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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El infanticidio legalizado

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 25 de abril de 2008, 01:25 h (CET)
Verán ustedes, no hay nada peor que una persona que se cree poseída de la verdad absoluta, pero, si esta persona tiene un cargo público desde el cual pueda presumir de feminista y, por añadidura, “progre”, entonces señores nos hallamos ante el summum de la egolatría elevada a la enésima potencia. En este caso parece ser que se encuentra la “consellera” de Salut de la Generalitat de Catalunya, la señora Marina Geli. No nos basta, a los que vivimos en estas tierras, tener que soportar la incompetencia de los que se deberían haberse ocupado con tiempo de prever la sequía a la que estamos abocados; no tenemos suficiente castigo con tener un President que, en lugar de ocuparse de solucionar los problemas económicos por los que pasa esta autonomía, se va a hacerse el importante por Marruecos presumiendo de ser el jefe de la “nación” catalana, para que los moros se rían de él; sino que ahora, para colmo de los colmos, nos sale la señora Geli, buscando que se hable de ella, haciendo suyas una de estas propuestas que deberían hacer que se le cayera la cara de vergüenza a cualquier mujer decente con un mínimo de sentimientos y sentido de responsabilidad por su función procreadora.

Parece ser que un organismo denominado Comité Consultiu de Bioética (¡habrá que ver lo que entenderán estos señores por ética!) de Catalunya –presidido por otra fémina (entre feministas anda el juego) una tal Victoria Camps –, asesora, al parecer, a la Generalitat sobre el tema de aborto. Por lo visto a la Geli le preocupaba que los facultativos alegasen objeción de conciencia para no practicarlos y con ello no se atendiesen todas las solicitudes de abortos que se presentaban en las clínicas privadas (costeadas o subvencionadas en un 22% por Salud). Le parecen insuficientes los plazos legales actuales y considera que las 22 semanas de límite para poder abortar los fetos con graves malformaciones son insuficientes. Sea por lo que fuere, en la laica y aparentemente insensible progresía catalana, los crímenes cometidos con seres humanos les parece poco, por lo que esta comisión, de tan rimbombante nombre, parece que va a proponer un documento para “orientar” a los políticos en el que se propone, a la Sanidad Pública, que asuma el aborto y que “no se precisen justificaciones” hasta las 14 semanas de gestación.

Así como lo oyen, ¡a lo bestia, como quien sacrifica un pollo! Pero no acaba aquí la parida, también proponen que, a partir de la semana 14 hasta la 22, sería legal el aborto justificado en “circunstancias económicas desfavorables” o lo que es lo mismo cuando a la madre le pasara por las narices; porque esta opción se podría estirar más que un acordeón dada la subjetividad que entraña esta apreciación. Y, como no se podría esperar otra cosa de este comité de matasanos ( nunca mejor calificados), sin límite de plazo en caso de peligro para la salud de la madre o malformación fetal; eso sí, en estos casos, pasada la semana 14, debería decidir un comité de expertos. A mi, que eso de los comités de expertos me da grima, se me ocurre preguntar si este comité también estará integrado por universitarios y miembros del Colegio de Médicos, como el organismo que ha hecho la propuesta. ¿Quiénes son estos señores para determinar con solvencia si la madre reúne los requisitos para que pueda acogerse al supuesto de “circunstancia económicas desfavorables? O, acaso, ¿usurparán a la Justicia sus funciones? Si se ha abolido la pena de muerte, si para condenar a un criminal hace falta un juicio previo en el que se le concede el derecho constitucional a defenderse, si se habla en todo el mundo de los derechos humanos, incluso para gentes tan despreciables como son los terroristas, ¿debemos entender que un feto de más de 22 semanas, perfectamente conformado, no tiene los mismos derechos que cualquier otro español?

Espero que se nombre una figura, semejante a la del Defensor del Pueblo, para que se constituya como parte en defensa de los derechos de la criatura, que permanece indefensa en el vientre de su madre o, lo que sea, porque no merece que se la llame con un nombre tan entrañable; esperando que el comité de verdugos dictamine si debe ser ajusticiado o no. ¿Qué se ha hecho de aquel Derecho Natural que impartía el catedrático Luño Peña en la universidad de Barcelona? Estamos dando un espectáculo verdaderamente bochornoso a nuestros hijos, que se ven inmersos en una cultura egoísta y sin principios, en la que “el todo vale “ y la comodidad, el vicio o el desprecio por la vida ajena se han enseñoreado de una sociedad insensible a todo lo que no sea divertirse, pasarlo bien, practicar el sexo y vegetar. Las bestias nos podrían dar ejemplo de cual debería ser el comportamiento de estas mujeres, que han renegado de su maternidad y que permiten que se practique en su cuerpo una atrocidad semejante.

Aquí cabría reflexionar sobre la parte de responsabilidad que se les podría exigir a todos estos ciudadanos que han otorgado su voto a partidos políticos que, en sus programas, llevaban recogidos proyectos que chocan frontalmente contra los sentimientos de la mayoría de las personas, que atentan contra la integridad de seres humanos y que constituyen una terrible atentado y una flagrante injusticia contra aquellos que, con todo el derecho del mundo, pudieran aspirar a vivir su vida como cualquier otra persona. La falta de lógica de aquellos empeñados en anteponer lo que creen que son sus derechos a los derechos de la especie a perpetuarse, no sólo constituye un crimen contra la humanidad, sino que demuestra el grado de bajeza moral que ha invadido, como una plaga, a una parte de la población que en ocasiones, cuando es fácil hacerlo, se muestra hipócritamente solidaria con los demás y, no obstante, no pone el grito en el cielo cuando se trata de asesinar a un inocente. Decía Fóscolo: “Los hombres no tienen más que dos frenos: la vergüenza y la horca”; vergüenza ya sabemos que nos les queda, la segunda opción es la que se merecen.

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