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Opinión
Etiquetas:   Buñuelos de viento  

¿Quiere usted vivir en la calle Chiki-chiki?

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
miércoles, 16 de abril de 2008, 01:09 h (CET)
A guasones no hay quien nos gane. Españoles quizá sea sinónimo de cachondos. Resulta que el concejal la Chunta Aragonesista de Illueca ha propuesto que a la Calle General Franco (¿Pero todavía quedan estos sitios?) se la llame a partir de ahora Calle de Chiki-chiki. Para concejal no sé si valdrá el individuo, pero para ganar un concurso de chistes desde luego sí que vale. Y mucho. Hay que tener sentido del humor y ninguno del ridículo para proponer algo así.

Menos mal que el alcalde parece tener todavía suficiente sensatez para no partirse de risa delante del concejalillo y/o darle una taba detrás de la oreja al concejal. El hombre, en un rasgo de cordura, lo achaca todo a la juventud del tal Rubén Redondo, que es así como se llama el original proponente. Hay que ser…. Todavía recuerdo que en un pueblo que yo me sé se pretendió cambiar el nombre de una calle franquista por el de “Calle del Hoyo Tirirí”, en alguna absurda alusión al pasado escatológico del lugar.

Pretender que Rodolfo Chikilicuatre sea alguien digno de otorgar su nombre a una calle es llamarnos tontos a todos los ciudadanos, no sólo a los del lugar. Que una calle, un edifico o unos jardines lleven el nombre de alguien es un reconocimiento a relevantes méritos personales, un honor que la lógica del comportamiento humano debe reservar a quienes hayan destacado por importantes motivos, a quienes hayan contribuido a la mejora de la vida de los que le rodean, digamos un científico, un escritor, un político (con muchas reservas y sólo demócrata de verdad, eh) o alguien cuya valía le haga superior al resto de los mortales.

Incluir al grotesco intérprete sólo significa que quien lo pretende es como él de grotesco, digno ejemplar de la España más negra. Bastante delito de lesa seriedad es que la cultura media de los españoles considere oportuno ser representados en Eurovisión por ese individuo (hay que ver en qué se ha convertido esta cosa) como para encima dedicarle una calle.

Sería levantar un monumento a nuestras limitaciones culturales.

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