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La igualdad entra en cartera

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
miércoles, 16 de abril de 2008, 01:09 h (CET)
No pocos aún piensan que la igualdad es un amor imposible. Que no hay poder humano capaz de hacer valer este valor superior que propugnan todos los gobiernos democráticos mediante su ley de leyes. Fue Montesquieu quien dijo además que la democracia debe guardarse de dos excesos: el espíritu de desigualdad, que la conduce a la aristocracia, y el espíritu de igualdad extrema, que la conduce al despotismo. Siglos después también advirtió la dama de hierro inglesa, Margaret Thatcher, que en cuanto se concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él. También hay otra idea aristotélica donde se reafirma que el único estado estable es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley. Ha sido, pues, la igualdad un término declamado, leído, asimilado según modos y maneras, representado en todos los teatros del mundo a lo largo y ancho de la historia. Ahora se nos vende la igualdad como distintivo de un gobierno socialista y entra en cartera ministerial. El reelegido presidente, José Luís Rodríguez Zapatero, aparte de incorporar más mujeres que hombres en su nuevo gabinete, quiere asociar el equilibrio, la equidad, la ponderación, el ajuste, la igualación como llave de su manera de gobernar. La intención nos parece buena y la aplaudimos. Quizás haya motivos para creer. Ya veremos.

Lo cierto es que el Ministerio de igualdad se pone en camino, con toda la carga de trabajo ancestral que ello supone. Por desgracia, abundan situaciones en las que la mujer malvive en relación con el hombre, sino jurídicamente, en condiciones de inferioridad. Esto es un hecho tan real como la vida misma. Por cierto, la nueva cartera ministerial, donde todo está por hacer y para hacerlo ha puesto el presidente del gobierno a la ministra más joven de la democracia, una andaluza en plena forma, con cara angelical y mirada cautivadora, vocacional de la política y criada en las Juventudes Socialistas, bien podría comenzar por hacer que madure por doquier punto cardinal una cultura de la igualdad constructiva e instructiva y extenderla a todos los ciudadanos. Ganaríamos todos en convivencia. Me sumo a ese horizonte, que propugna el programa que la ha elevado a ministra, de una mayor libertad e igualdad, y el de una mayor tolerancia para asegurar el respeto a las libres decisiones de cada cual. Una igualdad que ha de ir implícita al reconocimiento de la diferencia singular y a una pluralizada libertad.

Que entre en cartera la igualdad es para mí una esperanzadora noticia. La gran noticia. La que ha de de potenciar una igualdad en la diversidad. Las crónicas nos dicen que la capitana del nuevo ministerio de igualdad, tiene tras de sí el aval de haber llevado a buen puerto brillantes labores que ha emprendido desde la política. Desde luego este ministerio es para emprendedoras y emprendedores. La hoja de ruta trazada por la Ley Orgánica de Igualdad Efectiva entre mujeres y hombres, puede ser todo lo que se diga, una ley moderna y avanzada, pero si después es incapaz de frenar usos y prácticas de discriminación como puede ser la edad fértil o no de la mujer, el origen racial o étnico, la orientación sexual, las convicciones religiosas, la discapacidad, tiene bien poco sentido haberlo legislado. Hay que poner la ley en práctica, cueste lo que cueste, caiga quien caiga. En suma, que la igualdad hay que hacerla presencia y presente. Pienso que si a la joven ministra, Bibiana Aído, no le es ajeno como dicen el trabajo relacionado con los asuntos sociales y la igualdad, hará lo posible y hasta lo imposible, porque su ministerio no sea un añadido más. Para servidor es el más importante de los Ministerios. Como acertadamente ha dicho: no podemos permitir que nacer hombre o mujer condicione nuestro destino. Buen propósito. Lo ratifico.

La justicia para la mujer como para el hombre, que han de trabajar en complementariedad, requiere que se eliminen todas las formas de explotación, generalmente avivadas por estilo de vida de las clases ricas. Es un acto de justicia requerir igualdad de retribución y de oportunidades para progresar, luchar contra la mayor de las desigualdades que es la extrema pobreza que cohabita en la marginalidad, impartir una educación no discriminatoria, que rompa los actuales estereotipos de género. Si hay que reconocer en el ámbito profesional y educativo la figura del agente de igualdad e incluirla en el catálogo de profesiones, como reza en el programa electoral socialista que le ha llevado a ganar las elecciones últimas, hagámoslo más allá del reconocimiento legal. Confiamos en que la habilidad femenina de Bibiana rompa los cuernos definitivos del renombrado macho ibérico.

Tenemos todas las normas habidas y por haber, no hacen falta más para que la igualdad suba a los altares del diario de la vida, sólo hay que poner empeño en hacerlo de verdad. Únicamente a golpe de decretos no se puede transformar la sociedad. A veces la solución a los problemas de género, no es la discriminación injusta, ni el enfrentamiento hombre-mujer, ni su total autonomía, sino el entendimiento, el respeto, la cooperación, la mutua ayuda y máxime cuando se sabe que existe una base biológica en la que subyace la idea de dos tipos de cerebros humanos. Otra razón más para que la paridad tome vida como cultura y no como decreto. La contra igualdad es también caminar contra natura. Y se camina contra natura cuando no se reconoce y acepta la diversidad natural. Hombre o mujer se es y no sólo se construye socialmente, y por tanto una legislación justa tiene que cuidar mucho en no apoyarse en concepciones antropológicas falsas. En suma, como puede suponer el lector, estoy contento de que la igualdad al fin haya entrado en cartera ministerial, bajos los aires de la juventud femenina, puesto que la savia joven injerta mejor en el árbol de la vida. Veremos si un servicio de Estado como es la justicia cultiva el ser iguales, si el nuevo motor de la sociedad cuenta con los dos cerebros humanos (mujer-hombre), si la igualdad llega a los discapacitados, si la ciudadanía entiende el injerto ministerial de igualdad de trato y no discriminación, si las oportunidades las pintan de igual a igual, si a los excluidos les llega una pizca de igualdad, si el trabajo definitivamente se oferta en igualdad, si los pacientes del Sistema de Salud son todos iguales, si se reducen los desequilibrios sociales para que la igualdad florezca entre el conjunto de los ciudadanos. Quedan todos los ministerios, quedamos todos… en las manos de Bibiana, superministra de Igualdad. ¿Un sueño o una realidad?

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