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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Percepciones artísticas

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 21 de abril de 2008, 01:53 h (CET)
En esto del arte, las exageraciones nos arrastran por trayectos inverosímiles. Algunos fermentos intoxicadores del hecho artístico, ejercieron a través de la historia un papel de DISTORSIÓN; manipularon las mejores esencias expresivas de los creadores. Las ideologías, las políticas y el egoísmo, como otros muchos tóxicos, son desventurados protagonistas en estos comportamientos; vistos en el pasado y ocupando todas las pantallas hoy en día. Con el añadido de tasas, concesiones y precios; de montajes empresariales, de movidas turísticas, se completan estos vericuetos de la distorsión.

Hasta casi nos convencen de que todo es arte y cultura, prescindiendo de las cualidades excelentes o de las mejores esencias. A pesar de esos velamientos, de esas tergiversaciones, algo palpita por debajo, o por arriba, ¡Vayan Vds. a saber! Algo que quizá no hubiéramos descubierto nunca sin las aportaciones de los verdaderos artistas. Los intereses de otra índole podrán imponer su fuerza, cosechando riquezas o acercándose al poder. Pero, el SALTO de CALIDAD necesario exige una libertad más radical. Esas vibraciones que entronquen el mundo natural, dándole un sentido, con las mejores ambiciones estéticas, no están al alcance de cualquiera. ¡No podemos dejarnos engañar por aquellos arrastreros intoxicadores! Lo intentarán a diario, de eso no les quepa ninguna duda. De ahí, la importancia de cuidar el huerto donde dispongamos de los mejores representantes. El buen arte no es excluyente ni sectario; sus aportaciones se suman al acervo común, se abren con las mejores perspectivas. Iluminan los horizontes adecuados a la condición humana.

En ocasiones es suficiente un simple grabado para detectar la distancia desde aquellas maquinaciones citadas hasta una excelente expresión artística. Escojo para este menester, el dibujo “Redención” de Eduardo CHILLIDA; resulta esquemático y sencillo, pero intenso a la vez, tanto como uno lo profundice. De una parte, el fondo blanco sin ningún rasgo; evita cualquier tipo de aditamento social o de grupos interesados. De manera directa nos plantea una de las simbologías más señera de la Humanidad; la cruz, en sí misma, ya nos aboca a las dificultades, tan propias y adheridas a cada persona. La cruz más alejada, refleja una elección de aislamiento, que la vuelve más tétrica, sola, inmersa en un ambiente frío. La mera unión de los brazos en las otras dos cruces, les confiere otro tono de calidez, sea de solidaridad, sea de un sufrimiento compartido. La cruz central muestra unos trazos inacabados, como de una tarea en ejecución, incompleta, presta a la continuación de sus avatares; bien multiplicando los brazos de apoyo, o dándole otra conformación a la base. Invita, en suma, a un contraste de vivencias. Desde el frío ambiental, pasando por la lealtad del compañerismo, alcanzando a las creencias de luces más fuertes. Eso, los expresa, sin apretujones ni desdenes; lo ofrece a la libertad personal.

Vamos a otro ejemplo, a la luz de una relectura breve. CALDERÓN de la BARCA, en “La vida es sueño”, inicia la obra con estos versos en boca de Rosaura, “¿Dónde rayo sin llama, / pájaro sin matiz, pez sin escama, / y bruto sin instinto / natural, al confuso laberinto / desas desnudas peñas / te desbocas, te arrastras y despeñas?” Es toda una declaración inscrita en esos primeros versos, destaca ese dramático contraste, las dificultades rocosas de la vida, con sus intrincados caminos; afrontadas por una bruticie de apagadas cualidades, que no atiende a matices y circunstancias vitales. ¡El gran interrogante existencial! Aquí no bastarán las ensoñaciones, tampoco las teorías serán suficientes, permanece arrogante la pregunta, ¿Cómo actuaremos ante las tremendas dificultades y contrasentidos? No es precisa detallar cada llama, ni los matices; sin embargo, queda clarísimo como uno mismo conseguirá despedazarse por las bravas; se impone el clamor por unos derroteros más humanos. Hoy, se vocifera con lo políticamente correcto, se argumenta con números; quedando muy apagada la llama artística. Ahora, los autores incómodos se silencian. El clamor del verdadero arte buscaría un encuentro con el alivio para el “delito de haber nacido”.

Si dirijimos la mirada a EL CAMINANTE, la estatua vitoriana de Juan José Eguizábal; nos topamos con el emblema ciudadano de una actitud constante, el simple hecho de caminar, con sus múltiples implicaciones. Comencemos con esos trazos desgarbados, por la delgadez de su figura, como una buena consecuencia de sus pasos y fatigas; una especie de declaración contra la obesidad. Aúna en su aspecto, la actitud esforzada de su actividad con la decisión de su porte, se adivina la tenacidad subyacente. Aunque traten de disfrazarle de esto o aquello en cada carnaval, o en otras celebraciones; esto no pasa de algaradas, tratando de forzar la imagen del caminante. Los cuatro metros de estatura se imbuyen del sentido propio de alguien que se traslada de lugar. Nos ofrece una disposición opuesta al quietismo. Su aire un tanto quijotesco, también contribuye a generar esa expectativa aventurera, precisa para gran parte de las empresas vitales. Buena semilla para el contacto con los demás, la apertura de miras y la convivencia. Si a este caminante sin trabas, nos empeñamos en colgarle cadenas partidarias, o ponerle obstáculos, las pérdidas constituirán una desgracia.

A través de este peregrinaje en busca del arte, se ponen de manifiesto dos corrientes, de elaboración y de percepción, de ofrecimiento y recepción del mensaje. Por suerte, se trata de unas cualidades de las que nadie puede apropiarse; podrán agenciarse los objetos –cuadros, manuscritos-, pero no es lo mismo su esencia artística, liberada e inasible. Los grandes consignatarios están obsoletos. Un simple AMULETO representará un fetiche anodino e intrascendente; o portará una carga expresiva determinada. ¿Cómo será captado por los observadores? ¿Quién será capaz de medir los valores? Evidentemente, puede ser un vehículo de gran riqueza cualitativa, con capacidad para la generación de estímulos insospechados. Su significado también variará según los momentos de su uso, inútil o imprescindible al pairo de los grupos sociales. La palabra amuleto no es despreciativa. Los valores van mezclados detrás de otros lenguajes.

El ACONTECIMIENTO de la obra de arte, parte de la magia de sus autores, para su liberación posterior, con unos avatares autónomos. Cuando proliferan mercadeos, tergiversaciones o autobombos fatuos, la falsificación de valores dificulta las cosas. También en este campo vendría bien una pasada por el filtro de la deconstrucción derridiana. Algo así como ir desprendiendo las costras que se fueron adhiriendo a la realidad del hecho artístico…y que no lo son.

Una sana ambición radica en la búsqueda de lo más genuino para las personas, aquello que no se compra ni se vende. Los montajes económicos o turísticos serán un entramado aparte. ¿Mediremos el arte por las inversiones públicas poco transparentes, desfalcos, subastas? Algo me dice que no va por ahí el acontecimiento. Las ganancias de los profesionales del arte son necesarias; los abusos, no. La calidad y las esencias no deben ser manipuladas.

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