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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Dos breves apuntes de una historia (amo)rosa

Ángel Sáez
Ángel Sáez
domingo, 20 de abril de 2008, 05:53 h (CET)
Usted, desocupado lector, ya conoce, quiero decir que tiene noticia, por uno o varios cauces, de alguno de mis hábitos. Entre ellos, sin ninguna hesitación, se halla y descuella el de dejar cada noche (antes de irme a la cama, donde, recostado sobre la doblada almohada, suelo estar entre diez y treinta minutos leyendo –durante las últimas noches, mis manos sostienen “Los peces de la amargura”, de Fernando Aramburu-), encima de la mesa de mi escritorio, un folio en blanco, por si a Ezequiel, mi ángel profético, le da por traspasar las paredes, el suelo o el techo de mi casa, dejarse atrapar por mi péñola prodigiosa y urdirme, con su proverbial letra menuda, (parte de) alguna historia amable o (amo)rosa.

Esta mañana, dividida en dos partes (una llevaba la firma de Florentina Baldamero y otra la del menda), me he echado a los ojos lo que Ezequiel había dejado escrito en el susodicho folio, la siguiente urdidura (o “urdiblanda”):

“Félix, no creo que todo lo que estoy haciendo para conseguir que llegue el mes de agosto y podamos estar juntos en Roma, sin que nadie ni nada se interponga en nuestros caminos, vuelos y planes, te parezca una nadería o bagatela. Ya tengo los pasajes. Ahora sólo me queda persuadir a mi hermana Maribel para que nos acompañe. Me he tenido que mojar varias veces el culo (con perdón) para pescar el pez gordo, que me concedieran la primera quincena de agosto de vacaciones. Que la vida que hemos soñado al alimón se convierta en una realidad dependerá más de ti que de mí. ¿Por qué? Porque yo sé que, seas como seas, cojo, manco o tuerto y aun las tres cosas, te amo; pero yo tengo miedo a no ser de tu agrado y trato de luchar contra ese fantasma, procurando convencerme de que la diferencia de edad no es un inconveniente insalvable, que los quince años que te llevo no son un impedimento definitivo. ¿No predican la letra de un tango de Gardel y hasta el título de una novela y de una película que “veinte años no es nada”? Yo voy a sufrir más que tú, Félix, si lo nuestro no cuaja; pero me arriesgo, porque tú eres el calor, el color y la luz de mis días desde que me animé a reconocer lo evidente, que te amo; que lo más lindo que me pasó últimamente fue encontrarte. Quien te ama, sin ninguna duda, Tina”.

“Tina, mi vida (cuando escribo “mi vida”, lo hago conscientemente, porque tú eres la razón de mi existencia), te agradezco (y le agradeceré a Dios cada uno de los días que nos permita vivir juntos) todo lo que estás haciendo para que el encuentro, tan anhelado por ambos, en la Ciudad Eterna, no se malogre; para que sea un suceso importantísimo en nuestras biografías, el que desencadenará nuestra vida en pareja. Eres, de largo, la mejor mujer. Sólo tú has procurado, procuras y procurarás mi bien, que es el tuyo, en todo momento y lugar. Haré todo lo posible para estar a tu altura ética y estética. Nuestra vida en común depende y dependerá de los dos. Yo sé que tú eres de mi agrado, pero muy de mi agrado. Me enamoré de ti paulatinamente; primero, de tu voz (aunque más correcto y verdadero sería urdir que me enamoré de lo que interpreté que decía tu voz); luego, de tus letras (había escrito tetas; en qué estaría pensando; ¡si aún no he tenido la dicha de vértelas!) y, al fin, hasta de tu fotografía peor, en la que saliste escasamente agraciada. En nuestro caso, la diferencia de edad no importa, porque no es un dato significativo ni relevante para ninguno de los dos. No quiero dejar de comentarte que me ha encantado leer hoy tus palabras, preciosas. Para mí también fue como un milagro dar contigo, con mi media naranja, con mi alma gemela. Te agradecerá eviternamente haber sido el destinatario exclusivo de una de las mejores epístolas que jamás escribió una mujer hecha y derecha a su amado quien te adora, admira y ama, tu Félix”.

Florentina Baldamero y Félix Unamuno

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