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Feria del Teatro. Feria sin fiestas

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 20 de abril de 2008, 05:53 h (CET)
Que las ferias arrancan de la Edad Media ya es algo conocido. Por poco que se lea sobre la feria o ferias de cada uno de nuestros pueblos o ciudades, se sabe que la mayoría de estas tienen en esa época medieval su origen; se sabe también que las primeras ferias se asocian a la venta de ganado en todas sus especies y que de ahí arrancan las ferias taurinas, aún en boga.

Actualmente, la palabra feria se relaciona más con la instalación de atracciones para niños y grandes, con motivo de las fiestas patronales, aunque no pierde su carácter de mercadeo, pues en ellas abundan los puestos variados que nos recuerdan que en un principio tuvo su origen en la venta de artículos varios.

Pero hay otra ferias de las que ahora se habla, son muy específicas de un determinado público, tal vez copadas al gran público, que de cuando en cuando nos ofrecen sus artículos de venta. Y aunque en estos lugares, que no siempre suelen estar a las afueras, vendan artículos muy distintos, todos se llaman ferias.

Las ferias nos invaden y nos ofrecen sus artículos con la misma fuerza que la televisión nos lanza sus anuncios frenéticos, anuncios que nos hacen despertar del aletargamiento de la aburrida aunque chillona y violenta programación televisiva.

No hay duda de que no es lo mismo ir a una feria a comprar un libro o un algodón dulce caramelizado, un juguete o un burro, una buena remesa de vinos o un alimento transformado y tratado con métodos artesanos, una maquina retroexcavadora o una obra de teatro. Sí, una obra de teatro.

Me gustaría ver el rostro de algún autor del Siglo de Oro viendo cómo se vende su última creación teatral en una feria moderna como he tenido ocasión de apreciar recientemente en Puertollano. Que comprobaran las viejas y pioneras glorias cómo se vende en una región como Castilla-La Mancha el teatro. Supongo que se asombrarían de que sus obras se asomen a la crítica de unos pocos privilegiados, diría yo, para llegar después a ser disfrutadas por el gran público.

En la última Feria del Teatro de Castilla-La Mancha que ya ha cumplido sus añitos de feria sin fiestas, ha habido de todo eso. En algunos momentos, es posible que al ver tantos escaparates teatrales en tan pocos días distorsione la visión crítica del programador que busca encontrar y contratar lo mejor que haya encontrado para su ciudad o pueblo. Todo se ve con una visión distinta a la visión que puede tener un espectador medio, y es que debe ser espectador de la obra no sólo con sus dos ojos, sino con los ojos del público variado y variopinto a quien representa. Y como las ferias se hacen cada vez más especializadas, no es lo mismo una feria de teatro que una muestra, en la primera el objetivo, al igual que en una feria de vinos, alimentos, juguetes o libros, el verdadero fin es venderlos, es vender arte y cultura, al fin y a la postre, todo es vendible y comprable y tiene un precio.

No voy a dar nombres de espectáculos o títulos de obras, no es el objetivo de este escrito, sólo decir que después de muchos años viendo teatro, es el primer año que acudo a poder comprarlo. Son las específicas ferias sin fiestas, sin fiestas o con ellas, porque puede convertirse en una fiesta, profesional por supuesto, la asistencia a una Feria como ésta.

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