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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

La voz del pueblo

José María Moncarsi de Alvear
Redacción
lunes, 21 de abril de 2008, 01:53 h (CET)
Mi mirada sigue el rastro de la antorcha que hoy se halla confinada en el estadio de Jinnah de la capital paquistaní, Islamabad. La siguiente escala. Nueva Delhi. La llama sigue encendida y ardiendo. Así debe de ser.

Me pregunto si el Tibet hace bien en buscar apoyos internacionales para su causa o no. La lucha budista contra la opresión no es nueva. La religión en esas tierras actúa como aglutinante en caso de necesidad. Lo vemos ahora en el Tibet. Un país organizado desde el siglo XVII como una especie de teocracia feudal dirigida por un dalái lama. El más importante de los abades. A partir de 1950, los invasores chinos iniciaron una campaña de uniformización cultural y de erradicación de la influencia religiosa en el país. Religión y cultura son las banderas de los monjes tras las que se ha unido todo el pueblo tibetano contra el único invasor, China.

Se han escrito cientos de opiniones sobre si la comunidad internacional debe de tomar represalias y boicotear los juegos olímpicos a celebrar en Pekín. Sin embargo, poco por no decir nada se ha escrito sobre la opinión de los chinos acerca de la represión de sus autoridades a los tibetanos. ¿Qué piensan sus ciudadanos? ¿Están de acuerdo con la presión internacional que se está ejerciendo sobre un evento que sus autoridades están organizando? El asunto es que no se sabe.

El panel de expertos internacionales nos informa a diario que los ciudadanos chinos quieren que su gobierno aplique medidas enérgicas contra los del Tibet. Es el aparentemente pensamiento único o uniforme de los chinos que quieren trasladar a la opinión pública internacional. Es un asunto, no cabe duda, que concierne sólo a los chinos que andan muy esperanzados con que las Olimpiadas traigan una nueva era a China. También es bueno que los líderes mundiales hagan caso omiso a las presiones y asistan a la ceremonia de apertura de dichos juegos.

Bueno, quizás sea así. Pero desde que mucha de la política al respecto se ha diseñado sobre la base de la óptica de los chinos, sería muy interesante preguntarnos: ¿Cómo sabemos lo qué piensan? Y es que realmente es difícil medir el sentimiento general en relación a que según que tópicos. Véase. Su opinión sobre la represión de China a los tibetanos. Si se piensa fríamente se verá que en este tipo de sociedades, dónde expresar las ideas es motivo de encarcelamiento, sus gentes no tienen necesidad de expresar sus opiniones.

Pienso, dicho esto, que existe en China mucha mayor libertad que en aquellos días de Mao Zedong. E incluso en las conversaciones privadas los chinos se ven libres en expresar sus ideas que difieren de las del partido. El comunista, claro. Pero éste, que mantiene su parcela de poder – o monopolio – deja claro que ciertas opiniones no pueden ser aireadas a la esfera de lo público. Y lo demuestra dando órdenes a sus agentes de seguridad de pasar sus días y noches monitorizando correos electrónicos e Internet, bloqueando blogs y webs que cuestionan la ortodoxia del partido. Y es que el partido comunista es el único ente que pretender convertirse en la conciencia de sus ciudadanos.

Me pregunto si nosotros estamos tan seguros sobre los sentimientos de los chinos porqué no preguntarles directamente a ellos. ¿Qué piensan ustedes de todo esto?

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José María Moncarsi de Alvear es consultor de comunicación.

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