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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Cuarenta mayos ya

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 21 de abril de 2008, 01:53 h (CET)
Dentro de pocos días se cumplirán cuarenta años de la revuelta estudiantil francesa que hizo correr ríos y ríos de tinta y de la que se habló en todo los noticieros mundiales mientras aquí, donde todavía reinaba a sus anchas aquel general bajito de atiplada voz, nos enterábamos en voz baja y por las emisiones de Radio París y de La Pirenaica de algunas de las cosas que estaban pasando en las orillas del Sena. Hoy cuarenta años después ni la imaginación está en el poder en parte alguna mientras se sigue prohibiendo contraviniendo aquel eslogan de prohibido prohibir, debajo de los adoquines no está la playa y en la actualidad la mayoría de los antiguos marxistas lo siguen siendo pero en la tendencia Groucho mientras los que fueron libros de cabecera de toda una generación firmados por Jean Paul Sartre, Herbert Marcuse o Nicolas Poulantzas duermen polvorientos el sueño del olvido junto al Libro Rojo de Mao y el Diario del Che Guevara.

Aquel mayo comenzó en Abril. El 22 de Abril se reunieron en Asamblea en la Universidad de Nanterre más de 1.500 universitarios para coordinar las protestas por la detención un mes antes de seis miembros del Comité Nacional de Vietnam. Eran tiempos aquellos en los que la guerra en aquella parte del continente asiático movilizaba a las masas estudiantiles lo mismo que la luchas contra la discriminación racial en los USA donde Martin Luther King sería asesinado pocos días antes de la Asamblea de Nanterre. El ambiente estaba caldeado y el terreno abonado para que cualquier chispa prendiera la mecha de la protesta. Los ocho organizadores de aquella Asamblea fueron detenidos por los gendarmes y ese fue el disparo de salida para aquella revolución estudiantil, a la que más tarde se unieron los obreros, pero que tan sólo duró unas semanas y terminó con una convocatoria electoral en la que el poder del General Charles De Gaulle saldría totalmente reforzado por el voto del miedo y las gentes de orden de Francia.

Aquí la dictadura todavía era fuerte y el miedo intenso, los disidentes terminaban en la cárcel después de ser torturados en las comisarías por los temidos miembros de la Brigada Político Social y la prensa se publicaba con mordaza incluida. Tan sólo algunas revistas como Triunfo o Cuadernos para el Dialogo se atrevían a desafiar a los temidos censores del Ministerio de Información que armados de lápiz rojo hacían y deshacían a su antojo amparándose en la legislación dictada por el viejo general. Pero a pesar de todas estas sordinas los ecos parisinos también llegaron a España y si en Paris las universidades eran tomadas por los estudiantes mientras en el Arco de Triunfo la bandera tricolor era sustituida por la rojinegra del anarquismo en las universidades españolas la olla de la protesta comenzaba a bullir. Recuerdo que en Valencia una mañana aparecieron totalmente llenos de “pintadas” reivindicativas los viejos muros de la Universidad de la calle de La Nave. Luís Vives desde su pedestal del centro del claustro se miraba con extrañeza todo aquel alboroto mientras los “grises”, la Policía Armada del franquismo, tomaba posiciones por si se producía alguna algarada. Raimon actuaba en la Universidad de Madrid y ya no lo volvería a poder hacer hasta pasada la muerte de Franco, de aquel recital nacería la canción “18 de Maig a la Villa”.

Pero todo aquello pasó, las calles parisinas se quedaron sin adoquines para lanzarlos contra los gendarmes y debajo de ellos no apareció playa alguna, el Partido Comunista Francés y su sindicato, la CGT, dejaron solos a los estudiantes cuando vieron el cariz revolucionario y extremista que tomaba la revuelta y aunque más de dos tercios de los trabajadores franceses secundaron una huelga general las aguas volvieron a su cauce y De Gaulle volvió a la Presidencia francesa con más fuerza que nunca. También el llamado eurocomunismo nació por aquellos días, como el diario “Liberation” fundado por Jean Paul Sartre, y meses después los tanques rusos entraban en Praga terminando con las esperanzas de apertura política de los habitantes de aquel país. Aquí todavía nos quedaban más de siete años de sufrir la pesada bota de la opresión franquista.

El peligro ahora, durante la celebración de este cuarenta aniversario, es que la mayoría de contertulios que llenan los programas de radio y televisión y que igual sirven para un roto que para un descosido se apunten al carro del “yo estuve allí”. Y allí españoles hubieron pocos, la mayoría fueron los que habían tenido que dejar España por motivos laborales y que generalmente no se mezclaban en estas algaradas reivindicativas, algunos exiliados políticos que vivieron con envidia todos aquellos hechos y algún que otro “revolucionario de ida y vuelta” que, seguramente, hoy milita en las filas de la derecha. Así que nadie les engañe, los que hoy andan por debajo de los cincuenta y cinco años de edad en aquel Mayo todavía andaban con pantalón corto leyendo las andanzas de Mortadelo y Filemón y nunca levantaron un adoquín en las calles parisinas.

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