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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Hemos perdido el norte, señor Rajoy?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 20 de abril de 2008, 05:53 h (CET)
Los hombres nos alimentamos de pequeñas vanidades, de algún acierto que pueda compensar en algo nuestras equivocaciones. Así, cuando hoy he leído en la prensa las declaraciones del señor Cascos sobre la situación del PP no he podido menos que sentirme satisfecho al comprobar que, una personalidad del relieve del antiguo ministro de Fomento del PP, no han hecho más que refrendar algo que publiqué en uno de mis artículos. En todo caso, es evidente que si, el señor Rajoy, sigue por la senda que se ha marcado puede que, en unos pocos meses se encuentre con una partido cuarteado y con algunos cientos de miles de votantes menos.

Ya es hora de que se escuchen las cada vez más numerosos voces de miembros importantes de la formación y, en especial, de los ciudadanos de base que, en número creciente, se sienten perplejos ante este “suicidio” político al que parecen prestarse los actuales gestores de la formación dirigida por el señor Rajoy. Parece imposible que un señor de la inteligencia del presidente del PP se deje arrastrar por las opiniones de un señor Elorriaga, que le ha hecho perder dos veces las elecciones, y por esta rama de acomodaticios dirigentes partidarios de la línea “blanda”; ante un PSOE crecido por el resultado de los comicios que, sin duda, se estará frotando las manos al ver el desconcierto y los codazos que se están produciendo en la cúpula del partido de la oposición.

Es preciso que se revitalice el próximo congreso, que se le libre de trabas reglamentarias más propias de un sistema autoritario que de una formación en la que debe imperar la democracia en todas sus facetas. Olvídense de exigencias respecto al número de compromisarios ¿lo son realmente?, ¿han sido escogidos con la aquiescencia de sus representados? o fueron designados por unos pocos que se atribuyeron tal facultad. Es evidente que el PP necesita oxígeno, librarse de estas rémoras que actúan de quinta columna y que sólo se representan a sí mismos, que se han propuesto hacerle el caldo gordo al señor Zapatero y, de paso, traicionar los valores que siempre ha sustentado el partido de Fraga. Es evidente que, como muy bien dice el señor Cascos, el señor Rajoy se ha tirado la piscina amparándose en personas que le son más afines en lugar de buscar el apoyo de sujetos de reconocida solvencia, de más peso y mejor preparados a los que ha sacrificado sin que se sepa por qué motivo.

No se pueden perder opciones válidas, ni se puede reprimir el debate ideológico sólo porque a algunos de los “capitostes” les tiemblen las piernas ante posibles críticas a sus posiciones. El contraste de pareceres es siempre necesario y yo diría que obligatorio, para que las bases se vean plenamente representadas y sepan que sus opiniones no quedan marginadas en las discusiones del Congreso de Valencia. Lo que está ocurriendo con Esperanza Aguirre no es más que una muestra de monolitismo ideológico que se quiere implantar en el partido, con la particularidad de que, en este caso, la que está sosteniendo los valores y las ideas que siempre han caracterizado al PP enfrente de las propuestas arribistas y cambiantes de los socialistas; ha sido sin duda ella.

La deriva que se le quiere dar al PP, esta postura de templanza ante las ideas disgregadoras, igualitarias, ateas e intervencionistas del PSOE, a lo único que pude aspirar es a convertir al partido en un aliado útil del señor Zapatero, que así habrá logrado lo que ha andado buscando: una oposición dócil, maleable y cómplice que le ayude en sus planes frente populistas y le apoye en su labor de convertir a nuestra nación en una república de repúblicas. Es evidente que este camino “sorayesco” sólo puede llevar a lo que parece que les agrada a los “socialdemócratas”, como los califica la señora Aguirre, que prefieren seguir instalados en sus cómodas posiciones presidiendo sus respectivas “baronías” a la espera de una ocasión que les permita aspirar al poder. No cabe ninguna duda de que, entre los simpatizantes de a pie del PP, hay una mayoría que no están dispuestos a que, el señor Rajoy, nos conduzca al matadero para ver como se sacrifica nuestro concepto sobre España; sobre la verdadera igualdad entre todos los españoles; sobre el modelo de Estado; sobre la enseñanza; sobre la moral y la ética; sobre el mantenimiento de los preceptos constitucionales; sobre una Justicia apolítica; en fin, sobre este conjunto de valores que nos ha permitido mantenernos unidos contra esta izquierda marrullera, carente de otro proyecto político que no sea su obsesión en destruir a sus adversarios de la derecha, para ayudar a que se instale el caos del que, naturalmente, esperan sacar provecho para conseguir acabar con España.

Si piensan algunos que “matando al mensajero”, sacrificando a la presidenta de la Comunidad de Madrid y lanzándola por la roca Tarpeya de la conveniencia política de algunos traidores, van a conseguir ganar las próximas elecciones, van servidos. El Congreso de Valencia no puede ser, simplemente, un espectáculo de cara a la galería donde se escenifique la restauración del señor Rajoy, para que salga elegido de nuevo candidato en “olor de multitudes”. Si no se da pie a la discusión sobre los valores básicos, si no se permite la confrontación entre las distintas tendencias, si se agostan los intentos de defender las ideas y proposiciones, libremente, para imponer un pensamiento único, es que se está violando la misma esencia democrática del PP y se está incurriendo en el mismo totalitarismo que está practicando el partido del gobierno, el PSOE. Si se persiste en “sostenello y no enmendallo” me temo que la derrota del PP en 2012 está garantizada y, lo que es peor, con ello el fin de las esperanzas de recuperar algún día aquella España con la que muchos soñamos. La España de la unidad, de las libertades, de la moral y la ética, la prosperidad, la seguridad y de la justicia. Propondría como colofón, que todos enviásemos al PP de Madrid correos de apoyo a la señora Esperanza Aguirre, para demostrar que las bases también tenemos algo que decir y que queremos ser escuchados.

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