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Etiquetas:   Artículo opinión  

Nunca digas de esta agua no beberé

Wifredo Espina
Wifredo Espina
@wifredoespina
sábado, 19 de abril de 2008, 15:40 h (CET)
Zapatero dijo: “del agua del Ebro no beberé”, y ahora se la tragará a caudales. Más de cinco millones de catalanes, del área barcelonesa, están seriamente amenazados de padecer sed en unos meses y hay que traer agua de donde sea. La questión no es que haya decidido resolver este problema urgente con agua del Ebro. La questión está en que, como le ha ocurrido tantas veces, ahora tiene que hacer lo contrario de lo que prometió.

Esta es la peor cara del presidente Zapatero. Le ha pasado durante toda la legislatura anterior y ya empieza esta con la misma tónica. Se equivocó con el llamado “proceso de paz”, se precipitó retirando sin guardar formas ni compromisos mínimos con la retirada de tropas de Irak, y fue imprudente con el explosivo tema de los estatutos de autonomía.

Y en relación al tema del agua, cometió el error de cargarse de plano, sin matizaciones, el Plan Hidrológico Nacional, que incluía el trasvase del Ebro y un importante plan de regadios para Aragón. Ahora, la pertinaz sequía, además de hacerle beber el agua del Ebro le hace tragar el sapo de tener que resucitar parte de aquel Plan Hidrológico aznariano. Por más que se quiera disimular con eufemismos semánticos.

Lo peor es que la torpeza de no querer reconocerlo ya ha abierto la guerra territorial del agua. Y la misma torpeza ha cometido el Govern de Cataluña, cuyos miembros del tripartito que lo componen, también se habían juramentado, por motivos electoralistas, en no tocar “ni una gota” del agua de aquel rio. Y ahora la necesidad les lleva también a contradecirse, bajo artimañas vergonzantes.

Sin embargo, todo era más sencillo. Sólo hacía falta hablar claro y decir la verdad. No empeñarse en ocultar su error a la gente. Era tan sencillo como decir, sin tapujos y con un poco de humildad, esto: Más de cinco millones de ciudadanos están en trance de padecer sed casi inminente; esta situación puntual de emergencia obliga a una solución humanitaria urgente que pasa por trasvasar una parte del agua del Ebro, lo cual nos lleva a reconsiderar, excepcional y puntualmente, nuestra filosofía antitrasvases.

¿Qué ciudadano y qué territorio no habría entendido esto? ¿Qué político se habría atrevido a negerse a dar su apoyo? Pero, claro, si en lugar de ser claros, humildes y decir la verdad, se quiere camuflar con mentiras, engaños o juegos de palabras, todo se politiza. Y la confrontación está asegurada.

En política, señores Zapatero y Montilla, como en la vida, nunca se puede decir: “de esta agua no beberé”.

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