida. Han desaprovechado ocasiones cruciales para atacar las incesantes meteduras de pata del Gobierno; han claudicado ante posturas claramente contrarias al sentir de las bases, como pudieran ser el aborto, el matrimonio de homosexuales y han mantenido posturas antitéticas en las cuestiones de los estatutos de autonomía. Ahora, después del segundo fracaso electoral se están perdiendo en disquisiciones filosóficas mientras se obvia lo esencial: la democracia interna del partido. El señor Rajoy se ha encastillado y de ahí no le apea nadie. Se ha revitalizado lo que el señor Aznar supo erradicar, las intrigas de los distintos sectores para hacerse con el mando, sin percatarse de que, desde sus bases, se los está mirando con la boca abierta, admirados de, que aquella unidad que siempre había caracterizado al PP haya quedado hecha migas, precisamente por su falta de democracia en el momento de exigir responsabilidades, de ser incapaces de hacer una revisión de las causas de sus fracasos electorales y de no permitir que la libertad de opiniones, el contraste de pareceres y las propuestas de relevos en el mando, sean algo normal, necesario y fruto del buen funcionamiento de la comunicación interna entre las bases y la cúpula del partido.

No se puede mantener la tensión del electorado permanentemente, nadie ni la prensa (para apoyar a sus financiadores y vender más periódicos) ni los políticos para asegurarse sus poltronas, tienen derecho a jugar con los ciudadanos y a abusar del juego del ratón y el gato, porque, señores que nos gobiernan, los españoles tenemos derecho a que se dejen de marear la perdiz, a exigir que ustedes se amarren los machos y todos, los unos y los otros, se pongan a trabajar,¡digo trabajar, no enredar y barrer para el partido!,en beneficio de aquellos que, con sus impuestos, les pagan sus sueldos y no para que nos compliquen la vida, nos priven de libertades, nos restrinjan nuestros derechos constitucionales o se olviden de nuestro derecho a la igualdad entre todos los españoles. La Constitución está para cumplirla y no para inventarse trucos para puentearla; la justicia está para imponer la ley y no para que jueces y fiscales hagan de ella lo que les parezca; el ministerio de Economía está para defender los intereses de los ciudadanos y no para engañarlos, confundirlos y esquilmarlos para después despilfarrar el dinero público para ayudar a una pandilla de especuladores. Sí, señores, los ciudadanos estamos aburridos, hartos y cansados de que a costa nuestra se aumente el gasto público para que luego no veamos ningún beneficio. Estamos ahítos de que nos tomen por el pito del sereno y nos utilicen como excusa para sus veleidades egoístas e incompetentes. ¡Basta ya de engaños!

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