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Macrobotellón en Granada

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
jueves, 24 de abril de 2008, 00:09 h (CET)
El alcalde de Granada se asustó cuando hace poco se convocó, a través de Internet, un macrobotellón para festejar la primavera. Recurrió sin éxito a los tribunales y el aquelarre tuvo lugar congregándose en un espacio destinado a “botellódromo” el triple de personas de su aforo y teniendo que desplegar un importante dispositivo de seguridad.

Aunque el citado botellódromo, habilitado por el Ayuntamiento, cuenta con servicios y contenedores de residuos, cada fin de semana la cantidad de basura y vomitonas de los beodos dejan el lugar hecho una pena, aunque el servicio de limpieza se apresura a hacer desaparecer tan deplorable resultado antes de que empiece el día. Obviamente en este botellón gigante las botellas, bolsas y basura abandonadas fueron muchas más y las intoxicaciones etílicas también y el destrozo de mobiliario urbano importante.

El próximo tres de mayo se celebra en Granada el Día de la Cruz que, en su origen, era una fiesta agradable en que se levantaban cruces de flores en placetas y patios adornados con macetas, muebles y utensilios de los vecinos, alrededor de estas cruces se cantaba, se bailaba, se comía y se bebía en un ambiente familiar y amistoso. Después vinieron años en que peñas y asociaciones utilizaron la fiesta para montar barras y chiringuitos y comenzó la masificación, yendo el personal de barra en barra, bebiendo bastante gente hasta la borrachera, especialmente desde que mucha juventud ha encontrado en el botellón semanal una estúpida forma de ocupar el tiempo libre.

El año pasado el Ayuntamiento no autorizó la instalación de barras y la fiesta transcurrió en paz. Pero este año, aprovechando que el tres de mayo forma parte de un largo puente, se ha comenzado a convocar por Internet a los jóvenes de toda Andalucía a otro macrobotellón para esos días, que el Ayuntamiento va a intentar prohibir.

El problema del consumo de alcohol por los jóvenes y también por los adolescentes va en aumento, reivindicándose incluso como un derecho que no puede coartarse. Las medidas municipales han sido crear un recinto específico donde beber, el “botellódromo”, evitando en lo posible la ocupación y destrozo de plazas y jardines y las quejas de los vecinos y poner autobuses nocturnos, los “búhos”, para esta clientela noctámbula y beoda.

Hay quien propugna que, antes que prohibiciones, hay que buscar alternativas de ocio con los mismos jóvenes, pero la noche y el alcohol han generado una fuerte adicción que no resulta fácil de cambiar, sobre todo si no hay una acción conjunta de las familias, los centros educativos, incluida la universidad y las autoridades.

La venta de bebidas alcohólicas de fuerte graduación es libre y al alcance de todos. Su publicidad no ha sido prohibida, como el caso del tabaco. Solamente se ha hecho la campaña de tráfico: “si conduces no bebas”, lo que implícitamente lleva a pensar que, si no conduces, puedes beber lo que se te antoje.

Ofrecer pistas deportivas, bibliotecas o sesiones de cine y teatro no aleja del botellón a la mayoría de los que lo practican. Se necesita una educación en valores que por el momento no se imparte.

En cuanto a los adolescentes que beban en la calle, habría que responsabilizar a los padres que no ejercen el necesario deber de cuidado de sus hijos y que incluso le facilitan el dinero para la compra de las bebidas. El letrerito de prohibida la venta de bebidas alcohólicas a menores de 18 años da poco resultado. En las grandes superficies puede verse cada fin de semana como un mayor de dicha edad entra a comprar y luego recoge a escote el dinero de los más jóvenes. Pero la venta de alcohol se hace en muchos otros comercios, que no son de bebidas y que incluso permanecen abiertos toda la noche.

Los fabricantes de whisky, vodka, ginebra o ron están ganando mucho dinero con este consumo inmoderado. En nombre de la responsabilidad social corporativa, de la que ahora se habla, estas empresas tendrían que ser gravadas, en parte de sus beneficios, para solucionar los problemas que están creando con sus rentables productos.

Este problema de los botellones y macrobotellones merece una seria reflexión y una toma de posturas y decisiones que impliquen a toda la sociedad y no solo a los Ayuntamientos, preocupados por evitar quejas de los vecinos, recoger basura y reponer mobiliario urbano destrozado.

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