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Anastasia

Javier Esparza

viernes, 31 de diciembre de 2004, 05:10 h (CET)
La Primera ha tenido a bien sorprendernos con una iniciativa original: colocar en su sobremesa un culebr n ruso. Hasta hace algunos aos, el culebr n era monopolio caribeo, trufado de alguna brillante incursi n brasilea como aquella 'Dona Beija' de grato recuerdo. Despu s, la produccin espa ola apost por el g nero y super con creces los logros de sus predecesores ultramarinos. Y ahora nos llega algo ins lito: un culebrn pasado por la estepa y las doradas c pulas de la Rusia eterna.

Se llama 'Anastasia' y usted lo puede ver todos los das a las cuatro de la tarde. Su punto de partida narrativo es una situaci n clsica en el relato sentimental: he ah a la joven y bella protagonista, enamorada de otro joven, pero a su vez deseada por un tercero en discordia. Para darle ms calor, concurre la circunstancia de que la protagonista es una criada; el joven, un apuesto militar, y el tercero, un rico y desp tico vejestorio. Todo lo cual se complica, a su vez, al aadir las querellas pasionales de los numerosos personajes secundarios. Hasta aqu , la historia de 'Anastasia' es tpica hasta decir basta, pero eso, trat ndose de un culebrn, no computa como defecto.

Para enriquecer la puesta en escena, la acci n se traslada a la Rusia de mediados del siglo XIX, con sus nobles casas palaciegas, sus explotados campesinos y sus garridos oficiales del Ejrcito imperial. Ah es donde entra la ambicin del productor, que en el caso de 'Anastasia' es notable: formato cinematogr fico, lujoso vestuario, muchos personajes, puesta en escena de lujo y fantasa. El reparto no desentona: los int rpretes son visiblemente eficaces y muy bien enseados. L stima que esa probidad no se haya contagiado a aspectos importantes: el complemento de las actuaciones musicales, orquestadas segn los peores patrones de la pachanga contempor nea; tambin la iluminaci n de los decorados, con un no s qu de discoteca hortera para nuevos ricos. Estos defectos cargan a 'Anastasia' con un lastre excesivo. Con todo, no es mal culebrn.

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